En la era del miedo y el cálculo, Zohran Mamdani representa algo que la política había olvidado: la convicción. Quizás por eso, su voz —nacida entre los ecos del Bronx y las ruinas de Gaza— suena hoy como una de las más humanas del siglo XXI.
Ciudad de México, 18 de octubre (MaremotoM).- No todo lo que viene de Estados Unidos es Donald Trump. Desde la mismísima ciudad de Nueva York, la llamada Ciudad del Centro, emerge una figura política que rompe moldes y desafía narrativas. Se llama Zohran Mamdani, tiene 33 años, es hijo de la cineasta Mira Nair y del académico Mahmood Mamdani y se ha convertido en una de las voces más potentes y controvertidas del progresismo norteamericano.
En un país donde la palabra socialismo sigue siendo anatema, Mamdani —de ascendencia india y ugandesa, musulmán, militante del Democratic Socialists of America— ha construido su carrera sobre una convicción simple: “La ciudad de Nueva York debe servir a quienes la hacen posible, no a quienes la compran”, ha dicho en sus actos de campaña.
Nació en Kampala, Uganda, en 1991, pero su historia pertenece al Bronx, a Queens, a esas calles donde la desigualdad no se discute en libros sino en los recibos del alquiler. Su madre filmaba en Bollywood y su padre escribía sobre colonialismo, pero Zohran eligió el terreno áspero de la política local, donde los sueños se negocian en asambleas vecinales y las palabras pesan como promesas.
Antes de llegar a la política, trabajó como asesor de vivienda, ayudando a familias a evitar desalojos. “Entendí que el desahucio es una forma de violencia económica y que mi trabajo no debía ser solo contenerla, sino cambiar el sistema que la produce”, ha dicho.
En 2021 ganó un escaño en la Asamblea Estatal de Nueva York y desde entonces su nombre no ha dejado de aparecer en titulares: primero por su propuesta de transporte público gratuito, luego por su defensa radical de la vivienda digna y más recientemente, por algo mucho más profundo: su denuncia del genocidio en Gaza.
En un país donde el apoyo a Israel es casi una política de Estado, Mamdani se atrevió a pronunciar lo que muchos callan. En octubre de 2024 escribió en sus redes: “Siempre seré claro con mi lenguaje y con los hechos: Israel está cometiendo un genocidio.”
Desde entonces, su figura divide aguas: amado por jóvenes activistas, odiado por los sectores conservadores y señalado por buena parte de la prensa tradicional. Él no retrocede. “No es un acto de coraje, es un acto de coherencia”, respondió a Fox News cuando le preguntaron si temía perder votos. “La verdad no necesita cálculo electoral.”
En los últimos meses ha pedido que Nueva York reconozca la orden de arresto de la Corte Penal Internacional contra Benjamin Netanyahu, si el Primer Ministro israelí llega a poner un pie en la ciudad. “El derecho internacional debe aplicarse a todos, incluso a quienes Estados Unidos llama aliados”, afirmó.
Su candidatura a la alcaldía de Nueva York en 2025 es la expresión política de una nueva generación: diversa, educada, anticapitalista y sin miedo a hablar de justicia racial, ambiental o internacional. En su plataforma promete aumentar los impuestos a los millonarios, construir 200 000 viviendas sociales y declarar el transporte público como un derecho humano.

“Quiero una ciudad donde no haya multimillonarios y donde nadie duerma en la calle. Ambas cosas no pueden coexistir”, ha dicho.
Los medios conservadores lo llaman “el AOC masculino”, en referencia a Alexandria Ocasio-Cortez, pero Mamdani evita el espectáculo. Su discurso es sobrio, casi académico y su carisma no nace del grito sino de la convicción. Su lema de campaña: “From the ground up” (Desde abajo).
Su postura sobre Palestina le ha valido ataques feroces. En los debates televisivos, algunos periodistas lo han presionado para que condene a Hamás, pero él responde con precisión quirúrgica: “Condeno cualquier asesinato de civiles, pero no renunciaré a llamar genocidio al exterminio de un pueblo”.
El precio ha sido alto: amenazas en redes, campañas de difamación y una tensión constante con los poderosos grupos de presión proisraelíes en la ciudad. Sin embargo, Mamdani parece moverse con una serenidad que incomoda. “Crecí sabiendo que el silencio es complicidad”, ha dicho.
Entre el Bronx y Gaza
Zohran Mamdani no es un político más. Es una figura que encarna las contradicciones de nuestro tiempo: un musulmán en la capital financiera del mundo, un socialista en la metrópoli del capitalismo, un activista que habla de Gaza desde Queens, un hombre que sueña con un Nueva York donde “la dignidad no dependa del código postal”.
Sus críticos lo acusan de ingenuo. Sus seguidores lo llaman valiente, pero él insiste en un punto: “No estoy aquí para ser popular. Estoy aquí para decir que otra ciudad —y otro mundo— son posibles.”
En la era del miedo y el cálculo, Zohran Mamdani representa algo que la política había olvidado: la convicción. Quizás por eso, su voz —nacida entre los ecos del Bronx y las ruinas de Gaza— suena hoy como una de las más humanas del siglo XXI.











