Me parecía importante tomar una postura… No se puede ser imparcial cuando hay un claro culpable y hay unas claras víctimas por todas las pruebas. No quise plantear las cosas como las han hecho algunos creadores de contenidos, incluso TV Azteca en un documental breve. No era plantear esta versión y la otra, como si tuvieran igual calidad, como si tuvieran igual credibilidad, no. Revisar las pruebas y ver qué versiones tenían sustento y qué versiones no. Quise darle al lector los elementos para que pudiera juzgar con conocimiento de causa.
Ciudad de México, 31 de diciembre (MaremotoM).- Tras huir y ser capturado, Santoy admitió haber agredido a su exnovia Érika y asesinado a los hermanos de ella, Érik y María Fernanda, solo unos niños, además de secuestrar a Catalina, la empleada doméstica de la familia. Menos de un mes después, Santoy acusó a Érika de ser la asesina de los niños. Su segundo relato fue ampliamente aceptado y produjo otras versiones que acabaron por enturbiar la verdad de forma perdurable. Es precisamente cuando aparece el periodista y escritor Javier Munguía, para hacer una exploración definitiva que muestre que el verdadero asesino es Santoy. El libro se llama El caso Cumbres (Aguilar), donde el autor reexamina los hechos bajo otra óptica y se enfrenta a un escenario inquietante: una sociedad que da la espalda a las víctimas y se convierte en uno más de sus verdugos.
Javier Munguía (Hermosillo, 1983) ha publicado los libros Gentario, Mascarada y Modales de mi piel, así como reseñas y artículos en Confabulario, Letras Libres, Nexos, Crítica, Replicante y otros medios. Coeditó Las cartas del Boom, la correspondencia cruzada entre Cortázar, Fuentes, García Márquez y Vargas Llosa. Se licenció en Literaturas Hispánicas en la Universidad de Sonora, donde también estudió una maestría en Literatura Hispanoamericana.
–Este caso es increíble aun cuando se tratara como ficción, ¿verdad?
–Sí, empecé este proyecto como una novela, porque me interesó desde que ocurrió en 2006. En ese momento no había sido distorsionada la historia todavía y lo que me interesaba era como explorar el mal, a través de la ficción en un personaje similar. Después, como dices tú, esta distorsión inverosímil que la sociedad se la creyó, me fue llevando a la idea de que ameritaba ser contada a través de la no ficción. Es una historia truculenta, increíble, sin pruebas y ahora se asume como si fuera la verdad.

–Tu equilibro en la narración, no te impide tomar una postura
–Me parecía importante tomar una postura… No se puede ser imparcial cuando hay un claro culpable y hay unas claras víctimas por todas las pruebas. No quise plantear las cosas como las han hecho algunos creadores de contenidos, incluso TV Azteca en un documental breve. No era plantear esta versión y la otra, como si tuvieran igual calidad, como si tuvieran igual credibilidad, no. Revisar las pruebas y ver qué versiones tenían sustento y qué versiones no. Quise darle al lector los elementos para que pudiera juzgar con conocimiento de causa.
–El caso Cumbres no aparece como el libro definitivo sobre el caso, pero me parece que da precisamente algunas versiones definitivas
–Sí, trato de recoger las versiones que se han dado y el proceso mediante el cual se fue cambiando la versión, no. Porque al principio era todo muy claro, como te digo, era un culpable que lo reconoció, que las víctimas lo señalaban, que el amigo lo señalaba, que el papá lo aceptó, que el hermano lo aceptó y de repente se le da un giro de thriller. Al público lo que le interesaba era una historia más atractiva, donde hubiera sexo, traición, una hermana que odia a sus hermanitos y esa versión se la creyeron y la vendieron como si fuera cierta y hasta la fecha es la que predomina, porque no había habido ningún intento de contrarrestarla, ni ningún intento de mostrar la verdad con base en lo documentado.
–También tú haces avances de cómo está la justicia mexicana…
–Sí, esa impunidad y esos casos que conocemos nos hacen sospechar de todos los casos. Es un problema que también afecta a los casos bien juzgados como este, que ha sido juzgado tres veces, hay tres sentencias condenatorias, hay todas las pruebas que coinciden. Entonces esa corrupción de la justicia afecta a otros casos donde sí se juzgó bien y la gente no los cree porque hace esa falacia de la generalización apresurada que dice, en México la justicia no funciona, por tanto, ningún caso ha sido bien juzgado. En realidad hay casos que sí han sido bien juzgados y no se creen simplemente porque ya vemos a la justicia con sospecha.

–¿Por qué se te dio explorar este caso?
–Desde que ocurrió conecté mucho con él. Me impactó desde el principio tal vez por la muerte de los niños, porque casi matan a una jovencita. Entonces me impactó desde el principio, incluso desde antes de que se cambiara la versión. Me parecía muy atractiva esa historia y aparte necesaria contarla, de cómo la sociedad es cruel, es frívola. Somos así como sociedad y juzgamos con mucha ligereza y eso incide también en otros ámbitos, en la política, en todo, ni se digan las cuestiones del espectáculo. Somos a veces tan frívolos, tan ligeros, que llegamos a juzgar un caso criminal tan serio como este, como si fuera una telenovela, que no lo es. En un thriller, en una telenovela podemos juzgar a los personajes y no lastimamos a nadie, pero en este caso había unas víctimas sobrevivientes de por medio, tanto la víctima directa como las víctimas indirectas. Sí me parecía muy importante contarlo y cada vez sentía más conexión, a veces creía que nunca lo iba a poder terminar y concretar, pero afortunadamente a 18 años de los crímenes pudo aparecer este libro y la verdad que estoy muy contento de poder contarle a los lectores lo que pasó y que ellos puedan sacar conclusiones con las pruebas
–¿Cómo lo escribiste, como escritor, como periodista, como investigador?
–Yo no soy periodista, soy escritor, pero obviamente el libro participa de lo periodístico porque estoy contando una historia real que implicó una investigación larga, entonces sí me sentí muy diferente a mis libros anteriores que eran ficciones, que tenía toda la libertad de crear lo que quisiera. Tuve que hacer una investigación hemerográfica bastante amplia, leer y releer las notas, conectarlas, leer documentos judiciales que son bastante pesados a veces porque son muy repetitivos, son tan minuciosos que tienen que demostrar la existencia de los niños a los que mató Santoy. Tuve que hacer ese trabajo de investigación y también obviamente tuve que ver contenido que hubiera querido nunca ver, que es todo lo que se ha hecho después con el caso, todos los videos que se le han dedicado, los tweets, incluso todo el material para mostrar cómo se manejó la historia después y cómo nadie ayudó a discernir esa distorsión, sino que todos contribuyeron a fortalecerla. Fue un proceso amplio, a veces frustrante, porque me daban ganas de ponerme a discutir en la red sobre el caso, pero no iba a tener sentido, porque no se llega a nada en esas discusiones. Preferí esperar y tener una historia completa. Estarán los conspiranoicos que nunca van a creer lo que ocurrió, pero al menos hay una fuente para que las personas que de buena fe quieran conocer la historia, ahí está para ellos.
–¿Te inspiraste en Una novela criminal, de Jorge Volpi?
Durante la investigación me metí a fondo en el true crime, leí Una novela criminal, de Volpi, pero me fui desde Operación Masacre, que es una obra maestra de Rodolfo Walsh a Sangre Fría, de Truman Capote, la Canción del verdugo, de Norman Mailer.
–¿Leíste a Emmanuel Carrere?
–Sí, El adversario es genial. Me metí muy a fondo para saber qué se había hecho en el género para conocerlo bien y vi también muchos documentales. En el caso de El adversario, Emmanuel Carrere no le tiene que demostrar a nadie que su protagonista no mató a su familia, todos lo saben; en mi caso tenía que demostrarle al lector que Santoy sí es el culpable.
–¿Harás otro libro en esa misma línea, Javier?
–No lo sé, tengo un proyecto en mente, voy a ver si se concreta otro caso, también mexicano. Ahora estoy trabajando en una novela.











