La escritora y periodista, que ha dedicado décadas a la comunicación en radio, televisión y literatura, abre las puertas de su intimidad en una conversación donde lo físico y lo espiritual se entrelazan en un testimonio conmovedor.
Ciudad de México, 1 de septiembre (MaremotoM).- Verónica Ortiz habla desde la herida. Su nuevo libro de poemas, No hay plegarias para los descabezados (Fondo de Cultura Económica), nació de una caída absurda que casi le cuesta la vida y la dejó con seis fracturas en el atlas. Desde entonces, el dolor se convirtió en su sombra, pero también en la materia poética con la que ha vuelto a afirmarse en la escritura.
La escritora y periodista, que ha dedicado décadas a la comunicación en radio, televisión y literatura, abre las puertas de su intimidad en una conversación donde lo físico y lo espiritual se entrelazan en un testimonio conmovedor.
El accidente: “Un desnucamiento como el mío era para morirse en el instante”
Ortiz recuerda con precisión el instante que partió su vida en dos: “Fue un absurdo, querida. Subía una escalera en un mezzanine, mi pie izquierdo tropieza y salgo disparada. Me incrusto en la pared de concreto ocho metros adelante. El conserje me dijo: parecía que alguien la había aventado, señora. No me desmayé, no perdí el movimiento, salvo en el cuello. Es muy difícil vivir sin mover el cuello, porque para todo lo necesitas: comer, ponerte los zapatos, hacer el amor. Para todo”.
Los médicos no podían creer que siguiera viva. “Un desnucamiento como el mío era para morirte en el instante. Yo me pregunté: ¿para qué me quedé?”, dice. Esa pregunta la sigue acompañando hasta hoy, cada día.

La autora confiesa que el dolor dejó de ser un síntoma pasajero para convertirse en un compañero perpetuo: “El dolor es un personaje negro, presente todo el tiempo. No se va a quitar, no se va a ir. Entonces tienes que hablarle, reconocerlo para poder combatirlo. Con pastillas, fisioterapia, acupuntura, con lo que sea. Negarlo no sirve para nada. Y desesperarse menos, porque entonces triunfa el dolor”.
En ese cuerpo atravesado por cicatrices, clavos y prótesis, Ortiz asegura que la escritura fue su manera de sostenerse:
“Una de las cosas que me salvó fue escribir en Facebook. Necesitaba comunicarme. Yo he sido comunicadora toda mi vida. El libro nació de esos textos. Empecé a notar frases que eran más poesía que prosa, las apartaba, y así surgieron 30 poemas”.

No hay plegarias para los descabezados reúne tres años de escritura entre operaciones, dolores y rehabilitación. Ortiz lo define como una consecuencia natural de su necesidad de narrar lo vivido: “Yo no pensaba publicarlo, pero mi amigo, el poeta Arturo Córdoba Just, me dijo: esto es poesía, ¿por qué no es un libro?. Y así fue. El Fondo de Cultura Económica reaccionó de inmediato: nos gustan muchísimo, los publicamos. Y para mí es una caricia enorme estar en el Fondo”.
“No hay plegarias para los descabezados. Yo misma, con mis fracturas en el atlas, me convertí en uno de ellos. Lo escribí con parches de morfina, con dolores infinitos. Es un libro que nació desde la necesidad vital de seguir estando presente”.
Ortiz recuerda que su vida siempre ha sido de lucha. Entre operaciones, mudanzas y nuevas casas, sigue buscando un espacio de paz, aunque nunca dure demasiado. “Me fui a Cuernavaca porque pensé que necesitaba retiro, pero después de la operación decidí volver a la ciudad. Aquí me muevo, camino con cuidado, hago ciertas cosas acompañada. Estoy en un departamento en la Narvarte. Claro, ahora mis vecinos tienen cuatro perros que veo desde mis ventanas, abandonados muchas horas. Siempre me toca enfrentar algo difícil”.
“El árbol quiere la paz, pero el viento no cesa. Es una consigna de vida que me dieron unos monjes chinos. Sé que tengo que estar luchando contra todos los vientos. Estoy hecha pedazos, con una prótesis de hombro zafada y dolores que no se van. Pero aquí sigo, escribiendo, leyendo, viva”.
Verónica Ortiz Lawrenz (Ciudad de México) es escritora y periodista de radio y televisión. Fue pionera en programas de educación sexual en medios nacionales en los años 80. Ha publicado novelas como Sobrevivientes (Selección Planeta España 2003), No me olvides, La niña en el jardín y Una decisión equivocada. En entrevista ha publicado Mujeres de palabra, prologado por Elena Poniatowska y en poesía Abecedario de las culpas. En 2006 recibió el Premio Coatlicue de la Coordinadora Internacional de Mujeres en el Arte. Actualmente promueve la lectura con el FCE, Radio UNAM y Radio Educación.
“La escritura no sé si sana, pero salva. Y yo sigo aquí gracias a ella”, dice Verónica Ortiz con una sonrisa frágil pero firme, como quien ha encontrado en la palabra un refugio contra el dolor y contra la muerte.











