El tango se me metió y mezclado con eso que venía escuchando, más el tango clásico que también escuchaba, fui encontrando un lenguaje, al menos el que me resultaba atractivo. En mi tango estaba Troilo, estaba Piazzolla, estaba el Flaco Spinetta.
Ciudad de México, 8 de enero (MaremotoM).- El músico argentino Marcelo Saraceni es un viejo conocido de este mundo de las artes y al mismo tiempo también es un hombre de fe que pone todas sus cartas a que funcione el fuego de los escenarios, de los estudios de grabación, de los sonidos que más queremos y elegimos para nuestra vida.
Es argentino, vive al sur del continente. Nació el 22 de noviembre, el Día de la Música, “lo que probablemente haya signado su destino artístico”, dice en una biografía encontrada en Internet.
Es profesor de guitarra, armonía y composición, lenguaje musical y repertorio de tango, en forma particular y en el marco del Programa Cultural en Barrios, del Ministerio de Cultura de la ciudad. Luego de formar parte de algunas bandas de rock, donde aprendió a reconocer y disfrutar la emoción de subirse a un escenario, participó en diversos trabajos discográficos como intérprete, compositor y arreglador.
Compuso la música original de varias obras de teatro infantil y para adultos, entre ellas Los ladrones de mi ciudad (como director del grupo de tango Andante en Bondi —junto al poeta Hugo Salerno—, El callejón de siglo —junto a Raimundo Rosales—, con la agrupación murguera Los Delfines del Asfalto y Que sea la Odisea, de Adela Basch. En estas obras incorpora los géneros populares argentinos y latinoamericanos.
Como compositor de tango trabaja en colaboración con varios letristas: Raimundo Rosales, Bibi Albert, Hugo Salerno, Marcela Bublik, Enrique Martín, Andrea Bollof, Hilda Guerra, Ernesto Pierro, José Arenas, Marta Pizzo, Mariano Pini, Sara Melul, Daniel Spinelli y Roberto Selles.
Asimismo, sus composiciones son interpretadas y grabadas por reconocidos cantantes e intérpretes: Esteban Riera, Marcela Bublik, Jacqueline Sigaut, María Estela Monti, Carlos Rossi, Noelia Moncada, Hernán Genovese, Patricia Barone, Jesús Hidalgo, Eleonora Barletta, la agrupación murguera Los Quitapenas, La Vereda , Carlos Damián y Musas Orilleras.
Recibió premios nacionales y municipales, destacándose el Primer Premio en el Certamen Hugo del Carril 2002 por su tango “Soy cantor” y los dos primeros premios y cinco menciones especiales en los rubros tango, vals, milonga y música de la región de Cuyo en el certamen para nuevas composiciones organizado por el Fondo Nacional de las Artes en los años 2004 y 2006.
En 2012 edita su disco: Tangos para un siglo de cartón, integrado por temas de su autoría en colaboración con letristas del nuevo tango, interpretados por Jesús Hidalgo, Patricia Barone, Noelia Moncada, Hernán Genovese, Esteban Riera, Jacqueline Sigaut, Eleonora Barletta, Nicolás Scordamaglia y Laura Rivadeneira. Asimismo, participa el poeta Horacio Ferrer en una glosa escrita e interpretada por él mismo. Entre los títulos de ese disco, se destacan: “Un siglo de cartón”, “Milonga de los arroyos”, “Historias de mi cocina”, “Será que morir no alcanza” y “Soy cantor”.
–¿Qué significa ser hoy un músico independiente en Argentina?
–Desde el punto de vista personal, con respecto al goce de ser un músico, es bueno, me gusta. Las experiencias que uno ve a veces de algunos músicos, de algunos colegas, cuando tienen que transitar algunas exigencias desde discográficas, grabadoras y todo eso, hacen que uno diga qué bueno que soy independiente y hago lo mío como quiero. Desde el punto de vista económico, es muy malo, porque obviamente es muy difícil, muy complicado. Es prácticamente nula la posibilidad de subsistir como músico.
–Ahora va a haber reformas en las escuelas culturales de México y pienso que es el único país donde se habla de esto…
–Me parece que es un momento de la historia en el cual se está valorando todo lo contrario a lo que se valoró durante mucho tiempo, en el arte, en la vida misma. Se valoraba la paciencia, la inteligencia, el talento y la creatividad. Hoy se valora todo lo contrario. Si no sos inteligente, pero sos una persona exitosa, que logra hacerse un camino a través de algo que no tiene que ver con la inteligencia, que a veces tiene que ver con ciertas picardías que son atractivas para mucha gente, eso es grave.
–¿Cómo es tu música, Marcelo?
–Sigo haciendo música como vengo haciendo desde hace mucho tiempo, desde que era muy joven, es decir, priorizando algunas cosas que para mí son fundamentales. Sigo creyendo en la melodía, esto que hoy parece que quedó un poco desfasado. Hay una anécdota que contó Luis Alberto Spinetta, y no es casualidad que lo nombre, cuando alguna vez se hizo un homenaje a las Madres de Plaza de Mayo y le pidió a uno de los artistas que digan algo sobre las Madres y el flaco Spinetta, quien recordó a uno de los más grandes escritores de haikus, cuando dijo que el arte tiene que propender a la belleza, a mejorar el alma, a buscar lo más bello, lo más lindo. Por ahí pasa lo que hago a nivel musical.
–También es cierto que tú no eres un cantautor clásico
–No soy un cantautor, vamos a empezar por ahí. Pertenezco a una generación que pasó la adolescencia escuchando esa nueva música. Fue llamada música progresiva, que después fue cambiando de nombre y que conocemos en Argentina como rock nacional. Litto Nebbia, Moris, Spinetta, Charly García, Fito Páez, nos contaban lo que teníamos que escuchar en ese momento. El tango había pasado a dejar de contarnos eso o cuando empezaron a contar de vuelta, lo contaron desde el mismo lugar del tango. Horacio Ferrer, que era maravilloso, nos abrió la cabeza, dijo: puedo hablar desde el tango de cualquier cosa, no tengo por qué ceñirme a los cuatro o cinco temáticas clásicas del tango.

–Y estuvo Astor Piazzolla, también
–Claro, Piazzolla, con la música, nos hizo lo mismo. Recuerdo un recital de Piazzolla con un grupo electrónico donde había sintetizadores, en 1975, y adelante mío, había dos personas , una era Spinetta y la otra el bandoneonista Rubén Juárez. Esa mistura. Lo que digo es que al venir de ese lugar, cuando abordo el tango, ya no lo abordo como un tanguero clásico. El tango se me metió y mezclado con eso que venía escuchando, más el tango clásico que también escuchaba, fui encontrando un lenguaje, al menos el que me resultaba atractivo. En mi tango estaba Troilo, estaba Piazzolla, estaba el Flaco Spinetta.
–¿Qué es lo que has hecho últimamente?
–Mi manera de sobrevivir, económicamente, es enseñando. Desde cosas que tienen que ver con lo musical, desde armonía y composición, hasta un instrumento. Enseñarles interpretación a los cantantes, también me permite mostrarles los rasgos de identidad que tiene el tango. La palabra tanguera muchas veces me gusta, pero a veces suena a los puristas, que son muy cerrados. Ahora están un poco más sosegados, pero existen. Todavía uno puede subir a un taxi en Buenos Aires y escuchar que se está escuchando la radio, pasan un tema de Piazzolla y decir: este tipo mató al tango. Al contrario, lo revivió cuando estaba en terapia intensiva, pero son discusiones que ya no tengo, antes me peleaba más.
–¿Estás haciendo un nuevo disco?
–Estoy haciendo mi segundo disco, luego de Tangos para un siglo de cartón, que uno lo puede encontrar en las plataformas. El segundo disco primero será un EPK. Ahora hay cuatro tangos y una milonga. Trabajo siempre con letristas: Raimundo Rosales, José Arenas y un tango con mi hijo Manuel.











