Lo primero que para mí es importante hacer es notar es que esta historia la escribí por mí y para mí, porque yo tuve la suerte de poder vivir la pandemia sin necesidad de estar saliendo a trabajar constantemente y tenía tiempo. Tenía esta voz y la quise ir trabajando y entonces encontré a Cassandra a través de un podcast, me puse a hablar con ella y le dije, bueno, mira, yo tengo este proyecto, me interesaría utilizar, bueno, platicar contigo y utilizar las entrevistas que tengamos como base para esto y a ella le gustó mucho el proyecto.
Ciudad de México, 23 de octubre (MaremotoM).- Cada vez son más los autores que denuncian, demuestran, cuentan historias trans, en un acto que podemos llamar de justicia y también de visibilización para este colectivo que siempre sufre ataques sistemáticos desde lo social.
Desde la argentina Camila Sosa Villada, ganadora del Premio de la FIL Sor Juana, hasta la mexicana Frida Cartas, autora de Transporte a la infancia, hay una obra que sensibiliza sobre las personas trans y al mismo tiempo mucha calidad literaria, que en ese sentido, no se diferencian de nadie. Son escritores con todas las letras.
Ahora acaba de salir Esta cuerpa es mía (Alfaguara), de Uri Bleier, patrocinado por Pablo Simonetti, el gran autor chileno, una novela honesta y desparpajada, llena de humor y de música, de amor y sororidad, pero con espacio para el dolor y el odio. Está llena de drogas, peligro e hipocresías; de inyecciones de aceite, lentejuelas y tacones altos; de sexo en las esquinas, hoteles y espacios virtuales.
“Uri Bleier –dice la editorial- escribe una novela que huele a calle, sabe a playa y suena a cumbia; una historia que su personaje monta a galope con toda su fiereza y ternura”.
Uri Bleier dice: Nací chilango, judío y joto. Ambas tres, a mucha honra. Me mal gradué de Negocios Internacionales por la Universidad Iberoamericana e hice una maestría en Negocios y Administración de Fútbol por el instituto Johan Cruyff. Vivo entre la Ciudad de México y La Habana y dedico mi mayor tiempo a la literatura. Este es un proyecto de más de tres años que he ido puliendo gracias a la lectura atenta de Sabina Urraca y Pablo Simonetti, pero sobre todo de María Fernanda Ampuero, quien me ha cobijado bajo su alita de mamá amorosa”.
ENTREVISTA EN VIDEO A URI BLEIER (VE ESCUCHA)
–Esta cuerpa mía, desde el título tiene un índice político. Tú no eres trans, pero me parece que defiendes esa cultura y esa manera de vivir, ¿verdad?
–Sí, definitivamente. Creo que para mí, en el centro de mi práctica, digamos que está el pensamiento trans. Creo que la escritura y la literatura también tiene que ver con una serie de preguntas que uno como autor se hace y que va buscando responder a lo largo del libro. Y para mí, pues este libro tiene que ver con ir a buscar a mis ancestros que no son los familiares. Normalmente entendemos esa parte de los ancestros como la familia y nuestros papás o nuestros abuelos nos van contando esas historias, pero creo que la gente dentro de ciertas subculturas, yo como una persona gay, sobre todo, vivimos una vida que tiene una serie de condicionantes que vienen de alguien más. Y para mí esta novela tiene que ver con ir a buscar a mis ancestros, a estas personas que lucharon para que yo pueda tener los derechos que tenemos hoy, que todavía no se han conquistado todos, que todavía no estamos donde queremos, pero que si estamos aquí, pues mucho se lo debemos a las mujeres trans, a las trabajadoras sexuales Muchas veces parece que llegamos adonde estamos un poco por ósmosis y que llegar a este lugar no les costó la vida y violencias a muchas personas. También hay una cuestión bien importante con divorciar el cuerpo y la mente y el corazón y parece que somos como Frankenstein y realmente somos cuerpo, ¿no? Y el cuerpo es sentir, el cuerpo es pensar.
–Tú eres muy joven y en ese sentido has disfrutado y has visto a muchos libros dedicados a las trans. Bueno, Camila Sosa Villada que ganó el premio Sor Juana, Frida Cartas, debe de haber muchos libros extranjeros. En ese sentido, como tú dices, no hemos conquistado los suficientes derechos, pero sí están bastante conquistados en cierta medida…
–Creo que hemos avanzado definitivamente. Como colectivo ahora tenemos muchos más espacios en donde podemos hablar, pero realmente hacen falta muchos más espacios. Tenemos muchos derechos, pero hacen falta otros derechos, porque por un lado está la conversación sobre los derechos y por el otro lado está la conversación sobre lo social. Podemos haber ganado muchos derechos, pero socialmente seguimos muy recluidos, seguimos pues aventados a los márgenes y creo que este libro tiene que ver con eso, con cómo una vida disidente o una vida no normativa, la sociedad inmediatamente la manda a un lugar. Y creo que este viaje de Mónica, que se llama también como tú la protagonista, es parte de eso, es darse cuenta cómo en su casa le hablaron siempre de estas personas que eran como el diablo o las personas malas y cuando ella llega en Tijuana a conocerlas, son las primeras personas que la ven como mujer, como la persona que ella es. Entonces, cómo la sociedad relega a una parte de nosotros a un espacio, sobre todo a la gente que no tiene privilegios muchas veces de raza, de clase.
–De dinero, de clase
–Exactamente. Y los manda a un lugar en donde una persona trans parece que solo pudiera ser trabajadora sexual o trabajar en un espacio en donde pueda cortar el pelo, en una estética. Y no es así, son personas como todos nosotros, pero es la sociedad la que las condena para allá. En ese sentido, la conversación tiene dos aristas y hablando de otros libros, para mí también era bien importante dialogar con esos ancestros personales que me interesan, que un poquito más para atrás, a lo mejor en Argentina está Manuel Puig, que realmente nunca disfrutó en vida de su integración al canon, que todavía no está al ciento por ciento dada. Y siempre lo trataron del escritor gay, el escritor que utiliza la oralidad. Cuando Gabriel García Márquez, que escribía al mismo tiempo, que es un grande, también usaba la oralidad y nunca se le condenó. Es muy interesante para mí integrarlos. Pedro Lemebel, que me parece uno de los referentes más directos de esta novela, con Tengo Miedo Torero. Luis Zapata, un mexicano que escribió una novela fundamental, que es El Vampiro de la Colonia Roma. Camila Sosa Villada, que me parece increíble. Frida Cartas, que de hecho, bueno, tenemos la suerte de que me va a acompañar en la presentación. Ahora Alana Portero, con La Mala Costumbre, en España. Cada vez estas historias tienen más penetración y a la gente le interesa leerlas, porque llevamos mucho tiempo sin escuchar a una parte de la sociedad.
–Ahora, también hay una cosa social que tiene que ver con los homosexuales aceptados, mientras cumplan determinadas normas, que tienen hijos, se casan y no sé qué. Y Pedro Lemebel defendía precisamente a la loca, digamos, a la puta loca, al homosexual loco… Me interesa mucho más esa cosa homosexual. Cuando yo era chica, veía a los homosexuales como símbolos de la libertad.
–La sociedad va normalizando a las subculturas, mientras ellos cumplan con las normativas, digamos, con las heteronormas. Y a mí también, creo que lo primero que nació en esta novela era la voz y me interesaba una voz bien marica, bien de la calle, con unas referencias bien populares. Me interesaba salirme de la parte de la alta literatura o de la alta cultura que solo hace metarreferencias y que parece que entre más, digamos, aislada está la cita y más escondida y más complicada es más literario. Y para mí era bien importante convertir en literario el lenguaje de la calle. Entonces, lo primero que nace en esta novela es la voz de la narradora. Conforme fui avanzando, me di cuenta que yo no podía trabajar con el imaginario colectivo sobre lo que es una persona trans o sobre lo que es una trabajadora sexual. Y por eso contacté a Cassandra Guaso, que es la persona con la que trabajé la base de esta novela, que es como una historia que existe, pero está novelada. Y a través de lo que ella me fue contando sobre su vida, sobre la vida de sus amigas, de su familia, pues se fue construyendo esta novela en la que me interesa exactamente lo mismo que a ti. Estos cuerpos que están fuera completamente de la norma y que viven en el lenguaje. Creo que ellos entienden, las personas trans entienden que lo único que tenemos para vivir es un cuerpo y un lenguaje. Y para mí la literatura es lenguaje. Nosotros como escritores no construimos personajes, lo que construimos son cuerpos. Porque un personaje es una caricatura, vamos a decirlo así, no siente, pero cuando uno construye un cuerpo, un cuerpo siente, un cuerpo piensa, un cuerpo ama, un cuerpo se droga y un cuerpo vive violencias, pero también puede ser feliz. Y para mí esta novela tiene que ver con eso, con hacerle un homenaje a estas personas que me parece que han dignificado la vida de formas en las que otras personas lo único que hacemos en vez de dignificarla parece que es normalizarla.

–También es cierto que cuando tú dices la sociedad uno piensa más que nada en los medios, porque me da la sensación de que todos tenemos una cuerpa, una cuerpa gorda, una cuerpa más flaca, una cuerpa discapacitada, una cuerpa con edad, una cuerpa sin edad. Me parece que las subculturas somos muchas y la cultura general es muy poca, digamos. ¿Y por qué marcan esas normativas? A veces creo que son los propios medios, ¿verdad?
– Sí, creo que sí. Muchas veces es sin querer. No existe esta parte más de conspiración, pero creo que como seres humanos tomamos o dejamos de pensar muchas veces y vamos replicando lo que vamos viendo culturalmente. Nosotros todas y todos somos personas que de una u otra forma se construyen a imagen y semejanza de los padres, que nacemos en un contexto determinado y todo eso nos termina afectando. Luego replicamos esto mismo a lo largo de la vida, imitando lo que hay a nuestro alrededor, porque tenemos como seres humanos, una necesidad de pertenecer bien importante y esa necesidad de pertenecer parece que nos hace homologarnos a los demás. Termina siendo muy triste, porque aunque somos muy parecidos todos y justamente todos atravesamos la vida con una cuerpa y con la posibilidad del lenguaje o bueno mínimo la mayoría, nos olvidamos que lo más lindo es la diferencia. Y por eso a mí me interesa la literatura, cuando entendí que la literatura es abrazar la complejidad, entendí que era lo que quería pasar más tiempo de mi vida haciendo, abrazando esa complejidad, entendiendo que esas diferencias son las que nos construyen como seres increíbles.

–Hablas mucho de la literatura, ¿cómo ha sido escribir esta novela?
–Lo primero que para mí es importante hacer es notar es que esta historia la escribí por mí y para mí, porque yo tuve la suerte de poder vivir la pandemia sin necesidad de estar saliendo a trabajar constantemente y tenía tiempo. Tenía esta voz y la quise ir trabajando y entonces encontré a Cassandra a través de un podcast, me puse a hablar con ella y le dije, bueno, mira, yo tengo este proyecto, me interesaría utilizar, bueno, platicar contigo y utilizar las entrevistas que tengamos como base para esto y a ella le gustó mucho el proyecto. Siempre fui muy respetuoso con su tiempo, le pagué las conversaciones y fue un viaje hermoso para conocer a las personas que han estado antes que yo y que han permitido que yo exista. Fue un viaje como bien retador, porque para mí Cassandra me iba contando muchas historias en las que se le veía claramente afectada y era su cuerpa la que estaba realmente, la que había vivido esas historias y entonces empecé a pensar en cuáles son los mecanismos para transmitir esto y por eso no hablo de que esta es una historia basada en hechos reales, esta es una ficción. Entendí que la ficción es una tecnología que permite pasar la experiencia de una cuerpa a la cuerpa de los lectores o de las lectoras y eso era lo que me interesaba. Divido mi tiempo, a la mañana escribo y la tarde la paso haciendo digamos investigaciones de campo que permitan enriquecer el trabajo. Después tallerée un poco la novela con Pablo Simonetti, que tiene un ojo súper clínico y mi experiencia con él es la mejor del mundo. Él de hecho fue la persona que me contactó con Mayra que es mi editora en Alfaguara, porque no tenía absolutamente ningún conocido en la literatura y fueron realmente como una especie de padrinos y madrinas las que me abrazaron. También está María Fernanda Ampuero, que es una fuerza de la naturaleza y que me parece que me entregó de una u otra manera la clave para escribir algunos fragmentos en los que mi intención era justamente pasar esta experiencia para el lector y ella me ayudó mucho también en eso. Luego está Sabina Urraca, una escritora increíble española. Entonces el proceso realmente fue hermoso, fue muy cansado. Bueno, lo que me era cansado era no saber que esto podía tener un resultado allá afuera y era lo que más quería.

–¿Crees en las nuevas oportunidades? ¿Te parece que hay como cierta mirada esperanzadora en la novela?
–Sí, para mí era bien importante transmitir lo que veo en la vida de las mujeres trans con las que he podido convivir y con las que he podido hablar durante este proceso, que es que son personas que, que lo dice Camila Sosa Villada, pero lo dicen muchas más, que es que, bueno, la sonrisa será nuestra venganza o la felicidad será nuestra venganza y creo que realmente son personas que se vengan de las cachetadas que les da el mundo, sonriendo y siendo felices y para mí eso, esa era la parte más difícil de la novela, cómo escribir una historia bien cruda, muy sórdida, pero que tenga mucha esperanza, porque así son las vidas de las personas trans y de las trabajadoras sexuales.











