En Clavería, frente al parque, hay un lugar donde el pan tiene madre, las salsas no conocen conservadores y el chocolate se tuesta desde el grano. Se llama Artesanos y es el proyecto que Daniel Marroquín Aguilar comenzó hace cinco años con un sueño simple: cocinar con honestidad, buenos ingredientes y mucho corazón.
Ciudad de México, 20 de agosto (MaremotoM).- “Para mí, artesano significa hacer todo desde cero, desde la mermelada hasta el cacao tostado. La única excepción es el queso y la mantequilla, pero todo lo demás nace aquí”, explica el chef Daniel Marroquín Aguilar.
Artesanos comenzó como repostería y panadería en un pequeño local, hasta convertirse en un espacio que reúne desayunos, panes franceses laminados, postres cambiantes y una carta salada en constante evolución. Su filosofía es clara: comida honesta, sin atajos, pensada para reconfortar.
“Yo diría que nuestra cocina es para enriquecer el alma. No me interesa vender mucho, sino que la gente se lleve algo rico, algo memorable”, asegura Aguilar.
Lo memorable está a la mesa. Desde las focaccias mediterráneas con burrata, jitomate fresco, pesto, oliva y espinaca hasta las sagradas pizzas, que son ya un referente del lugar. La llamada Pizza Artesanos es bestial: salsa pomodoro, mozzarella, queso de cabra, pera, higo y jamón serrano. Una combinación que resume la esencia del sitio: frescura, riesgo y cariño.
El pollo cordon bleu, bañado en salsa pomodoro, confirma la ambición de Aguilar: transformar lo clásico en un poema de sabor.

EL DULCE QUE NUNCA FALTA
Si algo distingue a Artesanos son sus postres. Con rotación constante, la repostería mantiene a los clientes atentos a la novedad, aunque hay clásicos imposibles de quitar, como el flan parisino o el cheesecake, que regresó por demanda popular.
“Hay productos que no podemos sacar porque la gente los pide. La carta se mueve mucho, pero siempre buscamos sorprender”, dice el chef.
El futuro está en marcha. Para marzo, Artesanos se transformará en Bistró Eva, un espacio más amplio y con un concepto gourmet que buscará consolidarse como punto de referencia en el poniente de la Ciudad de México.

“No quiero que sea un cambio de corazón, sino de formato. La calidad seguirá siendo la misma, pero Eva nos permitirá crecer en lo salado, en la experiencia bistró que ya nos pide la gente”, adelanta Aguilar.
En una zona donde la oferta gastronómica aún va despertando, Artesanos ya ocupa un sitio especial. Es un restaurante que se vive como hogar: cálido, familiar y honesto. Un lugar donde la tradición se mezcla con la innovación y donde cada plato, desde una focaccia hasta una pizza con higo, está pensado para recordar que el buen comer empieza por los ingredientes.
En Clavería, Artesanos no es solo un restaurante: es una declaración de principios.



















