¿Cómo pude haber leído primero a Marguerite Yourcenar y después a Rosario Castellanos? Siempre lo he sentido como una deuda, porque leerla antes, en un momento en el que estaba comenzando, mi andadura como escritora hubiera sido quizá tener menos temores. Saber que alguien ya había transitado por este camino, que alguien ya había dudado como dudó ella, que alguien ya se había atormentado como ella se atormentó.
Ciudad de México, 2 de junio (MaremotoM).- Socorro Venegas, la gran editora, ha producido un cambio notable en el canon de la literatura mexicana y lo demuestra con esta insistencia sobre Rosario Castellanos, una escritora ya aclamada, ya puesta en un pedestal inamovible, pero hete aquí que para la lectura de las nuevas generaciones, para hacerla vívida entre los estudiantes de la UNAM y para el resto de quienes se interesan por la literatura, la autora de Balún Canán (1957) y de mucha poesía que hace honra de Sor Juana, tiene ahora una “celebridad” distinta.
Lo demuestra el hecho de que a propósito de su centenario (nació en Ciudad de México el 25 de mayo de 1925) no sólo destacan los trabajos que ha sacado Libros UNAM, sino también la difusión de la autora y al mismo tiempo una estela de lectura que colocan a Rosario Castellanos en el centro. Tanto así que la escritora aparece entre los más leído, junto con Jorge Ibargüengoitia, entre los más jóvenes, una circunstancia que le augura una sólida presencia en la creación de este país.
Socorro Venegas es escritora y editora mexicana. Entre sus libros están las novelas La noche será negra y blanca (2009, Premio Nacional de Novela Ópera Prima “Carlos Fuentes” y mención especial en el Premio de Literatura “Sor Juana Inés de la Cruz” que otorga la FIL Guadalajara) y Vestido de novia (2014); los libros de cuentos La memoria donde ardía (2019), Todas las islas (2002, Premio Nacional de Cuento “Benemérito de América”), La muerte más blanca (2000), La risa de las azucenas (1997). Es compiladora con Juan Casamayor de Vindictas. Cuentistas latinoamericanas (2020). Ha dirigido proyectos editoriales en el Fondo de Cultura Económica y la Universidad Nacional Autónoma de México, donde creó la colección de novela y memoria Vindictas, que recupera la obra de escritoras latinoamericanas marginalizadas por el canon del siglo XX.
“Creo que definitivamente ha habido una transformación entre lectoras y lectores actuales, han desarrollado una curiosidad muy interesante, eso significa una curiosidad intelectual más afinada, que está cuestionándose por cómo se nos ha enseñado por ejemplo la historia de la literatura latinoamericana que ha cuestionado el canon y que hoy se está leyendo a más escritoras. No podemos esperar que el canon sea el que cambie, lo verdaderamente importante y revolucionario está ocurriendo entre las y los lectores, yo pienso que por eso ha sido tan importante que la universidad mantenga y enriquezca sus proyectos editoriales, que abramos nuevas colecciones, que busquemos devolverle una mirada a nuestra comunidad, que en esa medida estamos cumpliendo con algunos de los objetivos más sensibles de la universidad como institución que difunde la cultura, que difunde el conocimiento, pero que también amplifica”, dice Socorro Venegas en entrevista.

–¿Qué significa para ti Rosario Castellanos?
–Para mi genealogía como mujer y como escritora, significa mucho, porque es una escritora que crece en un ambiente en el que puede darse cuenta de la situación de las comunidades originarias. Mi historia personal está ligada a esa visión, a esa mirada, mi madre creció en una comunidad en el estado de Morelos, en la que ya estuvo prohibido hablar su lengua materna. Es un universo que siento muy cercano y que fue asombroso descubrirla, ya cuando yo era una joven lectora. Me hubiera gustado leerla antes y tengo esta sensación que me atraviesa con varias escritoras, la sensación de que llego tarde a conocerlas. ¿Cómo pude yo haber leído primero a Marguerite Yourcenar y después a Rosario Castellanos? Siempre lo he sentido como una deuda, porque leerla antes, en un momento en el que estaba comenzando, mi andadura como escritora hubiera sido quizá tener menos temores. Saber que alguien ya había transitado por este camino, que alguien ya había dudado como dudó ella, que alguien ya se había atormentado como ella se atormentó. Lo importante es para una escritora sentirse acompañada y sentir que pertenece a una estirpe. Me he dedicado a revisar a través del trabajo de las escritoras del siglo pasado y con mucha más razón, por todo lo que siento que me une a esa visión de Rosario Castellanos, la que reivindica el universo rico de los pueblos originarios, era fundamental promover que se lea más, promover que hoy nuevas y nuevos lectores puedan tener acceso a sus libros, algo que se consigue desde un ámbito editorial.

–La publicación de sus obras
–Así es. Volviendo a publicar, creando nuevas ediciones, proyectos editoriales y uno de esos proyectos en los que ahora estamos trabajando es la traducción de un poema de Rosario Castellanos a las 18 lenguas originarias que se hablan en Chiapas. Es un esfuerzo muy grande que estamos haciendo con otras entidades de la UNAM, con la Universidad de las Artes de Chiapas. Convocamos a estos 18 traductoras y traductores y el proyecto incluye grabarles leyendo su traducción, porque es fundamental que con este libro que se publique esté también el audio. Los nuevos lectores están acercándose sin los prejuicios de antes a la obra, a la vida, a la persona, incluso te diría, de Rosario Castellanos.
–Ella llega diferente a su centenario, como más fuerte. No sé si el canon mexicano se ha cambiado, pero sí que Rosario Castellanos hace mucho ruido ahora
–Ha habido ya proyectos e instituciones que han hecho una buena labor manteniendo su obra en circulación. El trabajo del Fondo de Cultura Económica, todos sus libros han permanecido vigentes, vivos, en el ámbito editorial, en los programas de estudio se puede leer y lo que ahora me parece importante es quizá destacar, ya con una perspectiva histórica, qué es lo que le ha aportado a la literatura mexicana y que hay asuntos extraliterarios que también pesan mucho cuando hablamos de ella, como que fue una pionera del pensamiento feminista, fue una pionera también en ser crítica con la forma en que se trataba los pueblos originarios, fue una profesional, una mujer que demostró con su propia vida y con su trabajo, con un gran tesón, con un gran sacrificio que dedicó a la literatura, que podía compaginar la vida, digamos, doméstica con la vida profesional. Cuando leemos sus Cartas a Ricardo podemos ver cómo compartimentaba todos estos espacios y cómo se esforzaba por seguir siendo escritora, por estar en ese camino y lo que también me parece muy importante hoy y quizá haría un símil con lo que ha ocurrido también con Amparo Dávila, que son escritoras que su lugar se lo están dando los lectores. En el caso de Rosario Castellanos, una de las actividades que hicimos en la UNAM para recordar su centenario fue una convocatoria que le da la vuelta a las Cartas a Ricardo. Invitamos a estudiantes de la universidad, desde bachillerato, licenciatura, posgrado, tres categorías, para que le escribieran una carta a Rosario Castellanos y es maravilloso cómo hoy la pueden situar en un lugar entrañable, verdaderamente, y es muy conmovedor darnos cuenta cómo en realidad lo que más ha cambiado quizá, yo no pensaría tanto en si el canon se ha transformado o no, lo importante está ocurriendo en la mirada de las lectoras, de los lectores más jóvenes que son capaces de abrazarla, de abrazar su trabajo, de apropiárselo, de quedarse para sus propias vidas y trayectorias lectoras con su obra, cómo de alguna manera la asimilan en sus biografías lectoras. Pienso en Cartas a Ricardo precisamente porque cuando ese libro se publicó hace más de 30 años y por algo no se volvió a reeditar, recibió críticas que hoy todavía podrían sentirse dolorosas. Unas críticas donde se estigmatizaba a Rosario Castellanos por haber escrito con esa hondura sobre el desamor, por los reclamos amorosos de esas cartas y con lecturas que no comprendían que en primer lugar eran cartas privadas, que no eran cartas pensadas para ser leídas por otros ojos, que no fueran los de su pareja, por eso se llama así el libro Cartas a Ricardo. Hoy podemos apreciar mucho mejor el gran documento literario e histórico que es Cartas a Ricardo, un documento que nos muestra de telón de fondo la sociedad mexicana, eso que llamamos el establishment, digamos, que estaba haciendo el canon de la literatura mexicana y qué lugar tenía ella, una escritora con una enorme honestidad, que trabajaba para ser leal a su oficio y no para figurar y no para pertenecer a un grupo.

–Ahora, ¿tuviste que defenderte un poquitito con la edición de Cartas a Ricardo? ¿Fue lo más difícil que editaste con respecto a ella?
–Te diría que hubo algunas dudas, que de pronto sí, por ejemplo, hubo por ejemplo dos planteamientos, en el equipo editorial decíamos que en la colección Vindictas estamos recuperando la obra de autoras que fueron marginalizadas por criterios machistas durante el siglo pasado, Rosario logró romper ese techo que en su momento no era de ninguna manera de cristal, ella rompió un techo de concreto, es de las pocas escritoras mexicanas que realmente lo pudo hacer. La cuestión aquí es que el libro sí fue marginalizado, Cartas a Ricardo fue un libro que se estigmatizó y por eso nos parecía fundamental que hoy se leyera. Con Elena Poniatowska tuve esta conversación, ella me decía: –Oye, no volverán a tratarla mal y no queremos que se repitan esos adjetivos que la estigmatizaron y yo le decía que estaba segura de que hoy sus lectoras y sus lectores la iban a leer con justicia y estas cartas de las que publicamos en un libro que se puede descargar, se puede leer gratuitamente en libros.ua.unam.mx, de acceso gratuito de la Dirección de Publicaciones y Fomento Editorial, Cartas a Rosario nos muestra eso precisamente, me parece una confirmación enorme de algo que intuimos. El tiempo del autor es el tiempo correcto, siempre en el que están escribiendo y están creando, pero vamos a encontrar estas miradas que pueden ser prejuiciosas, chatas y me parece un ejercicio visionario, valiente, generoso de su hijo haber permitido que se publicaran, también de Ricardo Guerra.
–Decías que leíamos a Marguerite Yourcenar más que a Rosario Castellanos, hoy le decía a Mónica Nepote, yo leo muy pocas mujeres, por una cuestión ya de educación, sin embargo me parece que toda esta gestión de la UNAM está cambiando y está acompañando a los nuevos lectores
–Sí, totalmente, hicimos una primera tarea en publicaciones y fomento editorial de revisar a cuántas autoras se había publicado en las colecciones y en algunos casos sí era muy impresionante el desequilibrio. Lo que hemos buscado es eso, no es que ahora sólo publiquemos autoras, sí se ven más, porque antes no se les publicaba. No era visible que estuvieran ausentes, parecía lo normal, entonces ahora lo hemos revertido y en realidad es así, que te puedo decir que sí es la pequeña batalla cotidiana sobre nuestros criterios editoriales.











