Se fue el Flaco, tanguero, nochero y de contar anécdotas jugosas. Se fue el mejor técnico de la historia del fútbol argentino y un gran polemista, que no se callaba nunca lo que pensaba. En realidad no se fue, sigue vigente en un fútbol argentino que le debe mucho y que la historia seguramente le pagará, aunque sea tarde. Está en cada gambeta y cada rabona. En el toque a ras del piso. La pelota llora, pero el Flaco está ahí porque es inmortal.
Ciudad de México, 5 de mayo (MaremotoM).- Se nos fue un pedazo grande la historia del fútbol argentino. Falleció el Flaco, César Luis Menotti, el primer técnico Campeón del Mundo con la selección Argentina y un tipo con una claridad conceptual muy grande y una gran capacidad intelectual.
El fútbol argentino le debe al Flaco, no solo su primer título Mundial, sino el haber creado una organización (que como decía Juan Domingo Perón) venció al tiempo y le permitió a la AFA (Asociación del Fútbol Argentino) y al fútbol argentino todo un crecimiento que parecía imposible.
Como jugador Menotti fue un mediocampista ofensivo, con mucha calidad y con un remate poderoso en su pierna derecha. Nacido en Fisherton, un barrio de clase media alta de la Ciudad de Rosario, su padre era político peronista y tenía en su casa una Unidad Básica (así se llaman los comités políticos en el Justicialismo), por lo que el fútbol y la política los mamó desde muy chico. Su tía fue María Estela Martínez de Perón, Isabelita, la primera mujer que fue presidenta en la Argentina, algo que nos develó en una nota hace más de dos décadas. Empezó su carrera América de Fisherton y después de dos pasos por Argentino de Marcos Juárez en Córdoba y por la liga de Carcarañá, llegó a Rosario Central (el club de sus amores) con 22 años. Jugó solo 6 partidos en reserva y lo hicieron debutar el 3 de julio de 1960 nada menos que ante Boca, jugando de delantero centro. Central ganó 3 a 1, pero el Flaco no hizo ningún, aunque se ganó un lugar en el primer equipo, donde estuvo 4 años hasta pasar a Racing en 1964 y un año después a Boca. En 1967 fue al incipiente fútbol de Estados Unidos para jugar en el New York Generals y un año después se fue al Santos, armando dupla con un tal Pelé, un año después pasó al Juventude de Brasil donde terminó su carrera en 1970, con 32 años.
Ese mismo año comenzaría su gloriosa carrera como director técnico en Newell’s Old Boys (el rival histórico de Rosario Central) como ayudante de campo de uno de sus ídolos y compañero de Central, Miguel Antonio Juárez, más conocido como el Gitano. Con él también fue a Huracán un año después y allí se quedaría con el puesto de técnico principal, armando un equipo maravilloso que en 1973 logró el único título profesional que tiene el equipo de Parque de los Patricios. Un equipo que el año pasado cumplió 50 años y que tenía en Miguel Ángel Brindisi y Carlos Babington a sus dos principales figuras, aunque también estaban Omar Larrosa (que después sería campeón del mundo en el 78); Jorge Carrascosa, Alfio Basile, Roque Avallay y un tal René Orlando Houseman, un jugador exquisito.
Después del fracaso de la selección Argentina en el Campeonato Mundial 1974 lo llaman para dirigir la selección y el acepta con la condición de armar una oficina de selecciones permanente, porque hasta ese momento se armaba una selección cuando había un evento y eran muchos más los jugadores que no aceptaban jugar, que los que aceptaban, debido a la pérdida de prestigio del seleccionado y la improvisación. Debuta el 12 de octubre de 1974 en un amistoso ante España en Buenos Aires, que empatan 1 a 1. Por la falta de tiempo Menotti elige poner la defensa de Boca y el mediocampo y ataque de Huracán, mechando algunos jugadores de otros clubes.
A partir de allí empieza su trabajo en la selección donde arman un calendario de partidos con vistas al Mundial 1978 que se iba a hacer en la Argentina. En el medio de su trabajo hay un golpe militar y la dictadura interviene la AFA, haciendo elegir como presidente a Alfredo Cantilo, que lo primero que hace es confirmar al técnico y darle total libertad para trabajar. El técnico tiene un dilema moral, si seguir o irse, pero decide seguir porque “Ningún equipo de fútbol puede derribar a una dictadura”.
La historia del fútbol argentino con él cambia radicalmente. De campeones “morales” (terminó que se usaba cada vez que la selección quedaba eliminada de un torneo internacional), pasa a ser Campeón Mundial en 1978 y un año después en Japón, Campeón Mundial Juvenil con un equipo maravilloso donde brillaba un tal Diego Armando Maradona, tomándose revancha con un técnico que lo había hecho debutar en la selección mayor, pero lo había descartado en la última lista para el Mundial 78.
El Flaco recupera el origen del fútbol argentino. Un fútbol que admiraba desde chico y por eso explicó que “hay que ganar con la nuestra”, jugando con la pelota al piso y buscando los espacios para atacar en forma permanente. En esa época, Menotti deja algunas frases de su idea futbolística para la posteridad: “Para poder entrar, hay que saber salir” o el término de “pequeñas sociedades” en cada sector de la cancha. A las que agrega con los años “Para ser profundo hay que ser ancho” o “Es mejor llegar que estar”.
En 1982, en medio de la Guerra de las Malvinas, viaja al Mundial de España con una selección con grandes nombres (Maradona, Passarella, Fillol, Ardiles, Ramón Díaz, Bertoni y hasta un jovencísimo Valdano) pero no le va bien, quizás porque los jugadores no podían concentrarse en el fútbol cuando morían compatriotas en las Islas sureñas.
Julio Grondona le ofrece seguir pero en otras condiciones de trabajo y económicas y no acepta, siendo reemplazado por Carlos Salvador Bilardo, quien se vuelve en su enemigo acérrimo por el estilo y la filosofía de juego, de quien logra el Mundial 86 en México, con el mejor Diego Maradona de la historia.

Menotti se va de la selección al poderoso Barcelona, que también había contratado a Diego Maradona, quien no se adapta al Ciudad Condal y además sufre una grave lesión por una patada descalificadora de Andoni Goikoetxea (que solo fue famoso por eso). Con las puertas cerradas en la AFA donde Grondona está peleado a muerte con él, Menotti dirige entre otros al Atlético de Madrid, Peñarol de Uruguay Sampdoria de Italia, pero también a Boca primero y a River después y hasta a su amado Rosario Central.

Después de fallecer Grondona, el actual presidente Claudio “Chiqui” Tapia le ofrece y acepta con casi 80 años ser el Director General de las Selecciones Argentinas y su último aporte a la selección fue apoyar a Lionel Scaloni y rodearlo de compañeros con mucha fama e historia en Mundiales como Walter Samuel, Pablo Aimar y Roberto Ayala. Este cuerpo técnico es el que logra en 2022 el Mundial de Qatar y todos le agradecen al Flaco, no solo su confianza, sino sus consejos y la libertad que les dio para trabajar. Allí seguirá, con altibajos de salud, hasta su muerte a los 85 años. Un lugar que él creó y de donde nunca se debió haber ido.
Se fue el Flaco, tanguero, nochero y de contar anécdotas jugosas. Se fue el mejor técnico de la historia del fútbol argentino y un gran polemista, que no se callaba nunca lo que pensaba. En realidad no se fue, sigue vigente en un fútbol argentino que le debe mucho y que la historia seguramente le pagará, aunque sea tarde. Está en cada gambeta y cada rabona. En el toque a ras del piso. La pelota llora, pero el Flaco está ahí porque es inmortal.











