El equipo de Sigilo trabaja en red: editores, traductores, ilustradoras, autoras y lectores forman parte de un ecosistema creativo. “El alma de la editorial es ese diálogo, esas relaciones que crecen con el tiempo y hacen que todo funcione con cariño y exigencia. Para nosotros, cada libro es una conversación”.
Ciudad de México, 1 de agosto (MaremotoM).- Editorial Sigilo, nacida en Argentina y ahora con presencia en España y México, camina con paso firme pero silencioso. “Nos gusta desaparecer”, dice uno de sus editores. “Que el editor no esté en el centro, sino los libros”.
Fundada por Maximiliano Papandrea y luego ampliada con nuevos integrantes, Sigilo se define más por la curaduría artesanal que por el catálogo temático. “Nos gusta lo ecléctico, el desorden fértil, el diálogo entre épocas y territorios. Que no sepas que un libro es de Sigilo hasta que ya te atrapó”.
Y vaya si lo han logrado. Obras como Los Sorrentinos, de Virginia Higa o Cometierra, de Dolores Reyes han encontrado miles de lectores y están abriendo camino incluso hacia el cine. Sin embargo, en Sigilo nunca hubo una fórmula comercial. “Solo buscamos lo que nos apasiona”, afirman.

De Argentina al mundo, sin conquistar
Aunque la editorial nació en Buenos Aires, su espíritu no conoce de fronteras. Desde hace años publican también en España y en México. “Decir que queremos conquistar México sería horrible —ríen—. Preferimos decir que queremos tomarnos un agua de Jamaica y escuchar lo que este país tiene para decir”, dice Adam Blumenthal, uno de sus editores.
El equipo de Sigilo trabaja en red: editores, traductores, ilustradoras, autoras y lectores forman parte de un ecosistema creativo. “El alma de la editorial es ese diálogo, esas relaciones que crecen con el tiempo y hacen que todo funcione con cariño y exigencia. Para nosotros, cada libro es una conversación”.

El nombre: un manifiesto
El nombre Sigilo no es casual. Evoca el acto silencioso de hacer, sin buscar reflectores. Y a la vez, hace referencia a un “sello personal”, una marca invisible que une títulos aparentemente dispares. “No queremos uniformidad visual, ni colecciones rígidas. Cada libro tiene su propio traje”, explica Adam.
Muchos lectores no saben que dos libros que tienen en sus manos —con estéticas y temáticas muy distintas— son del mismo sello. “Y eso está bien. Es parte del juego de desaparición del editor”.
Los libros llegan por vías insólitas. Los Sorrentinos, por ejemplo, nació del vínculo previo con Virginia Higa, quien había trabajado en la editorial. Desde Suecia, donde vivía, les envió el manuscrito. “Nos deslumbró su talento. Es sutil, irónica, nostálgica… Y sí, aunque parece sencilla, es profundamente compleja”.
Hoy es uno de sus libros más vendidos, junto con Cometierra, de Dolores Reyes y las obras del estadounidense Jesse Ball. También han publicado a Valeria Luiselli y a Salomé Pérez, entre otras autoras clave de la escena latinoamericana actual.
Aunque no lo proclaman como bandera, la mayoría de sus autoras, traductoras e ilustradoras son mujeres. María Luque, Virginia Higa, Julie Anfield, Salomé Pérez… “No lo planeamos así, simplemente trabajamos con personas talentosas y muchas de ellas son mujeres que están escribiendo cosas increíbles”.
Entre sus próximos lanzamientos destacan:
Budín del cielo, de María Luque: una novela protagonizada por una jubilada que habla con plantas y pájaros. “Una joya de la interioridad. Nada de violencia, todo es ternura, humor, mirada sabia”, dicen.
Querer es perder, de Salomé Pérez: siete cuentos donde lo cotidiano se rompe con un toque fantástico. Uno de ellos retrata a padres primerizos que despiertan y ya tienen una hija adolescente. “Es la metáfora perfecta de cómo pasa el tiempo con los hijos”.
Gritos privados, de Julie Anfield: literatura neogótica inglesa, llena de humedad, trauma, y tres hermanas que se enfrentan a su pasado en una ciudad inundada. “Una bomba literaria”, dicen.
Por cuatro días locos, de María Moreno: crónicas sobre íconos de la cultura argentina como Maradona, Perón y Sandrita Mihanovich. “Una verdadera fiesta del lenguaje”.
Contra el ruido: la literatura como refugio interior
Más allá del catálogo, lo que Sigilo propone es una postura frente al mundo. “Estamos sobrecargados de imágenes, de violencia, de noticias que nos aplastan. La literatura puede ser un refugio, una forma de volver a la vida interior”.
“La literatura es el espacio privilegiado para explorar lo interior. Las redes, la imagen, todo apunta hacia afuera. Nosotros queremos ir hacia adentro, aunque sea con un poco de humor, con un poco de pájaros que hablan.”
Sigilo estará presente en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y se prepara para nuevos lanzamientos en el país. “Hay mucho interés de lectoras y lectores mexicanos. Aquí encuentran algo diferente: libros que no les dictan cómo pensar, sino que les invitan a mirar desde otro lugar”.











