Alejandro Mancilla

En el libro me burlo de mí y me puedo burlar tanto de la derecha como de la izquierda: Alejandro Mancilla

Creo que el indignarse y la corrección política y la cultura de la cancelación sí tenían un sentido bien importante, o sea, que era levantar la voz de cosas que no estaban bien, que realmente sí nos afectaban como sociedad, pero cuando te preocupas por las manifestaciones públicas y toda esa indignación porque le dices a alguien, a un extraterrestre, porque no sé si viste esa parte: hay un pues un movimiento de que era realmente indignante decirle a los seres extraterrestres, porque era ofensivo.

Ciudad de México, 26 de octubre (MaremotoM).- Los periodistas siempre somos ensayistas. Vemos a la realidad como es, más allá de la ficción que recicla los hechos reales para una motivación creativa.

Este libro, escrito por Alejandro Mancilla, editado maravillosamente por Gato Blanco, es producto de no sólo mirar lo que está afuera, sino también analizar todo lo que es tendencia, corrección política y sobre todo la “incorrección política en un mundo infectado tanto por la cultura de la cancelación como por la apología a esa utopía moderna que permite escupir cualquier infamia en nombre de la libertad de expresión”, como afirma en la contraportada.

Es un libro delicioso, tiene capítulos imperdibles donde analiza el punk, la televisión, el internet, la religión y la política, entre otros temas.

(de) generación de cristal, no sólo hay que leerlo, sino que también alabarlo. Un gran trabajo del periodista Alejandro Mancilla.

ENTREVISTA EN VIDEO A ALEJANDRO MANCILLA (VE ESCUCHA)

–He recibido el libro, me lo podrías haber dedicado, pero bueno, no importa. Lo que sí es cierto es que es un libro pop, que tiene esa característica muy estadounidense y se publican pocos libros así, pocos libros de ensayos sobre la cultura popular

–Sí, sí. Primero que nada, los envió a la editorial, si te lo hubiera mandado yo, te lo hubiera dedicado. La editorial Gato Negro maneja mucha cultura pop y me parece muy buena opción publicar ahí un libro. Como bien dices es de ensayos, a lo mejor no es muy común, pero quise irme por ese lado, para para alejarme un poco de la ficción, que es de lo que más he escrito fuera de del trabajo periodístico. No estoy sujeto al formato de una revista o de un medio y me di como vuelo, escribiendo de lo que quería.

–Los periodistas somos ensayistas, a veces me cuesta mucho este hacer entender esto, pero en general eh cada vez que hacemos una nota, una nota larga sobre un personaje, sobre algo que pasa en la cultura, este nos convertimos en ensayistas

–Creo, aunque depende un poco. Depende a veces del medio, a veces los formatos no te dejan. Periodistas como tú, que te conozco hace tiempo, pues sí sé que te gusta mucho hacer un artículo que vaya más allá de la simple nota informativa. Este es un libro muy pop, diste en el clavo.

 Alejandro Mancilla
Este es un libro muy pop, diste en el clavo. Foto: Cortesía

–Ahora, lo que es cierto también es que nosotros los periodistas conocemos la realidad inmediatamente. Nadie nos tiene que venir a decir exactamente cómo es la realidad, digamos, ¿no? Ahí nadie nos puede discutir absolutamente nada, creo yo.

–Sí y además creo que al ejercer como periodista no te vas con la primera información, sino que consultas un montón de fuentes y dudas, sobre todo, ¿no? Nos convertimos a veces en investigadores, ahora con el internet. Sabemos buscar y encontrar verdades ocultas en el mismo internet, aparte de, claro, de cuando indagas en el campo directamente con una persona o con la situación, pues creo que esa búsqueda de una verdad se nos da por esa cualidad de buscar muchas fuentes y muchas versiones.

–Vamos a ver los temas que tú manejas: El ataque de los aldeanos MarshallMcluhansianos, Ofensas intergalácticas y los extremistas “qué dirán”, La definición de la corrección política: ¿heroísmo o (puro) autoritarismo, La incorrección política (de permanencia) involuntaria, De indignación selectiva y otros pecados, Mal gusto, elegancia kitsch, inmunidad chic y lo que se acumule, El punk, Siempre en domingo, Libro rojo de Mao y otros personajes en la ecuación… voy a detenerme en Dietético o el traje nuevo del emperador anoréxico, porque obviamente es el primero que leí. Estoy haciendo un libro sobre el tema de la obesidad que ha sido mal catalogada como enfermedad ya hace mucho tiempo y que eso ha generado muchísimas muertes en pos precisamente de combatir ese mal Me interesó muchísimo el argumento que tú expones que en realidad esta cosa de no hablar del cuerpo del otro, de que todos somos permisivos y qué sé yo, en realidad es una falsedad, que en realidad la cultura pop privilegia a los delgados, sigue privilegiando a los delgados…

– Francamente, la mayoría de los temas fueron saliendo conforme a experiencias personales en esta vida periodística, pero también personal, porque en ese ensayo hablo de una situación que sucedió realmente. Después de ir a un concierto de Peter Hook tuve un enfrentamiento que a la fecha me dejó unos dedos como chuecos, se fracturaron por el simple hecho de decir una palabra que está prohibida (¡Gordo!) y que bueno hay muchas connotaciones y muchas aristas en el tema, pero creo que la corrección política actual ha abusado de ese tema y lo ha llevado al extremo. Por un lado, como dices, está el grave caso de presentar modelos perfectos, cuerpos perfectos como acabamos de ver en La sustancia, como vemos en críticas que se quedan en la apariencia. Hay una doble moral en ese sentido, porque hay muchas actrices a las que las halagan y les hacen creer que se ven bien de cierto modo y a la mera hora las critican.

–Además, la corrección política nos atañe a todos, no solamente a las actrices. Acaba de morir, por ejemplo, un ex Ministro de salud de Argentina y hay mucha gente que le decía ¡Chau, gordo! Y me encantó esta cosa, porque era un gordo, no era que tenía kilos de más y esa cosa de ser gordo está terriblemente mal…

–Es que se ha desvirtuado un poquito. Las cosas ya no se pueden decir como antes, cosa que por un lado cuando se trata de palabras que realmente podían ser que incitaran a que las personas se sintieran muy mal o pudieran llegar a otras instancias como el suicidio, es un tema bien complejo, pero realmente tiene que ver con que ya no se pueden decir las cosas en cierto ámbito y como sí dependiendo del medio y dependiendo del lugar y dependiendo de quien lo diga… En ese ensayo menciono por ejemplo el tema de Michelle Rodríguez, la actriz que ahora adelgazó y la acusan de qué cómo adelgazaste, traicionaste a todo el contingente de personas que estaban pasadas de peso. Esa fábula de que la gente nunca está de acuerdo y la mayoría de los temas son reflexiones que no buscan ser ni paternalistas, ni moralistas, ni decir que está bien o que está mal, pero sí exponer a veces la parte ridícula de todas esas convenciones que existen actualmente alrededor de un montón de temas. En el libro me burlo de mí mismo y me puedo burlar tanto de la derecha como de la izquierda, tanto de la corrección como de la incorrección política, porque creo que de eso se trata en este tipo de temas que involucran sensibilidades: no hay verdades absolutas, pero sí hay cosas que caen en lo ridículo y eso es lo que trato de señalar con ciertas experiencias, tanto de mi vida personal como periodísticas.

–Yo alabo mucho tu contrariedad con respecto a la corrección política, porque detesto toda la corrección política, incluso dijiste tú ahora pasado de peso, ¿pasado de peso por qué? ¿Qué es pasado de peso? Ahí también hay una corrección política. Estamos todo el tiempo repitiendo fórmulas y lenguajes que son correcciones políticas. Es que todos caemos en eso sin querer.

–Ahorita yo dije eso cuando realmente eso también es una convención porque realmente pasado de peso con respecto a qué, ¿no? Si nos ceñimos a los estándares a lo mejor de un nutriólogo cuando llegas y te dicen, bueno, mides tanto, debes pesar tanto, ¿no? Claro. Es como un estándar universal y cuando pesas más de lo que corresponde a la altura que tienes es cuando se dice, estás pasado de peso, ¿no? Pero ahora se disfraza mucho las palabras con tal de intentar no ofender y por más que digan que los tiempos cambian o sea, estoy de acuerdo que los tiempos cambian, pero el problema es cuando nos preocupamos de más por esas nimiedades y perdemos de vista el verdadero objetivo de la indignación. Creo que el indignarse y la corrección política y la cultura de la cancelación sí tenían un sentido bien importante, o sea, que era levantar la voz de cosas que no estaban bien, que realmente sí nos afectaban como sociedad, pero cuando te preocupas por las manifestaciones públicas y toda esa indignación porque le dices a alguien, a un extraterrestre, porque no sé si viste esa parte: hay un pues un movimiento de que era realmente indignante decirle a los seres extraterrestres, porque era ofensivo.  Cuando nos preocupamos por eso y no por defender causas por las que realmente vale la pena indignarse es cuando se vuelve todo este asunto ridículo.

Alejandro Mancilla
Ahora se disfraza mucho las palabras con tal de intentar no ofender. Foto: Cortesía Facebook

–El raciocinio también se vuelve ridículo. Con la Guerra de Gaza uno dice, ¿cómo? tú matas a todos los miembros de Hezbollah, los matas en una situación terrible y cuando atentan contra Netanyahu uno dice, ¡ay! atentaron contra Netanyahu. Hay como una doble moral con respecto a eso…

–Ese es el problema de la corrección política, que creo que obnuvila a muchas personas que se dejan llevar ¿no? por las tendencias y pues eso deja de divisiones sociales en un clima de hipersensibilidad mal enfocada. Ahora te indignas por estupideces y no por lo que realmente hay que indignarse.

–También hablas del punk y hablas del punk como algo que fue anterior, digamos, a este tiempo, me encantó. Tú eres experto en música y siempre te sigo, digamos, con respecto a tus pensamientos, pero me encantó precisamente por el tema del punk, pues no conozco tanto de punk y tampoco escucho todo.  Para escuchar todo debería tener una oreja así enorme y no me alcanzaría la vida para saberlo todo

–No podía dejar fuera el tema de la música, es un libro muy musical, justamente porque yo vengo de ahí del periodismo musical. El punk siempre ha estado ligado a la incorrección política, ya con el tiempo se convirtió en otra cosa y ahora a todo le dicen el nuevo punk.  La cumbia es el nuevo punk, que el reggaetón es el nuevo punk, cosa en la que no estoy de acuerdo, aunque sería el tema para otro artículo. Este fenómeno de la inclusión y de que te guste de todo pues se vale, pero también es una mentira, porque no puedes oír de todo ni te puede gustar de todo. Antes accedías a lo que te interesaba. Si compraba este disco era porque requería el esfuerzo de gastar en él y escucharlo y valoraba si me gustaba o no, pero ahora, con las plataformas musicales, puedo decir ah, Morrissey es una porquería porque lo escuché en un solo clic. Puedo decir, escucho de todo, pero lo escuché superficialmente en unas plataformas y eso también es corrección política; a mí me da bastante flojera y un poco de coraje eso de que el mundo está lleno de opinólogos pero a la ligera. Escuchar de todo es una maniobra de la corrección política.

–Recién lo escuchaba a Django decir que ahora se escucha solo reggaetón y ya no se escucha a cantantes como él. Digo:  yo no escucho ni a cantantes como él ni el reggaetón

– Django, ¿todavía existe?

–Sí, tiene 84 años y todavía está dando conciertos…

–Se mueren los cantantes de rock y la gente empieza a decir si hubieran llevado a un cantante del reggaetón para que no nos torture, eso también es corrección política a lo idiota. ¿Qué ganas con que se muera Bad Bunny? Si no lo escuchas, no pasa nada. Puedes escuchar lo que quieras y por otro lado también es el fenómeno de que todo te debe gustar y si dices que no, estás mal. La verdad, no me gusta y si estás en una sala todos te voltean a ver y dicen ¿cómo es posible? ¿pero por qué? La corrección política actual indica que te debe gustar todo y si dices esto no me gusta, inmediatamente estás mal, porque también la cultura contemporánea de muchos años para acá, pero sobre todo ahorita, es que no puedes decir que algo no te gustó.

–Cuando yo era chica esa cosa de que había muchas cosas que no me gustaban y yo catalogaba a la gente de acuerdo a la música que escuchaba, ahora todo es uniforme

–Justo, uniformes y tampoco no se trata de pensar que el pasado siempre fue mejor, porque creo que siempre ha existido un poco esa corrección, pero ahora es más evidente con las redes sociales. En el pasado y en los 60 y 70 siempre ha existido esa exageración, pero no se magnificaba tanto, porque no había tantas voces hasta anónimas que lo decían en las redes. Eso que dices de catalogar a la gente por la música que le gusta, creo que debería seguir siendo una constante, porque la música sí refleja un poquito o mucho la personalidad de alguien. Si conoces a alguien que le gusta Charlie García y conoces a otro que le gusta Maluma, de algún modo adivinas cuál puede ser su personalidad. En el libro menciono el caso de un grupo que se llama Valsián y me gustaba porque eran como sus letras muy oscuras y tú decías, pues es que seguramente en la vida real son así, pero la chica subió un video cantando una canción de reggaetón muy barato y escatológico y dije ¿cómo es posible que cante eso y le guste eso? La correspondencia entre lo que haces y lo que te gusta por esa inclusión ya se perdió y espero no convertirme en un policía de la corrección política, pero creo que justamente la corrección política es lo que hace que esos personajes pierdan o no tengan personalidad y podamos esperar cualquier cosa de ellos.

Alejandro Mancilla
La música sí refleja un poquito o mucho la personalidad de alguien. Foto: Cortesía Facebook

–¿Por qué la gente tiene que leer este libro?

–Es un libro que a pesar de que es de ensayos y de que en algún momento si despliega varios conceptos en la búsqueda de una definición de la corrección política y de la incorrección política, también deja sobre la mesa que se trata de un término mutante y deja al lector con un montón de referencias de la cultura pop de la música, del cine, de sociología, de apropiación cultural, vienen las opiniones de varios colegas que han vivido también de cerca el fenómeno de la cultura de la cancelación, inclusive de quien fue mi editor en GQ. Se va a presentar el jueves 31, en la Roma, con Arturo Flores y con Rogelio Garza.

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