“El poeta puede tener un lector. Quienes no vivimos en Ciudad de México no vamos a ser muy conocidos allí. ¿Y qué puedo hacer yo? Nada, salvo esperar que algunos días unos ojos te vean y te rescaten de esa nada. No vamos a propiciar una presentación y que se llene. Son pocos los lectores de poesía y todo eso basta”, aclara Clariond.
Ciudad de México, 29 de mayo (MaremotoM).- Es poeta, traductora y editora. Ha publicado Mujer dando la espalda; Desierta memoria (Premio Efraín Huerta); Todo antes de la noche (Premio de poesía Gonzalo Rojas); Los momentos del agua con la obra plástica del artista Víctor Ramírez; Siete visiones, en coedición con el poeta Gonzalo Rojas; Ante un cuerpo desnudo (Premio San Juan de la Cruz de Fontiveros, España); Sobre la fronda y la medida (Premio Juan Ramón Jiménez Coral Gables); Las lágrimas de las cosas (Premio Nacional de Poesía Enriqueta Ochoa); Las diosas del agua, en edición bilingüe español-inglés.
Su antología Ceguera, allí estarás (Antología Personal), es su reciente publicación (2024) y trae una poesía mística y dolorosa que resiste el paso del tiempo y alberga a una creadora sin par.
ENTREVISTA A JEANNETTE CLARIOND (Escucha)
“Es el encargo de una editora argentina, Marisa Rubio, quien es además la directora de Nueva York Poetry Press. Ella me pidió una antología y no soy muy partidaria de antologías. El alegato de ella es que puedes llevar un solo libro cuando te invitan a una feria. Yo tenía miedo de que fuera un libro de tapa dura, que no fuera ágil, que no pueda comprarse. Lo pude trabajar con el pintor Eric Pérez”, dice Jeannette Clariond, en entrevista.
El texto abarca 38 años y 13 libros y tiene 16 ilustraciones de Pérez. “Cuando veo su obra pictórica siempre pienso que es pintura. Los poemas de cierto libro, que vienen incluidos en la antología, pueden ser buscados”, dice.

“Creo que la soledad que vive el poeta es mi motivación. La soledad del poeta es no poder explicarle a alguien de por qué estás escribiendo ni cómo te estás sintiendo. Es real cuando se dice que el poeta lo que escribe lo siente. Gonzalo Rojas, por ejemplo, es un poeta místico, porque aunque se presente al mundo con otro rostro, su sentir será siempre la soledad, la nada, la falta y el vacío. Creo que ante el mundo, ante la vida, ante el otro, ante la pareja, ante el amado, no se quiere ni se espera nada. El poeta no espera nada del lector, lo único que quiere es quedarse instalado desde donde sale la luz”, afirma Jeannette Clariond.
Es traductora de la poesía completa de Elizabeth Bishop, por primera vez al español y de Primo Levi; así como de gran parte de la obra de Anne Carson. Con Harold Bloom editó La Escuela de Wallace Stevens, un perfil de la poesía estadounidense contemporánea, durante los seis años en los que asistió a sus seminarios en la Universidad de Yale.
Ha dedicado veinticinco años a la traducción de la obra de Alda Merini, por lo que fue distinguida en el museo que lleva el nombre de la poeta en Milán.
Es Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres por el Ministerio de Cultura de Francia y Medalla BIBLOS por la Embajada del Líbano en México. Es Miembro de número de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y pertenece al Sistema Nacional de Creadores de México. Fundó en 2005 la casa Vaso Roto Ediciones, la cual dirige hasta el presente.
“El poeta puede tener un lector. Quienes no vivimos en Ciudad de México no vamos a ser muy conocidos allí. ¿Y qué puedo hacer yo? Nada, salvo esperar que algunos días unos ojos te vean y te rescaten de esa nada. No vamos a propiciar una presentación y que se llene. Son pocos los lectores de poesía y todo eso basta”, aclara Clariond.

Su poesía está llena de misticismo. “Si por mística podemos decir que hablamos con esa figura que llamamos Dios, sí. Ante la soledad y el vacío, sí necesito ese diálogo y lo encuentro con una figura que hablo desde niña. Cuando estudié en los Estados Unidos, yo tenía 14 años, la monja nos dijo cuál era nuestro Dios y se quedó muy pensativa. Luego vino a mí y me dijo mira abajo, hay una capilla. Yo sé que ustedes los mexicanos no tienen esta capacidad de abstracción y necesitan ver esa figura. Yo necesito en esa arquitectura que es sagrada y acercar cobijada por ese silencio para ejercer una comunión con eso que me permita estar en paz en el mundo”, afirma.
“Hay un poemario en la antología que se llama Leve sangre, de hace casi 20 años. En ese poemario estaba atravesando un momento difícil, me sentía muy rota. Hay cuatro voces distintas allí, uso una tipografía distinta para cada voz. Me despertó el dolor, me fui a la computadora, volví a la cama y toda esa primera parte está llevada por la música. Estaba traduciendo a Alda Merini, una obra muy fuerte que dolía muchísimo. Hay otros dos libros marcados por la espiritualidad, Todo antes de la noche, Ante un cuerpo desnudo”, dice.
“La realidad es algo que no acontece, lo real es lo que tus ojos ven. Mis ojos ven el mundo de forma diversa”, agrega.











