Es cierto que Diego Rivera amó profundamente a Kahlo, pero después de su muerte él quiso volver a casarse con Lupe y ésta lo mandó a la fregada. Los nietos la adoraban. Lupe amaba a Xavier Villaurrutia y odiaba a Salvador Novo, aunque en este caso creo que Novo se pasó con las ofensas a Marín.
Ciudad de México, 2 de octubre (MaremotoM).– La Biblioteca Elena Poniatowska que afortunadamente publica Planeta, le da el turno a Dos veces única, la novela que la escritora le dedica a Lupe Marín (1895-1983), esposa de Diego Rivera y después de Jorge Cuesta (1903-1942), autor insigne de Los Contemporáneos. Es probablemente una de las mejores novelas de Poniatowska.
Elena Poniatowska (París, Francia, 1932), autora de La noche de Tlatelolco, de Leonora y La piel del cielo, Premio Cervantes 2013, presentó su biografía novelada de Lupe Marín en 2015, la primera esposa de Diego Rivera (1886-1957) y madre de sus dos hijas, Guadalupe y Ruth, una mujer central en la vida del muralista, quien si bien profesó un amor genuino por la pintora Frida Kahlo (1907-1954), dependió en forma endogámica de Lupe, un personaje al que la historia no le ha hecho justicia real.
Diva y musa por derecho propio, esposa legendaria, cocinera magnífica, madre tormentosa y viuda trágica, María Guadalupe Marín Preciado, Lupe Marín (1895-1983) fue testigo excepcional y parte indispensable de algunas de las vidas extraordinarias que dieron forma al arte mexicano del siglo XX.

Casada con Diego Rivera y con el poeta y crítico Jorge Cuesta, el más connotado de los escritores del grupo Contemporáneos, Lupe Marín vio refulgir su obra y la de otros creadores como Frida Kahlo, Rafael Coronel, Xavier Villaurrutia y Juan Soriano, además de ejercer una influencia poderosa sobre sus hijos y nietos, herederos de un legado tan brillante como imperioso.
–¿Cómo encontró ese equilibrio para retratar a una mujer que es al mismo tiempo tan entrañable como tremenda?
–A través de entrevistas a sus nietos y sobre todo a su hija, Lupe Rivera, que ataca muchísimo a su madre. Dice que su madre les pegaba, que le decía a su abuela: -Ahí te mando a esas putas, a esas putitas, por sus dos hijas. Con quien de veras Lupe Marín fue terrible fue con Antonio, el hijo que tuvo con Jorge Cuesta. Antonio hizo unos poemas buenísimos en contra de su madre; buenísimos en el sentido de que es buena poesía, pero aterradores por lo que dicen.
–La relación entre Jorge Cuesta y Lupe es rara…
–Bueno, ella nunca leyó nada de lo que escribía Jorge Cuesta. Sí se enamoró. Lupe, al regresar de Europa, de un viaje que le pagó Diego, quien siempre la ayudó y la mantuvo, buscó a Jorge Cuesta para pedirle una noche de placer y luego de la separación, ella intentó regresar a la vida con él, pero Cuesta no quiso, fue él el que dijo basta. Había sufrido mucho. Intentó ser buen padre de las dos hijas de Diego y sí logró que al menos Ruth lo quisiera. Cuando él murió, Ruth colocó una gran manta de flores sobre su féretro.
–La tragedia de Jorge Cuesta está tan bien narrada en su novela que dan ganas de saber mucho más de ese hombre que murió tan joven…
–Sí, es verdad, murió muy joven porque atentó contra sí mismo. Quería morirse a como diera lugar. Publicó poco, a pesar de que creo que fue el mayor crítico literario que ha tenido este país. Octavio Paz no lo incluyó en su antología de poesía, desafortunadamente…por lo que es un personaje prácticamente desconocido de nuestra cultura. Un hombre solitario enamorado de Mae West, como esos que iban al Fru Fru a ver a Irma Serrano.
–¿Investigó mucho para su novela?
–Sí, es la ventaja de ser periodista, que no te da nada miedo investigar, sean las horas que sean. Investigas y escribes mucho más de lo que en realidad publicas. De pronto tienes hojas y hojas y sólo usas un renglón para la novela.
–Lupe Marín lloró mucho la muerte del poeta Xavier Villaurrutia
–Es cierto, pero fue también ella la que dijo que Villaurrutia mantuvo una relación homosexual con Jorge Cuesta. Así era en esa época entre esa gente, todos se guacamoleaban con todos.
–¿Quiere usted a Lupe Marín?
–Sí, de otro modo no me hubiera matado haciendo ese libro sobre ella. Yo la quiero. ¿No se nota?
–Sí, pero…
–Sí, es un libro duro, lo sé. Un libro tremendo sobre una mujer poco común, que se vestía con ropa que ella misma se confeccionaba, ropa de seda, modelos que sacaba de la revista Vogue, nunca vestidos de la tradición indígena, que detestaba. Donde fue más feliz fue en Europa, donde se sintió totalmente reconocida y además tuvo de enamorado nada más ni nada menos que a Luis Cardoza y Aragón.
–La novela también muestra cierta grandeza de Frida, que la acepta a Lupe como un miembro más de la familia
–Bueno, lo que pasa es que Frida la necesitaba, porque la que sabía dar de comer, la que sabía recibir, era Lupe, quien por otra parte no quería nada a la Kahlo. Decía que olía a petate quemado y a mariguana. Mi intención por otra parte con esta novela era defender un poco a Lupe contra Frida, porque Frida se la tragó totalmente. Es cierto que Diego Rivera amó profundamente a Kahlo, pero después de su muerte él quiso volver a casarse con Lupe y ésta lo mandó a la fregada. Vamos a ver qué dicen sus nietos de la novela. Ellos la adoraban. Lupe amaba a Xavier Villaurrutia y odiaba a Salvador Novo, aunque en este caso creo que Novo se pasó con las ofensas a Marín.

–Los nombres tan importantes que usted menciona en la novela hablan de un México grande en lo cultural.
–Es el México fascinante que no se compara para nada con el actual. Somos muy inferiores a lo que pudimos ser y hemos sido. Hemos ido de bajada, cayendo en un precipicio que se llama Ayotzinapa, que se llama los 43 estudiantes desaparecidos. Mira aquí, donde hacemos esta entrevista [la librería Rosario Castellanos, en la colonia Condesa de la Ciudad de México], parece una tumba, no hay nadie, ya nadie lee, a nadie le interesan los libros.
–¿Qué piensa de la noche de Ayotzinapa?
–Que todos sabemos que la zona es un narcoestado, que hay muchas carencias, que es un estado imposible dentro de nuestra República. Hay gente que habla muy mal de las escuelas normalistas y que dice que sólo sirven para formar guerrilleros. Yo digo que lo que hay es pura muerte de hambre, no tienen ni dónde dormir. Si hubieras visto, duermen en cartones, con las mochilitas recargadas sobre la pared, es un abandono absoluto. Oye, si se hacen guerrilleros, tienen toda la razón. Y no es cierto que se hagan guerrilleros. Lo que es cierto es que ni maestros tienen.
–Fue con Juan Villoro…
–Sí, nos queremos muchísimo. Fuimos juntos a Alemania. Creo que ahora en México no hay intelectual más importante que Juan Villoro. Se lleva de calle a todos. Encima es guapo, alto y excelente persona. Nada vanidoso.
–¿Por qué es tan amenazante un estudiante para el poder?
–No lo sé. Sólo sé que es ridículo considerar amenazante a un estudiante. Claro que allí salen a pedir y toman camiones, porque no tienen con qué, no tienen nada. No hay nada.
–Y su libro La noche de Tlatelolco se sigue leyendo mucho…
–No sé por qué. Pero yo sigo haciendo una gran cantidad de periodismo. Crónicas, investigaciones, reportajes, porque en México casi no hay necesidad de convertirse en novelista, lo que sucede con una crónica basta. Con que escribas el asesinato de Luis Donaldo Colosio, cuentes cómo se murió (en 2014) su viuda Diana Laura, la que se negó a que Carlos Salinas le tomara el brazo en el funeral de su marido, ya tuviste una tragedia de monstruosidades como de William Shakespeare.
–¿Lee mucho?
–Sí, para mi trabajo leo mucho. Pero también oigo mucho. Yo soy periodista, siempre lo digo. Me choca la diferenciación que hacen cuando dicen que una persona subió no se adónde cuando dejó el periodismo y se dedicó a la literatura. Hay un desprecio tremendo por el periodista, lo dejan esperando, ahora no lo pueden hacer por la grabadora, pero había el tiempo en que el periodista era acusado de cambiar todas las declaraciones. Yo no fui, fue el periodista, decían. Que los periodistas inventaban todo, me choca eso. Eso es una mezquindad.
–Pero hay algo que los periodistas no pueden hacer y eso es encontrar una voz narrativa poderosa como la que tiene Lupe Marín en su novela. ¿Cómo encontró esa voz narrativa?
–Esa es una pregunta inteligente que no puedo responder. No lo sé. El personaje de pronto aparece y te empieza a comer. Hubiera querido recuperar esa forma de Jalisco en el habla, pero eso ya no me salió. Los de Jalisco dicen las cosas de forma muy bonita.
–¿Cómo hace tantas cosas?
–¿Qué haría yo si no escribiera? Ni modo que me vuelva corista, bailarina o Tongolele, ¿qué puedo hacer? Si no escribiera mi vida sería muy difícil. Tal vez no podría seguir viviendo.











