Bef

BEF REGRESA A SU PRIMER AMOR: UNA SAGA DE CIENCIA FICCIÓN, VASTA, HUMANA Y RADICALMENTE MEXICANA

Con El llanto del aire (Océano), Bernardo Fernández, Bef, abre “La saga de los mecanoides”: tres novelas ambientadas en el planeta Cuicatlán, un desierto remoto del futuro donde la aventura especulativa se cruza con crítica social, humor negro y una pregunta persistente: qué nos hace humanos.

Ciudad de México, 22 de octubre (MaremotoM).— Bef nunca “se fue” de la ciencia ficción. “Empecé escribiendo cuentos del género; fue mi primer amor”, recuerda. Lo que cambió fue la puerta por la que entró al mundo editorial: tras años de toques a ciegas con sus dos primeras novelas —Gel azul y El estruendo del silencio, publicadas primero en España y con Gel azul ganando el Ignotus 2007 a mejor novela corta—, el golpe de suerte llegó por la vía policiaca: Tiempo de alacranes obtuvo en 2005 el Premio Vuelta de Tuerca y lo instaló en catálogo. “Aquello me abrió un camino que hoy ya casi no abren los premios”, admite.

Dos décadas después decide volver “descaradamente” al espacio profundo. El llanto del aire (Océano) inaugura una trilogía concebida como una sola historia de mil páginas dividida en tres volúmenes —“quiero que cada libro funcione por sí mismo, aunque al reunirse armen un mural más amplio”— y ocurre en un futuro dominado por corporaciones, con colonias humanas desperdigadas en mundos de calidad desigual. “Imaginé un reparto asimétrico: los países ricos se quedan con los mejores planetas y los pobres con el ‘cascajo galáctico’”, explica.

A una expedición del sur de México le toca Cuicatlán, un orbe árido, aparentemente vacío, donde el viento sopla como un lamento perpetuo. El nombre no es casual: es el pueblo de su abuelo oaxaqueño y un guiño a la Reserva de la Biosfera Tehuacán–Cuicatlán.

El protagonista del primer libro, el doctor Ulises Armada, ex-biólogo, llega a ese desierto para hallar lo que “no debía existir”. La serie, insiste Bef, se sostiene sobre personajes antes que sobre artilugios: “Nunca me interesó la ciencia ficción que dedica páginas a explicar el motor de la nave. Me importa cómo esa nave afecta la vida de la gente”. Por eso reivindica una línea que va de Mary Shelley a Ursula K. Le Guin y de China Miéville a Paolo Bacigalupi: especulación potente con centro emocional.

BEF
Editó Océano. Foto: Cortesía

“Quise un desarrollo complejo de personajes”, dice. “El término ‘ciencia ficción’ espanta a lectores no especializados. Estuve tentado a esconderlo detrás de ‘distopía’. No lo hice: renegar de mis orígenes habría sido un disparate. Prefiero invitar a quienes no suelen leer el género; escribo para lectores inteligentes”.

La saga también preserva un pulso identitario: los protagonistas son oaxaqueños, hay ecos de lengua y paisaje y un contraplano marciano llamado Ciudad Esperanza —la primera base humana en Marte— que irá cobrando relevancia en los siguientes tomos. “En el cine casi todos los planetas tienen nombres anglosajones. ¿Por qué no un Cuicatlán?”, lanza.

Bef planeó el proyecto con su agente, que primero lo llamó “locura”. El entusiasmo editorial terminó por darle luz verde. El segundo volumen ya tiene un manuscrito avanzado; el tercero está trazado. “No quiero que pasen años entre uno y otro.”

Bef
Bef planeó el proyecto con su agente, que primero lo llamó “locura”. El entusiasmo editorial terminó por darle luz verde. Foto: Cortesía

Mientras tanto, el autor que reparte sus días entre la narrativa, la novela gráfica y la docencia se permite una broma con moraleja. Evoca a Isaac Asimov, quien contaba que en la escuela había ganado medalla de plata en Matemáticas y Química. “Yo no soy medalla de oro como ciertos colegas —dice—, soy medalla de bronce en dos disciplinas: escribir y dibujar. Y eso me hace feliz.” Luego añade con admiración: “Pienso, por ejemplo, en Alberto Chimal como un autor de medalla de oro y en José Luis Pescador como un dibujante de medalla de oro. Yo me siento un medallista de bronce en ambas y eso me parece un privilegio.”

Sobre posibles adaptaciones audiovisuales, baja la expectativa: “Llegar a pantalla es el postre. Si ocurre, magnífico; no pienso esperarlo de pie”.

El llanto del aire abre una puerta grande: un universo mestizo, lleno de polvo y de preguntas, donde el futuro se escribe con acentos del sur y el viento canta en otra lengua. Bef vuelve a casa en el género que lo formó, más ambicioso, más sensible y más suyo que nunca.

Comments are closed.