Alejandro Rosas

Alejandro Rosas vuelve a su gusto por la historia de México

Son 16 años, Mónica y en estos momentos donde todo está tan crispado, quiero volver otra vez a la historia. Ya no quiero escribir ni cosas de México bizarro ni nada de eso ahora. Quiero volverme a empapar de la historia. En Planeta publiqué hace año y medio el de la cabeza de Joaquín Murrieta, este justiciero. No tienes ni idea cómo disfruté de escribir de 1848 y no del México actual. Estoy trabajando el cadáver de Maximiliano, para lograr paz mental.

Ciudad de México, 3 de diciembre (MaremotoM).- Mientras el mundo se conmocionaba por el hundimiento del Titanic, en México se gestaba un movimiento que cambiaría la historia del país para siempre. Desde los lujosos salones del trasatlántico más famoso de la historia hasta los campos de batalla de México, este libro nos lleva en un viaje emocionante a través de los eventos que sacudieron al mundo en la primera mitad del siglo XX, de la mano de la historia familiar de los Aguirre Benavides.

Con una narrativa apasionante y un meticuloso trabajo de investigación, Alejandro Rosas, que está viviendo un momento que en este “estado de crispación” es obligatorio, es decir, volver a sus grandes cuentos, nos ofrece una visión única de cómo la historia de México, marcada por luchas, traiciones y nuevas esperanzas, se entrelaza con los acontecimientos más grandes de la historia mundial.

-La historia del Titanic y la Revolución Mexicana, ¿cómo es eso?

-Soy de la idea de que hay veces que las historias te encuentran. Estoy hablando del 99, cuando estaba haciendo una investigación para las obras completas de Madero, que luego publicamos en la editorial Clío.  Fui a Parras, de donde era originaria toda la familia Madero y ahí me recibió un señor llamado Eugenio Aguirre, que era descendiente de otra familia importante de Parras, emparentada con los Madero, los Aguirre Benavides. Obviamente fui a hablar de la familia Aguirre Benavides como revolucionarios de Madero y cuando ya me iba, vino este señor, Eugenio Aguirre que me dice, oye, ven a ver una cosa, a ver si te interesa. Entonces me muestra una carta de navegación. Me cuenta que su padre, Gustavo Aguirre Benavides, tenía 15 años cuando fue enviado a Europa para estudiar energía eléctrica y regresar a Parras a poner la luz. “Mi papá se embarca a Roma en abril de 1912 en un vapor que se llama el Frankfurt, que es uno de los 10 o 12 barcos que reciben la llamada de auxilio del Titanic el día de la tragedia. Entonces el capitán decide cambiar el rumbo para llegar al lugar de la tragedia, a ver si puede ayudar todavía, llegan 10 horas después, ya había pasado todo, no pudo ni siquiera recuperar cadáveres porque pues no tenían ni hielo ni refrigeradores”. Todo esto lo ve Gustavo, este chavito de 15 años y escribe cartas desde el barco a sus papás, diciéndole lo que está viendo. Al final del trayecto, el capitán le regala la carta de navegación que conservó la familia, esa es la carta que a mí me enseña. Entonces pasó el tiempo, publiqué un artículo sobre el tema al Reforma y ya era feliz. Me propusieron luego escribir un libro, pero pensé que la historia te daba para un buen artículo y ya. Años después me dicen, oye, ¿por qué no escribes un libro? Y dije, híjole, no sé si dé para eso. Regresé a Parras, Eugenio Aguirre ya había fallecido, pero me encuentro a su hija y me cuenta que su tía vive en la Ciudad de México. La fui a ver y le pregunté si no tenía cartas de la familia y me saca una caja con 300 misivas. Ahí está el tesoro. Por un lado, están las cartas del chavito, del más pequeño de los Aguirre Benavides, pero están las de sus hermanos y uno de sus hermanos, Eugenio, era uno de los generales de la División del Norte, de la Brigada Zaragoza. Toda la riqueza de las cartas me sirvieron para construir esta historia. Hay un mexicano que fallece, que muere en el naufragio, Manuel Urchurtu se llama, es el único que iba y nunca recuperaron el cadáver. Pero el testigo de las cartas se vuelve un testigo presencial e incidental, porque estuvo ahí en el lugar de la tragedia. Entonces, por un lado reconstruyo la historia del Titanic y a la vez voy contando la historia de Gustavo. También cuento la historia de la familia Aguirre Benavides metida en la Revolución. Parece una novela, pero es una crónica familiar.

-Publicas en Fondo Blanco esta historia que podría cualquier editorial mucho más grande comprarte

-Esta es la segunda vuelta de este libro, que parece ficción, pero no lo es. El libro lo publiqué en el 2008 por Grijalbo y no le fue bien en aquella época. Recuperé los derechos desde hace años y mi amiga Lizette me preguntó si tenía algo y así es como publicamos otra vez la historia del Titanic y la Revolución Mexicana. Le está yendo muy bien en Fondo Blanco.

-Tú eres muy conocido, Alejandro Rosas

-Son 16 años, Mónica y en estos momentos donde todo está tan crispado, quiero volver otra vez a la historia. Ya no quiero escribir ni cosas de México bizarro ni nada de eso ahora. Quiero volverme a empapar de la historia. En Planeta publiqué hace año y medio el de la cabeza de Joaquín Murrieta, este justiciero. No tienes ni idea cómo disfruté de escribir de 1848 y no del México actual. Estoy trabajando el cadáver de Maximiliano, para lograr paz mental.

Alejandro Rosas
Sigue habiendo muchos odiadores en todos lados. Foto: MaremotoM

-Mientras me ibas contando lo del Titanic, pensaba en esa cosa que tienes de escritor, tu instinto de creador

-Obviamente no hago ficción o nada, pero sí me permito licencias. Digo: Gustavo caminó con tristeza porque extrañaba a su mamá. ¿Por qué sé que caminaba con tristeza? Porque lo pone en una carta. Obviamente no sé si ese día caminaba con tristeza, pero de ahí todo lo demás está demostrable. Ahora, creo que a los historiadores académicos de hoy necesitan tomar talleres literarios.

-¿Cómo trabajas con las cartas?

-La información que me sirve, me la quedo. Hago la investigación y pongo, por ejemplo, las características del papá, de acuerdo a las cartas y luego lo que creo que es muy importante, pues lo cito como carta. Lo dejo íntegro, porque me gusta también que se oiga la voz de los protagonistas. Y lo demás lo voy juntando, para tratar de hacer mis conjeturas de cómo pudo haber sido y de ahí hago una interpretación histórica.

Alejandro Rosas
El libro, editado por Fondo Blanco. Foto: Cortesía

-¿Por qué dices que México está tan crispado?

-Sigue habiendo muchos odiadores en todos lados. Sobre todo cuando estás en redes sociales. Necesitamos serenarnos y al menos mi aportación a esa serenidad es volver a contar historias de antes. No todo tiene que ser político, no todo tiene que estar al borde del abismo, hay historias de la vida cotidiana que son maravillosas.

-¿Qué piensas de la oposición?

-Es la peor oposición que hemos tenido en los últimos 50 años. La oposición ha desaparecido, no hay nadie que la aglutine. Los que la formaban, muchos ya saltaron a Morena, otros están ahí con los restos. Tiene que haber una opción y le deseo toda la suerte a Claudia Sheinbaum, para que se vaya deslindando de estos tres que me parecen nefastones: Monreal, Augusto y Noroña. Ojalá pronto agarre bien los controles de la presidencia.

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