William Brinkman

En la sociedad hay estructuras que recompensan la rigidez: William Brinkman

“Parte de la investigación de este libro es ver cómo en la sociedad hay estructuras arquitectónicas, materiales, que recompensan la rigidez, la convicción y que es así cómo se construían los modelos. Como estatuas de mármol, debo transformarme y cuando quiero una segunda transformación, ya no puedo”, afirma.

Ciudad de México, 18 de octubre (Maremoto).- William Brinkman ha escrito Antígona Plástica, con una firme voluntad de hacer todavía más vívido ese personaje de la Antigüedad y al mismo tiempo con un deseo de debatir los temas que hoy están presentes, con filósofos modernos.

Imposible estar desatento a este libro que contrae una palabra a veces complicada. Recuerdo, sin duda, la chica plástica, de Rubén Blades, para tratar este material que trae por un lado el sufrimiento por la tragedia de Antígona y las claves para el futuro de una humanidad que a veces no tiene futuro.

William Brinkman es arquitecto, profesor de la UNAM y tiene una profundidad rayana en la sorpresa que anuncia debates para el género, para el tema de la clase. “Lo que emprendí hacer era una lectura post género de la plasticidad de Antígona. Lo que quería hacer además era combinar dos lecturas esenciales para mí, una es la de mi amigo Ángel Álvarez, que es filósofo y ha escrito sobre cosmética y una filósofa francesa que se llama Catherine Malabou (bueno, nació en Argelia en 1959) que es la que está escribiendo los conceptos de plasticidad neuronal y como nuestra mente tiene capacidad de adaptarse. A partir de un engarce de estas dos filosofías quería escribir yo sobre Antígona, que es algo que estaba rezagado en mi tesis doctoral”, afirma Brinkman.

Antígona es una tragedia un poco básica y tal vez por eso se siga leyendo tanto a lo largo de la historia de la humanidad. “Es una mujer a la cual la ciudad le impone una ley que va en contra de la familia a la que tendría que obedecer”, informa William.

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“Esta tragedia casi tres mil años después nos sigue provocando. Lo que hacemos, los problemas conceptuales y teóricos sobre la vida, y para mí fundamentalmente sobre la masculinidad. Siempre lo vi sobre la rigidez y el estoicismo que están cargados sobre el hombre”, explica.

Hay un escritor alemán, Christoph Menke, que dice que no hay nada más actual que la tragedia. “Entre más creamos que vamos a poder dominar la naturaleza y la humanidad, más se nos va a regresar la tragedia. Son el fundamento del conocimiento occidental”, dice el autor.

William Brinkman
Este libro tiene una parte personal importante. Cualquier académico miente si dice que no hay nada personal en sus escritos. Foto: Cortesía Facebook

“Este libro tiene una parte personal importante. Cualquier académico miente si dice que no hay nada personal en sus escritos. En mi caso particular son mis dos padres, uno biológico y otro padrastro, uno de ellos falleció y los dos se vieron obligados a transformarse para salir adelante. Ambos eran de sociedades muy rigurosas, hay una transformación, una plasticidad y salieron adelante para atender las demandas de la sociedad en la que vivieron. En el final de sus vidas, los dos se vieron inmersos en estos nuevos cambios que tuvimos en los últimos años. El mundo ha cambiado en 20 años como nunca lo pudimos pensar. Siempre le pedimos que se adaptaran a los cambios y ya no se pudo”, cuenta William Brinkman.

“Parte de la investigación de este libro es ver cómo en la sociedad hay estructuras arquitectónicas, materiales, que recompensan la rigidez, la convicción y que es así cómo se construían los modelos. Como estatuas de mármol, debo transformarme y cuando quiero una segunda transformación, ya no puedo”, afirma.

A veces cuesta aceptar que una persona de más edad que uno dice: “yo no puedo adaptarme al Internet o a las redes sociales”, cuando uno ve precisamente las virtudes que tienen estos elementos para una vida larga y tal vez ociosa como las que llevan los ancianos en esta sociedad. ¿Propiciamos el modelo rígido, sin transformar, para que la sociedad permanezca tranquila, sin generar precisamente, ningún cambio? Eso es lo que plantea William Brinkman en su maravilloso libro.

“Yo quería entender a mis padres, más allá de decir es que están viejitos”, dice el arquitecto y escritor.

“La plasticidad, la posibilidad de transformarse, puede ser una potencia. Ahora, con toda la tecnología que tenemos, debemos ver la posibilidad de cambiar cada día. Como lo dice Malabou: ir y venir. Puedo estar transformándome sin que eso me demerite”, afirma.

Los discursos se convierten en aliados de ese conservadurismo social. “No es que no esté de acuerdo con las políticas de la identidad, entiendo su poder político, consigue derechos así y eso es maravilloso, pero me quiero ubicar después de eso”, expresa Brinkman.

William Brinkman
Hay que pensar en el futuro, cuando la plasticidad absoluta pueda llegar a ser una potencia liberadora. Foto: Cortesía Facebook

“No tengo que pertenecer a algo rígido, puedo estar yendo y viniendo todo el tiempo”, agrega.

Poca discriminación hemos vivido a lo largo de nuestra vida y eso da cierta perspectiva para aprender a ver las discriminaciones.

“Hay que empezar a recordar como en el pasado se iban estructurando ciertas cosas para que se diera esa discriminación. Hay que pensar en el futuro, cuando la plasticidad absoluta pueda llegar a ser una potencia liberadora”, expresa.

Podemos cambiar, gracias a la tecnología, nuestro cuerpo varias veces y eso deberemos verlo “como algo liberador, no como algo conservador”.

 

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