Pink Floyd

WATERS VERSUS GILMOUR: LA GUERRA INTERMINABLE DE PINK FLOYD

En un mundo polarizado, la pugna entre ambos no es solo un capítulo del rock, sino también un reflejo de cómo el arte y la política pueden convertirse en campos de batalla imposibles de conciliar.

Ciudad de México, 12 de agosto (MaremotoM).- Pink Floyd es mi banda favorita. El primer disco que me compré fue Wish You Were Here, hace muchos años. Ya de adulta, he visto como esos seres que se amaban Roger Waters y David Gilmour, que fueron amigos durante 20 años, se distanciaban para siempre.

Entre la música, el ego y la política, ellos hicieron canciones y música juntos, sin embargo, hoy se detestan. Mirando el documental de Mary McCartney, Abbey Road: Si las paredes cantasen, se data la grabación de El lado oscuro de la luna, uno de los discos más importantes del mundo, en cualquier época, que se haya grabado. Ve cómo Roger y David, en una postal, uno al lado del otro, destilan mucho amor por el otro. ¿Qué pasó?

Por décadas, Pink Floyd fue sinónimo de experimentación sonora, letras profundas y puestas en escena memorables. Detrás de esa obra monumental siempre existió una tensión latente entre sus dos figuras más influyentes: Roger Waters, el arquitecto conceptual y letrista principal de los años dorados y David Gilmour, el guitarrista y vocalista que dio al grupo su inconfundible sonido melódico.

Roger Waters
Vamos como esos niños de The Wall a una picadora de carne y vamos contentos. Foto: Cortesía

Lo que comenzó como un enfrentamiento creativo en los años 70 terminó por convertirse en un abismo personal, alimentado en los últimos años por diferencias políticas irreconciliables.

CÓMO EMPEZÓ EL DISTANCIAMIENTO

La ruptura formal de Pink Floyd comenzó a gestarse a finales de los 70. Waters asumió un control cada vez más férreo en el estudio, especialmente en discos como The Wall (1979) y The Final Cut (1983), donde Gilmour sentía que el resto de la banda quedaba reducido a meros ejecutantes. Las discusiones sobre la dirección artística se volvieron insoportables y en 1985 Waters abandonó la banda, convencido de que Pink Floyd sin él no podía seguir. Gilmour, apoyado por el baterista Nick Mason y posteriormente por Richard Wright, demostró lo contrario con A Momentary Lapse of Reason (1987) y The Division Bell (1994), que mantuvieron vivo el nombre y llenaron estadios.

A lo largo de los años, se han reunido ocasionalmente —la más recordada en el Live 8 de 2005— pero cada intento de acercamiento ha sido breve y tenso.

David Gilmour
David Gilmour y su hija. Foto: Cortesía Facebook

DEL ESTUDIO AL ACTIVISMO: EL CHOQUE IDEOLÓGICO

Si la música fue el motivo inicial del desencuentro, la política se encargó de cavar la trinchera definitiva.

Roger Waters se ha declarado abiertamente de izquierda, crítico feroz de la OTAN, de Estados Unidos y de las políticas israelíes hacia Palestina. Sus giras recientes, como This Is Not a Drill, han estado marcadas por mensajes visuales y verbales contra la guerra, el capitalismo salvaje y el apartheid. Ha defendido la causa palestina en foros internacionales y ha instado a boicotear a Israel en el marco del movimiento BDS.

David Gilmour, en cambio, se ha alineado más con posiciones cercanas al stablishment occidental. En redes sociales y entrevistas ha defendido las posturas predominantes de los medios sobre el conflicto en Ucrania y sobre Israel. Su esposa, la escritora y letrista Polly Samson, ha sido una voz particularmente combativa contra Waters, llamándolo públicamente “antisemita, apologista de Putin y misógino”, en un ataque que recibió eco mediático y que Gilmour respaldó sin matices.

El resultado ha sido una ruptura personal absoluta. Waters acusa a Gilmour y Samson de difamarlo por razones ideológicas, mientras que Gilmour considera que las posiciones políticas de Waters han cruzado líneas inaceptables.

EL LEGADO MUSICAL DE DOS GENIOS

Más allá de la disputa, ambos han dejado huellas imborrables:

Roger Waters fue el principal cerebro creativo de álbumes como The Dark Side of the Moon, Wish You Were Here y The Wall, donde combinó narrativa, denuncia social y experimentación sonora. Sus giras como solista siguen atrayendo multitudes y manteniendo vivo el espíritu contestatario de su etapa en Pink Floyd.

David Gilmour aportó algunas de las guitarras más icónicas de la historia del rock, con solos como el de “Comfortably Numb” y “Time”. Condujo la banda en la era post-Waters, consolidando su perfil como vocalista y compositor y ha desarrollado una carrera solista con discos elogiados como On an Island (2006) y Rattle That Lock (2015).

A estas alturas, las posibilidades de reconciliación son casi nulas. Las heridas creativas nunca cicatrizaron y el enfrentamiento político ha añadido un elemento personal que parece irreversible. Pink Floyd, como banda, quedó congelada en su historia, pero la discusión sobre si fue más grande la pluma de Waters o la guitarra de Gilmour sigue dividiendo a los fans.

En un mundo polarizado, la pugna entre ambos no es solo un capítulo del rock, sino también un reflejo de cómo el arte y la política pueden convertirse en campos de batalla imposibles de conciliar.

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