“Escribir una novela es como lanzarse al mar sin cera en los oídos, dispuesto a oír el canto de las sirenas”, cita a Blanchot. “La literatura me ha dado una aventura tan fascinante como la bebida, pero mucho más duradera. La aventura de la escritura”.
Ciudad de México, 10 de julio (MaremotoM).– Con la sabiduría que solo otorgan los años entregados a las letras y a la enseñanza, Gonzalo Celorio habla con claridad, sin grandilocuencia, pero con la contundencia de quien ha vivido la literatura desde todos sus ángulos: como escritor, maestro, ensayista, editor, lector y testigo de generaciones.
“A esta altura todos nos dicen maestro, pero antes que cualquier cosa, soy escritor”, afirma.
Sin embargo, no reniega de esa otra vocación que ejerció durante casi 50 años en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM: “Ser profesor no es otra cosa que aceptar que uno seguirá estudiando toda la vida. Es el mayor escenario para el aprendizaje”.
Recientemente galardonado con la Medalla Vasconcelos, Celorio reflexiona sobre su trayectoria, sus convicciones y sobre el idioma español como patrimonio vivo y diverso.
MAESTRO, PERO TAMBIÉN VAMPIRO
Desde 1969, Celorio ha impartido clases, primero en el IPN y luego, por décadas, en la UNAM. Enseñó con libertad total, con hambre de lectura y con lo que él mismo llama “una vocación vampiresca”:
“Chupaba la sangre juvenil de mis alumnos. Me nutría de su entusiasmo, de su mirada fresca. Enseñaba lo que yo quería aprender. Fue un privilegio”.
Aunque su retiro fue obligado por razones de salud y por el hartazgo de las clases en línea, su relación con la docencia es irrompible.
“Transmitir el placer de la literatura ha sido mi convicción fundamental. Y darme cuenta de que ese placer es contagiable, me ha hecho sentir profundamente realizado”.
VOCACIÓN LITERARIA, NO DE REBOTE
Cuando ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras, aún llegaban muchos estudiantes “rechazados” de otras carreras. Pero ese modelo cambió durante su gestión como director:
“Hoy, quien estudia letras, filosofía o historia lo hace por verdadera vocación. No es una opción secundaria, sino una elección vital”.
Defiende la idea de que las humanidades no son necesariamente profesionalizantes, sino academizantes: “En ciencias o letras, el deseo es seguir ahí. Investigar, estudiar. Aprender toda la vida.”

La Medalla Vasconcelos, otorgada por el Seminario de Cultura Mexicana, lo llena de satisfacción por dos razones: por el nombre que la respalda y por la institución que la entrega.
“Vasconcelos es una figura controvertida, sí, pero su legado es enorme. Encabezó las dos instituciones que marcaron mi vida: la SEP y la UNAM.”
También valora la labor del Seminario como una cruzada contra el centralismo cultural:
“Ese centralismo ahora está descentralizado: cada estado reproduce su propia capitalidad. Pero el espíritu vasconcelista sigue vigente al llevar la cultura a todos los rincones”.
Como lingüista apasionado, Celorio lanza una afirmación provocadora pero lúcida: “Más que de la conquista, la lengua española es la lengua de la independencia.”
Sostiene que fueron los misioneros quienes hicieron catequesis en lenguas indígenasy que fue la República quien relegó esas lenguas. Reconoce la diversidad del español, pero celebra su unidad:
“Lo milagroso es que con tantos millones de hablantes y un territorio tan extenso, no tengamos lenguas neoespañolas, como pasó con el latín. Seguimos entendiéndonos.”

HAGO NOVELAS SUCIAS, POR ESO ME FASCINAN
Su defensa de la novela es apasionada, sin concesiones: “La novela es el género más sucio que existe. Se nutre de todo: crónica, ensayo, lírica, diálogo, historia, por eso me interesa tanto.”
Admite que sus novelas mezclan la autobiografía con la ficción. Que la novela, muchas veces, le revela cosas que ni él mismo sabía:
“Una vez descubrí que una abuela mía había tenido un amante yoruba en Cuba. Me lo reveló la novela, no la biografía.”
Y en esa mezcla libre, encuentra también el poder del ensayo, al que describe —citando a Alfonso Reyes— como “el centauro de los géneros”:
“Tiene datos, conocimiento, rigor, pero también imaginación, juego, libertad. Es un género viril e ingobernado, como debe ser.”
“Escribir una novela es como lanzarse al mar sin cera en los oídos, dispuesto a oír el canto de las sirenas”, cita a Blanchot.
“La literatura me ha dado una aventura tan fascinante como la bebida, pero mucho más duradera. La aventura de la escritura”.











