Meruane presenta su nuevo libro, La avidez, donde explora el deseo, la ansiedad, la ambición, la codicia. Los sentidos materiales y metafóricos de esta palabra a través de una multitud de madres e hijas insaciables, de hermanas incisivas, de amigas y amantes afiladas así como de hombres salvajes y animales cuya hambre alimenta el amor y el odio, la miseria y el castigo, el resentimiento, el perdón, forman parte de este libro, editado por Páginas de Espuma.
Ciudad de México, 18 de diciembre (MaremotoM).- La FIL en Guadalajara fue en esta última edición, algo fantástico. Es cierto que una visión superficial, veíamos las luchas que entre Planeta y Penguin Random House para reinar en la Expo, pero si nos íbamos de esa guerra que no tiene nada que ver con la literatura, encontrábamos a autores increíbles, entre ellos, a la chilena Lina Meruane.
Nacida en Chile en 1970, su obra de ficción incluye los relatos reunidos en Las Infantas y Avidez y cinco novelas –Póstuma, Cercada, Fruta podrida, Sangre en el ojo y Sistema nervioso– traducidas a doce lenguas.
Entre sus libros de no ficción se cuentan los ensayos Viajes virales y Zona ciega, así como el ensayo personal Palestina en pedazos (versión ampliada de su anterior Volverse Palestina), el ensayo lírico Palestina por ejemplo y la diatriba Contra los hijos. Ensayo general, en tanto, reúne sus textos ensayísticos más breves. Ha incursionado en la dramaturgia con una adaptación teatral, Un lugar donde caerse muerta y una obra dramática: Esa cosa animal. Ha recibido los premios Metropolis Azul (Canadá 2023), Cálamo (España 2016), Sor Juana Inés de la Cruz (México 2012), Anna Seghers (Berlín 2011) y becas de escritura de la Fundación Guggenheim (USA 2004), la NEA (USA 2010), la DAAD (Alemania 2017) y Casa Cien Años de Soledad (México 2021), entre otros. Enseña escritura creativa en la Universidad de Nueva York (USA). En 2023 obtuvo el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso, que otorga la Universidad de Talca.
Me da mucha emoción encontrarla, aunque también un poco de nerviosismo. Pensar en Palestina, en el genocidio judío, es también pensar en Lina, en sus parientes y en su visión que tiene un tanto de sentido común. ¿Cómo no protestar frente a la sangre de los miles de niños que han perdido la vida en “defensa de Israel”?
Meruane presenta su nuevo libro, La avidez, donde explora el deseo, la ansiedad, la ambición, la codicia. Los sentidos materiales y metafóricos de esta palabra a través de una multitud de madres e hijas insaciables, de hermanas incisivas, de amigas y amantes afiladas así como de hombres salvajes y animales cuya hambre alimenta el amor y el odio, la miseria y el castigo, el resentimiento, el perdón, forman parte de este libro, editado por Páginas de Espuma.

–Un libro de cuentos que tienen bastantes años, ¿verdad?
–Sí, 30 años. El primero es del 2000. Estuve viviendo una temporada en Madrid, conocí a Juan Casamayor. En un momento Juan me pregunta si no tengo unos cuentos por ahí. Le dije que sí, pero lo que no sabía es si tenía “un libro” de cuentos. No pienso sólo en la extensión, sino más bien en la conversación interna que puedan tener los textos unos con otros. Me interesa mucho la estructura del libro. Me metí en mis archivos de todo lo que había escrito y me encontré, para mi sorpresa, con que había una cantidad importante de cuentos, que eran 12, sobre el tema del hambre y de otras pulsiones que necesitan desesperadamente satisfacerse. Y entonces sí tengo un libro y se va a llamar Avidez. Me parece que esa es una palabra grande, incluye un repertorio de sentidos que van más allá del hambre material y que llegan hasta las pulsiones obsesivas. Siento que en cada uno de esos cuentos hay esa tensión y una cierta velocidad que creo que está en toda mi escritura.

–Una tensión y una velocidad que se caracterizan con el tiempo de ahora. Fundamentalmente por las guerras que creo que lo que tapan, es precisamente el hambre.
–Bueno, es que estamos en un momento de mucha hambre. Pensaba en ese libro de Martín Caparrós, que hace esta investigación rigurosa e impresionante, incluso diría excesiva en su largura, pero para dar una dimensión precisamente de lo contrario, que es la escasez. Y de estas guerras genocidas que estamos viendo, puntualmente en la Palestina, una de las estrategias de destrucción de la generación más joven es precisamente la de la hambruna.
–No vamos a combatir a la hambruna, vamos a cerrar las fronteras para que mueran de hambre
–Es una cuestión, bueno, lo más cercano a un campo de exterminio desde la Segunda Guerra Mundial. No es que mi libro responda puntualmente a ese problema, porque realmente, como te digo, es un libro que tiene mucho tiempo. Sin embargo, creo que la cuestión del hambre es una cuestión que hemos visto como latinoamericanos. Las miserias del hambre en el periodo de los 70, cuando había tanta desnutrición en Chile. Yo soy hija de médicos, sabía de la desnutrición. Luego los periodos de crisis de los tiempos de la dictadura. Las madres con los niños llorando por hambre. Esas violencias contra la infancia y las infancias que violentan para sobrevivir. Todo eso está un poco atravesando el imaginario del libro.
–Acabo de hacer precisamente unos ensayos para un libro de un cineasta que se llama Rafael Rangel, quien acaba de hacer su película sobre Gaza. Es una película cruda y me estaba contando que ayer la volvió a ver y hoy tiene fiebre, que no puede volver a verla…

–Sí, porque resulta que cuando fue ese periodo atroz del Holocausto, la gente ni siquiera se enteraba de lo que estaba ocurriendo en el crematorio del lado. Hay una película sobre este tema.
–Sí, Zona de interés, basado en el libro homónimo de Martin Amis, de Jonathan Glazer…
–La gente entonces no podía reaccionar porque no había evidencia. La evidencia era difusa y además está siempre el discurso oficial que niega todo. Y es fácil, digamos, refugiarse ahí, pero resulta que este es un genocidio que estamos viendo las 24 horas del día, si elegimos hacerlo, a través de las redes sociales. Que ya no a través de los medios oficiales. Que ya no a través de los periódicos. ¿Cómo no responder a esa situación tan cruenta? Realmente, me parece una forma de complicidad con esos silenciamientos. Es más cómodo mirar al lado, es más cómodo seguir con la vida. Es más cómodo olvidar que hay gente muriendo. Y que está muriendo porque hay un Estado que está actuando de manera impune, saltándose todas las leyes internacionales, todos los convenios, siendo asistido por un país como Estados Unidos, que además de no ponerse nunca en los acuerdos internacionales a favor de las víctimas y de los derechos humanos, sigue además solventando la economía y pasando armas y más armas a España. España por lo menos tiene un discurso un poco menos de violencia y la ciudadanía está un poco más esperanzada. Convocada por lo menos por estos crímenes.
–Es muy difícil hablar esto contigo porque has hecho un libro maravilloso que se llama Palestina en pedazos y en ese libro eras un poco esperanzada, digamos, de lo que iba a pasar en el futuro. ¿Qué examen haces sobre ese libro ahora?
–Este es un libro que fui escribiendo a lo largo de 10 años y cuya edición, digamos, es cerrada, por así decir, porque ya no puedo seguir aumentándole páginas a esa escritura. Habrá otras escrituras, yo creo, pero no esa. Se llama ahora Palestina en pedazos. Antes se llamaba Volverse palestina. Hablo siempre de mi proyecto palestino porque realmente es algo que me convocó políticamente y con lo que sigo pensando y trabajando. En efecto, me impacta que todo aquello que escribí a lo largo de 10 años y que dejé de escribir en el 2018, de alguna manera me explicaba el procedimiento del genocidio, que lleva 75 años. Era un genocidio lento, que no llegaba necesariamente a los titulares y que ahora se ha acelerado y se ha vuelto exponencial y visible e impune. Entonces, es como un libro que a mí me preparó para pensar este momento. Están todas las herramientas ahí. Es como una cajita, un libro muy diverso porque tiene, por un lado, la memoria familiar de la migración y la diáspora palestina en las Américas y sobre todo en Chile, donde vive esa gran comunidad palestina, la más grande fuera del mundo árabe. Luego también es un viaje en el que el lector está invitado a mirar lo mismo que estoy viendo. También tiene un segmento, digamos, al medio de la versión actual que es una reflexión sobre el lenguaje de este conflicto. Y de lo que ha pasado en la historia de este conflicto. Y esa parte de ese libro es como una cajita de herramientas para pensar el problema, no sólo del problema del genocidio en Palestina hoy, en lo que estamos viendo ahora, sino que para pensar una serie de otros problemas que tienen que ver con la migración, con el tratamiento del migrante, con la deshumanización del otro, con la manera en que hablamos y que usamos las palabras para tapar la realidad en vez de para exhibirla en su cruenta realidad.

–Ahora presentas este libro, Avidez, supongo que estarás con muchas sorpresas que no me vas a decir para el futuro
–Sorpresas no tengo ninguna. Este es un año de varios textos breves. Entonces está por un lado la compilación de Avidez, estoy muy contenta, por supuesto. Escribí uno especialmente para esta colección que se llama “Reptil”. Me alegró mucho la publicación del libro, verlo ya como una obra, es lindo, estoy agradecida, digamos, de ese esfuerzo que es publicar un libro de cuento por parte del editor. También hay una pequeña crónica sobre crecer en dictadura que se llama Señales de nosotros, que es sobre el no haber sabido que una vivía en dictadura cuando era niña y estaba en un colegio en el que no se hablaba de política y en una casa donde no se hablaba de política y en un país donde se tapaba, digamos, la violencia política. Una reflexión muy crítica sobre ese lugar de ciertas infancias protegidas como la que tuve. Entonces está eso, luego hay un libro que acaba de salir a propósito del premio José Donoso, el Libro Americano de Letras, que es una especie de autobiografía, un relato de los temas que he trabajado a lo largo de mi obra. También está Coloquio de las Quiltras, que es un ensayo feminista. Realmente ha sido un año como de demasiada exposición, además de la reedición del libro palestino, que ahora además me han invitado mucho a hablar de él, entonces siento como que se hubiera publicado seis libros este año.
–¿Has vuelto a Nueva York?
–Sí, sigo enseñando en Nueva York, pero ahora solo la mitad del año. La cosa es que ha sido como un momento que no es una sobreproducción en el sentido de que no he escrito tanto, pero se han recogido textos y se han ampliado y se han publicado, que estaban ahí, como en las carpetas de la computadora. Estoy bastante agotada, ha sido un año realmente brutal. Y hay una novela que hace rato quiero escribir, pero no he tenido el tiempo y espero que el 2025 sea el año de esa novela. Pero bueno, ya veremos, porque uno propone y el diablo dispone.











