Fernando Yacamán

FERNANDO YACAMÁN Y EL DEMONIO QUE NOS HABITA: LITERATURA, DIVERSIDAD Y RESISTENCIA

Con prólogo del novelista Elmer Mendoza, la obra no se limita a un registro de lo homoerótico, sino que explora la violencia en los pueblos, la relación con la muerte y la posibilidad de lo fantástico como territorio de resistencia.

Ciudad de México, 30 de agosto (MaremotoM).- El escritor Fernando Yacamán acaba de publicar El demonio que nos habita, un libro que reúne cinco cuentos, una novela corta y un texto dramático. Una propuesta arriesgada y poco común en un panorama editorial que suele compartimentar los géneros, pero que para Yacamán responde a una necesidad creativa: experimentar, expandir el horizonte narrativo y descubrir nuevas voces en sus personajes.

Con prólogo del novelista Elmer Mendoza, la obra no se limita a un registro de lo homoerótico, sino que explora la violencia en los pueblos, la relación con la muerte y la posibilidad de lo fantástico como territorio de resistencia.

“Yo me siento más cuentista”, confiesa Yacamán, “pero también me interesan la novela y los textos dramáticos. Cada lenguaje abre otras posibilidades y permite que la historia crezca de distintas maneras. Por ejemplo, La orilla del sueño empezó como un cuento y luego lo llevé al terreno dramático: descubrí nuevas facetas de los personajes que de otra manera hubieran quedado ocultas”.

Esa exploración genérica revela también una voluntad de no encasillarse, de huir de etiquetas, tanto literarias como identitarias.

En la conversación, Yacamán se muestra crítico con el concepto de “literatura gay”:

“Ojalá llegue un momento en que ya no se hable de literatura gay o heterosexual, sino de literatura a secas. Entiendo que hoy las etiquetas pueden servir para dar visibilidad, pero también generan sesgos. Se convoca a festivales de cine gay o poesía lésbica y se termina aislando en lugar de integrar. Al final, lo importante es abrirnos a todas las experiencias humanas”.

Fernando Yacamán
Una publicación de Somos Voces. Foto: Cortesía

Esa visión lo lleva a cuestionar clichés, como la idea de que un escritor gay debe hablar solo de relaciones entre hombres. En su libro, hay cuentos de parejas heterosexuales, de vínculos eróticos con la muerte, de violencia en comunidades rurales. “Cuando escribo, no pienso en ‘voy a escribir algo gay’, sino en contar una historia que nace de lo que observo y vivo”, explica.

Los pueblos como escenario y resistencia

Uno de los ejes de El demonio que nos habita (Somos Voces) es el retrato de los pueblos de México. “Me encanta recorrerlos con Ignacio, mi compañero. Nos metemos en las cantinas, en los mercados y ahí aparecen personajes fascinantes. En Xico, por ejemplo, vi cómo un hombre afeminado, al que le gritaban la roja, se volvía centro de atención y objeto de burla. Para mí, él representaba una resistencia estética: existir con su forma de ser en un entorno tan cerrado”.

Sobre la diferencia entre ciudad y pueblo, Yacamán matiza: “En la Ciudad de México hay violencia, pero es más abierta; en los pueblos sigue siendo más opresivo. En aplicaciones de ligue, por ejemplo, casi nadie pone foto, todo es más oculto. Persiste el machismo y la burla hacia homosexuales, lesbianas o trans”.

Fernando Yacamán
Fernando Yacamán mezcla lo homoerótico con lo siniestro. Foto: Cortesía

El autor se detiene en los prejuicios que arrastra la sociedad. Habla de hombres casados que reprimen su sexualidad y buscan fugas clandestinas, del cliché de que “ser gay es acostarse con cualquiera” y de la presión actual hacia una “domesticación” de la diversidad sexual:

“Sí, ahora podemos casarnos y tener hijos, pero a veces parece que solo si seguimos la heteronorma somos aceptados. Está bien casarse por temas legales, pero también debemos reivindicar la diversidad, lo múltiple. Lo que molesta es cuando la sociedad heterosexual dice: ‘Copia lo que yo hago, arma tu casita, tu camioneta, tus hijos’. Es una imposición de su modelo de vida”.

Más allá de la identidad, lo que gobierna en Yacamán es la devoción por la literatura. “No necesariamente tengo que hablar de sexo, aunque sí lo hago, pero mi verdadera religión es la literatura”, afirma.

En ese sentido, su aporte busca abrir caminos poco explorados: “Me interesa la literatura fantástica con paisajes homoeróticos y oníricos. No es que lo esté inventando, pero no encuentro muchas referencias y quiero recorrer ese camino. Eso es lo que puedo aportar: juntar lo fantástico con lo gay, con lo humano”.

Antes de despedirse, Yacamán sonríe ante la posibilidad de dar un taller sobre esos cruces: lo fantástico, lo erótico, lo diverso. “Me encanta dar talleres”, dice. La conversación se cierra con la misma calidez con la que presentó su libro: con un abrazo a la literatura y a la vida.

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