Ciudad de México, 6 de diciembre (MaremotoM).- La francesa Neige Sinno siempre escribió. Podríamos decir de ella que es escritora. Sin embargo, todos la voltearon a ver cuando publicó el texto Triste Tigre (Anagrama), un ensayo autobiográfico y de alto voltaje literario sobre el abuso sexual a menores.
Esta es la historia de una mujer que de niña sufrió abusos por parte de su padrastro y que reflexiona sobre el sentido de la experiencia que le tocó vivir. Sabe que nunca va a entender realmente qué pasó y aún así sigue buscando, con la distancia pacificadora de los años, pero con la rabia intacta. Pensar es como la lucha de un samurái contra un monstruo, y, para luchar contra los monstruos del pasado y los nuevos monstruos que aparecen en el momento de ser madre, esta mujer usa las armas con las que se ha formado: las armas de la literatura.
Triste tigre no es un libro, es una bomba, una pequeña bomba artesanal que se detona en casa, en la intimidad de la lectura. Tiene la intensidad y la fragilidad de las cosas concebidas en soledad y con furia. También tiene la loca y ridícula ambición de que todo estalle en pedazos.
Neige Sinno nació en 1977 en la región de los Altos Alpes. Vivió un tiempo en Estados Unidos y ha vivido muchos años en México, con su pareja y su hija. Es traductora y ha publicado la colección de cuentos La Vie des rats (2007), el ensayo literario Lectores entre líneas: Roberto Bolaño, Ricardo Piglia y Sergio Pitol (Aldus, 2011, Premio Lya Kostakowsky) y la novela Le Camion (2018). Tras su lanzamiento en Francia, Triste tigre se convirtió de inmediato en el fenómeno editorial del año y ha recibido múltiples reconocimientos, entre ellos el Prix littéraire Le Monde, el Prix Blù Jean-Marc Roberts, el Prix Les Inrockuptibles, el Prix Goncourt des Lycéens y el Prix Femina en 2023 y el Grand Prix des Lectrices Elle y el Premio Strega Europeo (en su traducción italiana) en 2024.
-Tu libro está contado de una manera cruda
-Para mí no es una manera cruda. Si te fijas bien en el libro empieza con una escena muy cruda y luego hay otra que está como en medio y hay dos escenas de violación. Intenté no usar la violencia o usarla lo menos posible, pero tampoco lo puedo evitar porque si no siento que caigo en lo abstracto y en esta fuerza de negación que está dentro de mí. Una violación sobre una menor es una agresión sobre un cuerpo y en algún momento tiene que ser crudo, pero contar eso va a doler, me duele a mí y le duele al lector y a la lectora. Tenemos que estar en esa intensidad del dolor compartido, pero tampoco caer totalmente en esa intensidad todo el tiempo.

-Eso sí, lo que también está crudo, más allá de la narración del hecho, es el hecho en sí. Muchas veces tratamos de narrar lateralmente, sin hacer centro sobre lo que realmente queremos decir
-Es que el horror te impide pensar. Entonces lo que intento hacer es entender también por qué necesito tomar distancia o abordar este horror desde lo lateral, porque el horror te paraliza, te paraliza el pensamiento también. Y mi propósito era permitir a mis lectores reflexionar sobre un tema que es aterrador y que en general preferimos no pensar, decimos que el agresor es un monstruo y no vamos más allá. No quería contar mi vida como una biografía clásica. La forma híbrida es una necesidad que tengo para que podamos ir y venir.
-Ahora, no estoy hablando con alguien que cuenta su vida, estoy hablando con un escritor
-En la crítica literaria hay como una tendencia, como ahora llevo un año presentando el libro y he podido ver muchos acercamientos distintos. Y hay una tendencia en leer este libro como un testimonio. Y es un testimonio, que ha sido muy difícil, muy complejo e intento compartir la dificultad en mi narración. Para mí como escritora, la forma en que lo resolví, que se aclara un poco al final del libro, es que intento darle nobleza a este género testimonial. ¿Por qué va a ser un subgénero el testimonio? Cuando es algo extremadamente difícil y valioso narrar algo que no se puede narrar. Todo el tiempo estoy en el libro batallando con estas nociones.
-Lo comparé mucho con El colgajo, de Anagrama, el testimonio de un sobreviviente de los atentados de Charlie Hebdo. Esa cosa de que tú has protagonizado un hecho muy difícil de salir y sin embargo lo narras. No es el testimonio de una vida cualquiera.
-Cuando empecé a transformarme en una lectora obsesiva en la adolescencia de los testimonios de sobrevivientes de campos de concentración, que crearon este género del testimonio filosófico. Lo que vi fue la crueldad humana, la maldad. Luego vienen las grandes palabras, la verdad, la justicia, todo esto que se articula sobre una experiencia personal. Ha sido interesante para mí el género testimonial porque me permitió ir más allá de la vergüenza, de esta visión social de que el testimonio es algo como un subgénero. De repente, me preguntaba: ¿Realmente quiero escribir este libro? ¿Quiero ir por ahí?
-Dices que es un libro en clave filosófica. Encontré algunas claves psicológicas también
-Yo no hice terapia, estudié literatura, pero tengo a un montón de conocidas con quien hablo mucho de esto. No rechazo la clave psicológica, lo que pasa que no es un lenguaje que manejo.
-Lo que no hay, me parece a mí, es sociología
-Mira, tampoco es un lenguaje que manejo mucho, pero sí en la segunda parte del libro cuando empiezo a construir esta idea de que, ok, es mi historia personal, pero una persona de cada diez es víctima, entonces ¿qué tan personal es esto? Es un fenómeno colectivo, esta historia se une al río de cientos de miles de historias, entonces es un tema social y sociológico. Y lo toco un poquito mientras me pregunto ¿por qué viola a un violador? Y que me contesto ¿por qué puede? ¿Qué es lo que le da esa posibilidad? Es la sociedad que autoriza a ciertas personas a abusar y ahí sí es una clave sociológica, es una observación sobre el sistema, no hablo de patriarcado, no nombro la palabra en mi texto porque quiero mantenerme en esta postura de alguien que no es especialista, que no tiene todas las claves y que aun así se permite, se autoriza a pensar, a hacer hipótesis.

-¿Qué va a pasar después?
-No quería escribir este libro, no quería tener reconocimiento de mis pares o de mis lectores, en un libro donde todo es muy turbio. Quiero creer que lo que hace el éxito de este libro es mi trabajo literario, pero mucha gente lo lee por la historia y la historia de mi vida no la decidí, no es mi arte, entonces es algo muy difícil de lidiar a nivel personal como escritora. Lo bueno es que no tengo 20 años, tengo 47 y ya pensé mucho en esos temas, lo que voy a intentar hacer y ojalá lo logre es seguir escribiendo lo que tengo que escribir, el rechazo editorial, el hecho de que no logre publicar mis otros libros, no me afectaron.ñ











