Me parece que lo hicimos bastante bien, es una antología, en toda antología hay altas, bajas, menos, más, pero creo que todos los cuentos son bien valiosos, que todos aportan algo. Podemos encontrar chispazos maravillosos y mi impresión es que todos los autores valen mucho la pena. Seguirles la pista, ¿qué es lo que va a pasar con todos ellos? Esa es la gran celebración de la antología, todas estas voces reunidas, como una especie de carta de presentación. Creo que eso es genial.
Ciudad de México, 21 de octubre (MaremotoM).- Elma Correa, una gran cuentista mexicana, nacida y residente en Mexicali, a menudo es considerada una narradora genial. Dice siempre que prefiere hacer un cuento perfecto que una novela truncada.
Es licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericana, maestra en Estudios Socioculturales y doctoranda en Sociedad, Espacio y Poder, por la UABC, donde también imparte clases. Fue becaria del PecdaBC en 2010 y 2018, del FONCA en 2014. Coordinadora y organizadora del encuentro internacional de escritores de Baja California Tiempo de Literatura.
También escribe crónica y sus textos se han publicado en revistas nacionales e internacionales, como Vice, Punto en Línea, Pez Banana, Shandy, El Septentrión, Tierra Adentro o emeequis y se han incluido en diversas antologías.
Ha recibido diversos premios entre ellos, el XX Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola y el Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí Amparo Dávila 2022. Compiladora de las antologías Vacunas contra la poesía (SCBC, 2020), el apartado mexicano de Frontera Norte. Antología de narrativa chilena y mexicana (Cinosargo, 2020), Ni una sola palabra (UANL, 2021) y Mexicanas 2 (Fondo Blanco, 2022). Que parezca un accidente (Nitro/Press, 2018). Mentiras que no te conté (Editorial Universidad de Guadalajara, 2021). Llorar de fiesta (Fomento editorial de la BUAP, 2022). La novia del León (Nitro/Press, 2024).
Ahora, por efecto de su labor docente, acaba de publicar Extrañamientos, un libro salido de su taller. En el grupo hay personas que van empezando y que esta es su primera publicación, pero también hay personas como Ana Fuente, con una trayectoria y premios y demás, que aportan muchísimo y elevan el nivel de las conversaciones. “Agradezco a Laura Baeza por su prólogo tan generoso y debo decir que está incluido un cuento póstumo de una artista de acá de Baja California, Ale Librada, que era una gran amiga y estuvo también en el taller. Se incluyó en la antología con permiso de su familia como parte de los esfuerzos por mantener vivo su trabajo y acercarlo a los lectores”, dice Elma Correa.
–La portada es espectacular, me encantó.
–Sí, híjole, es un proyecto bien bonito, estoy muy contenta y orgullosa de mis pollitos del taller y de lo que logramos con este libro.

–¿Cómo te sientes como maestra, como docente? Las dos profesiones las has llevado con muchísimo empeño, tanto la de escritora como la de docente y a veces no tenías ni tiempo para nada también por eso, ¿no?
–Claro, así es la cosa en el medio literario mexicano. Es difícil vivir de la escritura, vivimos de lo que está alrededor de la escritura y entre esas cosas está la docencia, la instrucción de taller. A mí me encanta dar taller, me gusta mucho, yo me formé como cuentista en talleres de escritura y jamás pensé que yo fuera capaz de hacer eso que hacían los profes con los que tomaba clase. Cuando empecé a hacerlo, dije, ah, claro, me gusta, trato de ser la profe que a mí me hubiera gustado, aunque tuve grandes maestros, pero me gusta hacer el ejercicio de intentar ser esa profe que yo hubiera querido tener y entonces genero con los grupos un espacio colaborativo donde aprendamos todos de todos. Ser un buen docente o ser un buen guía, no tiene que ver con ser un buen escritor, que suele ir por el dinero nada más, no le importan sus alumnos. Sabemos un montón de esos no docentes.
–Más allá de criticarlos o no, creo que hay como cierto placer en ser docente y me parece que tú lo tienes, ¿no?
–Sí, sí, me gusta mucho compartir, por ejemplo, como mis cuentos favoritos, los cuentos que a mí me volaron la cabeza, los cuentos que me hicieron entender cómo se escribe un cuento o cuentos que me dan envidia también, cuentos que hubiera querido escribir yo y que sé que soy incapaz de escribirlos, pero cuando los compartimos y los desmenuzamos y encontramos como todas las costuras y decimos, mira, así lo hizo, de esta manera se puede utilizar este recurso o esta otra cosa, este elemento particular en el cuento propio, son como chispazos como de lucidez y los disfruto mucho.
–Ahora, cuéntame qué es Extrañamientos, este, hay muy buenos cuentistas adentro, de eso ni hablar, pero cuéntame un poco qué es este libro, ¿es tu segundo libro de taller o el primero?
–No, es el primer libro que hice; la primera antología que surge de un taller, que se llama Vacunas contra la poesía, fue un taller presencial antes de la pandemia, que impartía acá, en mi pueblo, para la Secretaría de Cultura de Baja California. Este taller duró como dos años y entonces me acerqué al Instituto de Cultura de Baja California, les dije, oigan, pues esto es suyo, ¿no? Esto salió de aquí, ustedes me pagaron para dar este taller, estos son sus escritores y al final se publicó. Es una antología que también me gusta mucho, este ejercicio de Extrañamientos es totalmente diferente. Yo empecé a dar taller en línea en la pandemia y me fue súper bien, comencé a tener a mucha gente y tuve que abrir un montón de grupos. Ahora abro un taller cada verano y cada invierno, en las vacaciones, que es cuando tengo tiempo. Muchas personas, que estuvieron a lo largo de estos cuatro años tomando el taller, de repente, repetían, ¿no?, volvían a entrar y yo les decía: es el mismo taller, ¿para qué entras? Me sirve para otro cuento, me contestaban. En mi taller no leo, este, no reviso texto escrito, previamente, lo que hacemos es que yo les doy las bases, para que puedan escribir un cuento. Para mí es más cómodo, en lugar de tratar de arreglar algo que no tiene remedio y que muchas veces no lo va a tener, más bien les digo, mira, guárdate tu cuento, pasa por el curso y tú solito te vas a dar cuenta de que lo tienes que reescribir. Luego se juntó un grupo de puros egresados de mi curso, que querían como un segundo nivel del curso, querían como seguir trabajando conmigo, que yo los acompañara en sus escrituras y armamos un taller como semi permanente de un año. Nos veíamos una vez al mes y leíamos textos, los discutíamos, yo les daba consigna de escritura y tenían otro mes para escribir un borrador o lo que pudieran y la idea era que al terminar el año, todos tuvieran, pues, el esqueleto de un libro de cuentos. Fue una experiencia nuevísima y los más aplicados y súper nerds, terminaron sus doce cuentos. Fue como muy natural decir vamos a armar una antología y todo fue un ejercicio como súper horizontal y súper democrático. Todos tomamos las decisiones entre todos, propusimos títulos y se votó, propusimos portadas y se votó, entonces, al final, pon tú que, que, pues, hay gente a la que no le encanta el título, a gente a la que no le encanta la portada, pero son las que ganaron. Decidimos solventar nuestra publicación, dividirnos el tiraje, ir por esta vía autogestiva. Son 16 autores de todo el país, hay gente que vive en Ciudad de México, hay gente que vive en Oaxaca, gente de acá del norte, este, una morra que vive en Texas, otra morra que vive en España.
–Es una risa porque yo le digo Entrañamiento en lugar de decir Extrañamiento, que es el verdadero título. Está el tema del tiempo también, ¿no? Las nuevas generaciones quieren ya todo, el libro, el cuento, ¿no? Rapidito. Eso es tremendo.
–Sí, pues hay que también ir navegando todas estas cuestiones, ¿no? Me parece que lo hicimos bastante bien, es una antología, en toda antología hay altas, bajas, menos, más, pero creo que todos los cuentos son bien valiosos, que todos aportan algo. Podemos encontrar chispazos maravillosos y mi impresión es que todos los autores valen mucho la pena. Seguirles la pista, ¿qué es lo que va a pasar con todos ellos? Esa es la gran celebración de la antología, todas estas voces reunidas, como una especie de carta de presentación. Creo que eso es genial.

–No voy a decir que eres tú la única que escribe ahí, pero sí reconozco que cada vez que pensamos en Mexicali, decimos Elma Correa. Después de tanto éxito que has tenido el año pasado y el otro se ubica como cierto lugar literario
–Ay, muchas gracias, Moni. Fíjate que me emociona mucho que me digas esto, porque yo me reconcilié con mi pueblo. Durante mucho tiempo en mi vida, como persona, no como escritora, digamos, detestaba Mexicali. Soñaba con una vida menos provincial. Yo decía, se equivocó la cigüeña, tenía que haber nacido en Nueva York, en otro lugar, así, más padre, y además en una familia rica. La pandemia me reconcilió con Mexicali, me reconcilió con mi casa, a mí me picaba mi casa, yo nunca quería estar en mi casa, pobre Saúl, te amo, mi amor, mi hijo, quería hacerlo todo afuera. Ahora descubrí que tengo un hogar. Disfruto tanto estar en mi casa, no quiero ir a ninguna parte, no quiero que nadie me hable, este, es más, tampoco que ni vengan, no, no, son bienvenidas, amigas de mi vida, todas son bienvenidas en mi casa, este, pero, creo que eso también se nota es bien loco, ¿no? Porque como es algo, es algo íntimo, es algo personal, es algo de mi vida privada, pero que se nota hacia afuera, por ejemplo, en las cosas en las que escribo ahora, ¿no? En cómo en mis cuentos hay una relación distinta con el espacio, distinta con la geografía, este, distinta con, con mi ciudad y me gusta mucho.
–Acaba de salir un libro de cuentos por Nitro Press, La novia del león y también acaba de salir también Lo simple, Premio Bellas Artes. Cada libro que sacas tiene un premio muy importante. ¿Qué estás haciendo ahora?
–Escribir, escribir, cuando pueda, ¿no? Trabajar, ya sabes cómo es esto, sigo dando clases, este, cuidar a mi perrito, mis gatitos, a mi hijo. Acabo de terminar un libro de cuentos, al que le tengo mucha fe, lo quiero mucho.











