En el corazón de Polanco, la Galería Leica México reabre sus puertas con una apuesta contundente: la fotografía contemporánea como experiencia estética y coleccionable. El encargado de inaugurar esta nueva etapa es el fotógrafo colombiano Gregorio Díaz, quien presenta Mi cámara en el laberinto del asombro, resultado de una residencia intensiva en la Ciudad de México.
Ciudad de México, 29 de julio (MaremotoM).- Conversamos con el fotógrafo colombiano Gregorio Díaz durante la inauguración de la Galería Leica México, en una tarde que se sintió tanto íntima como festiva. Alrededor, las imágenes de la exposición: coloridas, vibrantes, capturadas con una Leica Q3, nos devuelven el asombro de vivir en una megaciudad a la que damos por hecho.
“Salgo a la calle con una curiosidad instintiva, mi brújula es el color y busco imágenes que respiren por sí solas”, dijo sobre su muestra, una verdadera explosión de color que muestra los detalles inadvertidos de la vida cotidiana.
Criado entre cámaras y hojas de contacto por su tío y su padre —ambos fotógrafos—
Era previsible que se dedicara a la fotografía, aunque su padre, que ejercía en terrenos de la publicidad, trató de advertirle que no.
“Mi papá me pidió siempre cuando yo era más pequeño que no fuera fotógrafo y como uno hace lo contrario a lo que le piden a los papás, es que me hice fotógrafo. Pasaba tardes enteras tanto en el estudio de mi papá, él era fotógrafo publicista, como en la casa de mi tío Hernán. Entonces crecí rodeado de cámaras, de hojas de contacto, era un ambiente muy creativo. Empecé a hacer fotografías como una excusa para tener registro de lo que estaba viviendo en el momento en el que lo estaba viviendo. A los 18 años cuando me fui a vivir a Argentina estudié cine y esa formación me fue acercando a la producción cinematográfica y como la fotografía es la madre del cine, entonces digamos que ahí ya empecé a agarrar la cámara con más propiedad.

Con su primera cámara semiprofesional Gregorio Díaz comenzó a salir a la calle. Era lo único que tenía al alcance “para empezar a hacer imágenes que tuvieran cierta narrativa o que valieran por sí solas”, porque afirma que hay “un vicio” en la fotografía que viene del documental, que es el que exige que haya storytelling en las imágenes.
Casi de forma inocente, sin saber que la fotografía callejera era un género en sí mismo Gregorio se nutrió de referentes, estudió más la obra de de su tío Hernán Díaz , que es principalmente de retrato, y se volvió obsesivo al salir a la calle cualquier tarde de sol en Bogotá. Inicialmente su estilo eran escenas cinematográficas con cierto contexto urbano, claroscuros, sombras pero poco a poco el color y la abstracción lo fueron todo.
“En la calle uno está buscando la historia o el reportaje, yo no soy fotorreportero, entonces sentía que mis fotos no tenían lugar, no tenían sentido, hasta que me quité esos prejuicios de encima y dije bueno voy a hacer reflejos y voy a buscar fragmentos del paisaje que puedan causar en mi alma. Es lo que me atrae a la calle: la curiosidad de encontrar algo”.
–¿Cómo fue producir en un mes dos exposiciones?
–Fue una invitación muy generosa por parte de Leica México y la Galería Proyecto H. la residencia me permitió explorar un contexto nuevo, desconocido, con una intensidad distinta. Tenía apenas un mes para caminar, observar y producir. Fue como lanzarse al laberinto.
–¿Por eso el título Mi cámara en el laberinto del asombro?
–Me encontré con que la ciudad es un laberinto inabarcable, que lo recorro con mi cámara, pero luego me di cuenta de dónde venía, viene de la primera exposición retrospectiva que hizo mi tío Hernán, en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, en el 66 más o menos, y se llamaba “Mi cámara en el laberinto”, entonces la traigo como un saludo a mi tío. Y el asombro es porque la fotografía me pone en esta apertura, a siempre estar asombrándome con lo que veo en la calle, con la cotidianidad, porque es de ahí donde yo extraigo mis imágenes, entonces es no perder la capacidad de asombro en el día a día.

Y para conectar un poco más con mi tío, él, parafraseando a otro fotógrafo, decía que él hacía fotos porque le gustaba saber cómo se veían las cosas cuando eran fotografiadas, y creo que ese fue mi primer instinto a la hora de hacer fotografías, quiero ver cómo se ven las cosas cuando les hago fotos.
–¿Siempre has trabajado así?
–No, para nada. Empecé haciendo fotografía más figurativa, incluso retrato. Pero poco a poco fui descubriendo que lo que más me interesa es la ambigüedad. Me gusta que una imagen no tenga una lectura inmediata. Mi trabajo no es necesariamente conceptual lo puede ser si una voz externa lo conceptualiza, yo prefiero ahorrarme esa parte y dejar que las imágenes fluyan y respiren solas, un proceso desde la intuición, desde la emoción , un poco es jugar con las formas de las imágenes que empaten ciertos ciertos ángulos.
–Una pregunta un poco más técnica, que nos lleva la cámara leica, un clásico que está cumpliendo cien años. ¿Qué diferencia notaste al usar una máquina así a lo que tú estabas acostumbrado?
–Por cierto las fotos que hizo mi tío en México fueron también con una Leica M2. Me hubiera encantado decirle “voy a exponer en Leica México”, pues eso lo hubiera hecho muy feliz, es una frustración que siempre va a haber. Ya en lo técnico escogí la Q3, que es un sistema de leica muy versátil, es una cámara chiquita, casi parece una cámara compacta, y eso para la fotografía callejera es muy positivo, porque pasas desapercibido, es una cámara con lente fijo, quiere decir que no tienes que estar pensando en cambiar de óptica, el diseño es muy cómodo, es muy rico literalmente hacer fotos con una leica, porque además el resultado en una pantalla, la calidad de impresión que dan y el detalle es muy impresionante.
–Luciana Sánchez Fernández, directora de Proyecto H, destaca el trabajo colaborativo detrás de esta exposición. ¿Cómo fue el proceso curatorial?
–Muy horizontal. Con Luciana y el equipo de Leica tuvimos muchas conversaciones para decidir qué imágenes incluíamos, cómo se iban a imprimir, en qué formatos. No fue solo “vengo, cuelgo mi obra y me voy”. Hubo un diálogo real sobre lo que significa exhibir y coleccionar fotografía hoy.
Y es que según la curadora, “Hay muchos espacios para pintura, escultura, instalación… pero la fotografía todavía lucha por entrar al circuito del coleccionismo serio. Con esta colaboración buscamos romper esa inercia, mostrar que se puede producir, curar y coleccionar fotografía con rigor y belleza.” Manolo Marquez director de la galería Leica piensa parecido: “hay muchas becas para producción pero hay muy pocos espacios en los que puedes enfrentar tus imágenes a un muro”.
La exposición no solo muestra la obra de Díaz, sino que también la pone a disposición del público a través de ediciones limitadas impresas en distintos formatos.
La exposición “Mi cámara en el laberinto del asombro”estará abierta al público hasta finales de agosto en la Galería Leica México, ubicada en Masaryk 422-B, Polanco.











