Cristina Rivera Garza

Estoy aquí, mis dos pies están tocando la tierra, hay posibilidad de hacer algo más: Cristina Rivera Garza

Probablemente además de misterioso este es un libro optimista en la carrera de Rivera Garza. No se lo animamos a decir, pero la firme voluntad de destacar la vida que es feliz, que es tranquila, donde uno percibe la belleza del mundo, es arrogante y permanente en este libro.

Ciudad de México, 3 de junio (MaremotoM9.- Este es el primer libro después de que la escritora Cristina Rivera Garza ganara el ansiado Pulitzer por El último verano de Liliana. Sin embargo, no evalúa los requerimientos de la editorial, presurosa a presentar un nuevo libro de la aclamada autora, sino que aclara que es un trabajo realizado antes del Pulitzer.

“Lo estaba escribiendo cuando me llegó la noticia del Pulitzer”, dice Cristina en entrevista con MaremotoM.

Terrestre (Random House) bien podría ser definido como un libro de palabras en completa libertad. Imaginativo, con estructuras narrativas audaces, Cristina Rivera Garza escribe aquí sobre trayectos terrestres que nos llevan a distintos lugares de México y el mundo y a distintos destinos del cuerpo. Es eso lo que más conmueve en el libro, un cuerpo unido a un universo. Las jóvenes protagonistas de estas historias avanzan acompasadas por rutas ignotas, inventando para sí nuevos modos de ocupar los espacios negados y en disputa, en un trabajo donde Rivera Garza regala un libro extraordinario sobre la amistad, la juventud y el poder de la transformación.

“Ya tenía por ahí varias cosas, todavía no tenía mucha ciencia cierta, ya estaba sospechando que estaba escribiendo un libro cuando llegó la noticia. Entonces Terrestre sí está relacionado con el Pulitzer, pero de alguna manera tiene su propia autonomía. En El Invencible Verano de Liliana, que como bien sabes ahí hubo el interés por explorar el mundo, las razones, las formas del feminicidio, pero también hacer un énfasis sobre la vida de Liliana, su autonomía, su libertad, su rebeldía” tiene su parentesco con Terrestre. Es esa parte luminosa, en movimiento, en constante cuestionamiento de su entorno, el que se va extendiendo aquí a Terrestre”, afirma Cristina.

Después del éxito y de la exploración sobre uno de los momentos más amargos de su vida y la nostalgia por su hermana Liliana, es honroso preguntarle cómo ve la reforma judicial y las elecciones del último domingo en México.

Ella cree que era necesario votar, aunque no tuvo tiempo de leer los informes. “Creo que es importante votar en pleno conocimiento de causa y bueno, te digo, por desgracia no tuve los materiales, el tiempo para hacerlo. Es todo lo que te puedo decir, de otra manera creo que sería irresponsable hablar sin un conocimiento profundo del asunto”.

Le digo a Cristina Rivera Garza que no dejo de maravillarme con su último libro, teniendo en cuenta que no sólo hace referencias propias, para mí, de escritores como Kafka, como Yourcenar, sino que corre un poco más la obra de la autora, rozando lo siniestro, mucho más lo misterioso.

Cristina Rivera Garza
Editó Random House. Foto: Cortesía

“Sabes que me interesaba mucho, después de un libro tan fuerte, tan grave, tan pesado, hablar de ambas cosas. Tenemos que poner un énfasis en eso, en lo grave de las cosas, en las circunstancias límite en las que vivimos en más de un sentido, pero también en lo que hace posible la vida cotidiana y la resistencia continua. Me parece que muchas de la atención o del abrazo que ha recibido El invencible verano de Liliana viene desde esa energía y creo que de otro modo habría sido muy difícil explicarse. Si todo fuera maldad y todo fuera poder establecido de arriba hacia abajo, sería muy difícil explicarse de dónde surge la energía y el asombro y la convicción de tantas generaciones de mujeres a lo largo de finales del siglo XX e inicios del XXI. Conectar con esa energía, reactivarla, traerla a colación en nuestro presente, es algo que me importa mucho”.

Probablemente además de misterioso este es un libro optimista en la carrera de Rivera Garza. No se lo animamos a decir, pero la firme voluntad de destacar la vida que es feliz, que es tranquila, donde uno percibe la belleza del mundo, es arrogante y permanente en este libro.

Cristina Rivera Garza
Probablemente además de misterioso este es un libro optimista en la carrera de Rivera Garza. Foto: Cortesía

“En muchos casos, esas vidas son formadas y puestas en tensión precisamente de conflictos, de violencia que se viven de formas muy distintas dependiendo del género, la clase, la raza, dónde estás, pero investigar acerca de la creatividad, de cómo generacionalmente nos las hemos agenciado para incluso en las condiciones más perversas y más terribles, seguir celebrando el paso por la vida, seguir diciendo estoy aquí, mis dos pies están tocando la tierra, hay posibilidad de hacer algo más. Me honra ser parte de una generación que pensó así y por otra parte aprendo muchísimo de estas nuevas generaciones que se han lanzado a la calle, que se han lanzado al lenguaje también con todo”, expresa

“Somos como aves dispuestas a que nos den un aventón también”, le cito una de las frases del libro y ella cuenta la vida de “las pájaras”.

“En ese texto tenía un registro muy realista y no sabía qué hacer con él, no me convencía y por casualidad llegó a mí el poema con el que inicio el epígrafe, el de Kim Hyesoon que tradujo Don Mee Choi y cuando lo leí dije: –justo esto es lo que necesito, es una condición de interrogación de la verosimilitud, un poco engarzándose con la fábula, también con estas narraciones que tratan de mezclar lo humano y lo no humano, un poco lo fantástico también ahí y sobre todo la libertad de la imaginación, la condición de pájara que creo que al menos como posibilidad está en todas nosotras, lleva a cielos imprevistos, lleva a finales que a lo mejor no esperamos y también a aperturas, posibilidades de ver el futuro de otra manera”, explica.

Le comento que Vivian Gornick acaba de decir que quien escribe ficción puede tener una voz no confiable y los que escriben no ficción necesitan una voz confiable. ¿Es una preocupación eso para Cristina Rivera Garza?

“Desde que escribí Nadie me verá llorar, una escritura de la que aprendí mucho, donde estaba leyendo estos expedientes de los pacientes internos y como la juiciosa joven historiadora que era, tenía que hacerme la pregunta de cómo es posible: ¿Puedo en realidad contar estas vidas? Eran vidas in extremis, eran vidas muy distintas a la mía, no sólo en otra época sino con condiciones de clase, condiciones de ubicación radicalmente distintas y desde entonces para mí la pregunta era esa: ¿Puedo yo? ¿Hay dentro de mí la amplitud de ser como para poder honrar, no sólo hablar de esto, no sólo contar estas historias sino honrar estas experiencias? Me hacía esas preguntas muy al inicio, pero son preguntas que no sólo han crecido conmigo, sino que han crecido con la discusión literaria que tenemos ahora. Esas preguntas que yo me hacía que iban entre la historia y la literatura, que no se hacían en ese entonces dentro de la literatura porque el argumento era que la ficción te daba permiso para hacer lo que quisieras, creo que son preguntas que con justa razón nos vuelven cautos. ¿Qué es lo que tú estás haciendo para poder realmente aproximarse a tal o a cual experiencia? La respuesta a la que le he llegado hasta el momento y que no necesariamente tiene que ser la única ni para mí ni para nadie, tiene que ver precisamente con el trabajo de investigación que para mí es un trabajo de cuidado, lo que yo hago de investigación, de documentos, de entrevistas, todo esto que lo hice también para Terrestre, es seguirme haciendo esa pregunta que tiene que ver con lo de ser la voz confiable, es la pregunta ética, si lo quieres poner en esos términos o la voz confiable si lo quieres poner en otros términos, pero a mí me parece que esa es la pregunta que nos vuelve escritores, que contestar o atravesar esa pregunta en todo caso es realmente la que te puede ayudar a decir con calma, soy escritora, puedo hacer esto”.

“Ayer decía en la presentación del libro que por fortuna los libros siempre hacen lo que se les da la gana y establecen contactos, abren sus puertas a personas, cierran sus puertas también, tienen una vida, quiero decir, una agencia que también les pertenece a ellos. Yo estoy muy agradecida que estos libros han encontrado su interlocución, no sólo en gente de mi edad, sino en esta maravillosa energía de chicas y chicos muy jóvenes”, agrega.

Qué pasa con las preguntas de los lectores. Leila Guerriero, por ejemplo, acaba de decir que ella jamás se preguntó si Silvia Labairú, en su hermoso libro La llamada, por qué quedó libre.

“Para mí son muy importantes las preguntas de los lectores. El libro tiene una vida cuando se cierra y se pone la cubierta y tú le pones la palabra fin, pero por fortuna el libro tiene múltiples vidas y cada una de esas vidas tiene que ver con las conversaciones de las que forma parte. Y ahí sí, como decía, ahí tú no puedes informar y no puedes decidir cuáles son las preguntas que le van a lanzar al libro desde la posición también creativa de la lectura. Me gusta ponerles atención. De hecho, esa raíz de haberles puesto atención a las preguntas que me hacían respecto al Invencible verano de Liliana las pasé a Terrestre. Hay una conexión en crear la escucha para esas preguntas que a lo mejor no me hice antes, pero que tienen su lugar en una conversación que continúa”.

¿Tendrá Terrestre un carácter ecológico? Hay una estela que tiene que ver con el cambio climático, con descubrir la belleza del mundo en esencia.

“Tiene que ver con las cosas que me han intrigado mucho con los cuerpos que tocan a la Tierra. Y claro, si estamos ya discutiendo estas materialidades y poniendo en juego personajes como plantas y animales y demás, pues está la pregunta de las posibilidades de la Tierra y está implícita, aunque no explícita, el cambio climático. Estructuralmente un interés mío de tener esta visión muy celular sobre cuestiones muy específicas del cuerpo y su contexto, su territorio, pero también no olvidar el gran angular, el macrocosmos, los planetas y la Tierra, que también nos tienen atados con estos distintos sistemas de gravedad. Son cosas en las que he estado pensando, leo mucho al respecto en términos de teoría, de filosofía, de crítica literaria y demás. Y a lo mejor esta es mi manera de poner todo eso que es muy abstracto, de ponerlo en lo que veo como mi oficio, ponerlo aquí en historia, de ponerlo en, como le llamo aquí, de ponerlo en una pieza de no ficción especulativa”.  

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