A sus 56 años, Cantona mantiene la mirada furiosa de quien no está dispuesto a transigir. Sus palabras recuerdan que el fútbol, ese deporte global que mueve pasiones y fortunas, no es neutro: refleja y reproduce las luchas del mundo. Y si los dirigentes se empeñan en callar, siempre habrá un exjugador como Eric Cantona dispuesto a gritar.
Ciudad de México, 19 de septiembre (MaremotoM).- Eric Cantona nunca se ha callado. Ni cuando fue el delantero indisciplinado que hizo temblar a defensas y dirigentes en el Manchester United, ni ahora, convertido en actor, referente cultural y crítico frontal de las injusticias. Su más reciente declaración ha sacudido al mundo del deporte: el francés exige que Israel sea excluido del próximo Mundial de Fútbol.
La postura no sorprende. Ya en el pasado Cantona había advertido que no vería la Copa de Qatar 2022 porque, según sus palabras, “murieron personas construyendo estadios. Es horrible. Qatar no es un país de fútbol”. Hoy, su denuncia vuelve a poner en entredicho la relación entre la FIFA y los regímenes señalados por violaciones a los derechos humanos.
“He jugado con Francia, con el Manchester United y sé que el futbol internacional es más que un deporte. Es cultura, es política, es poder blando. Cada país se representa a sí mismo, ha llegado el momento de suspender a Israel de ese privilegio; cuatro días después de que Rusia empezara la guerra en Ucrania, la FIFA y la UEFA suspendieron a Rusia, ¿por qué esta doble moral?”
Cantona no sólo habló como exfutbolista, sino como una figura que entiende al futbol como una plataforma política y cultural. Lo interesante es que eligió el escenario del concierto solidario —junto a Brian Eno y otros artistas británicos— para subrayar la contradicción de los organismos internacionales: sancionar rápido a Rusia, pero mantener a Israel en todas las competiciones pese al genocidio en Gaza.

Nacido en Marsella en 1966, Eric Cantona fue llamado King Eric y, a la vez, “loco”. Su fútbol veraz y apasionado rompió con la rigidez británica en los años noventa. Bajo la tutela de Alex Ferguson en el United, pasó de ser un genio indisciplinado a ídolo absoluto de Old Trafford. Lo comparan con Maradona no sólo por su talento, sino por su rebeldía: un jugador capaz de defender a los oprimidos y de enfrentar a los poderosos sin temor.
La patada a Matthew Simmons, un hooligan fascista del Crystal Palace, lo convirtió en leyenda. “Patear a un fascista fue lo mejor que hice en toda mi carrera”, confesó años después. Suspendido durante nueve meses y obligado a realizar trabajo comunitario, Cantona se consolidó como símbolo de resistencia popular. Para las élites, era un problema; para la gente, un héroe que se negaba a agachar la cabeza.
Alejado de las canchas, Cantona ha mantenido su estilo directo en el cine y la televisión. En Buscando a Eric de Ken Loach, se interpretó a sí mismo como una suerte de ángel de la guarda. En Recursos inhumanos, serie basada en la novela de Pierre Lemaitre, encarnó a un hombre desempleado atrapado en el engranaje despiadado del neoliberalismo. Su actuación, tan cercana a su propia biografía de luchador contra la marginación, le otorgó un nuevo público y reforzó la imagen de artista comprometido.
Su carisma también lo llevó a ser rostro publicitario de Nike y protagonista de campañas memorables, además de narrador de The United Way, documental sobre la época dorada del Manchester United. Además de protagonizar un videoclip de Liam Gallagher.
Cantona no separa el balón de la política. Como ya denunció las muertes de trabajadores en Qatar, ahora exige sanciones contra Israel por el genocidio en Gaza. “El fútbol no puede ser cómplice del crimen”, habría declarado en entrevistas recientes. Su voz se suma a la de artistas, deportistas y activistas que ven en la FIFA un organismo más preocupado por negocios que por justicia.
A sus 56 años, Cantona mantiene la mirada furiosa de quien no está dispuesto a transigir. Sus palabras recuerdan que el fútbol, ese deporte global que mueve pasiones y fortunas, no es neutro: refleja y reproduce las luchas del mundo. Y si los dirigentes se empeñan en callar, siempre habrá un exjugador como Eric Cantona dispuesto a gritar.











