Gustavo Rodríguez

GUSTAVO RODRIGUEZ: PERÚ ES EL LUGAR QUE MÁS AMO Y QUE MÁS ME HACE SUFRIR

Rodríguez no idealiza; observa con ironía y compasión, con la misma claridad con la que ha retratado en otras obras las desigualdades y contradicciones del Perú contemporáneo. En ese sentido, Mamita dialoga con Cien cuyes, pero desde un registro más íntimo: si aquella novela miraba la vejez desde la sociedad, esta la mira desde el amor filial.

Ciudad de México, 22 de octubre (MaremotoM).–En la literatura de Gustavo Rodríguez hay una mirada obstinada hacia el origen. Desde Cien cuyes, con la que obtuvo el Premio Alfaguara de Novela en 2023, hasta su más reciente libro, Mamita (Alfaguara, 2025), el escritor limeño ha encontrado en las relaciones familiares un territorio de interrogación moral, afectiva y literaria.

En esta nueva obra, el autor de La furia de Aquiles y La risa de tu madre se enfrenta a su propia genealogía: una historia íntima, contada con humor, ternura y lucidez, que cruza la memoria personal con la reflexión sobre el acto de escribir.

Esta vez, Rodríguez mira hacia atrás: hacia su madre, su linaje y el Perú que habita en su memoria. El resultado es una novela que entrelaza la reconstrucción familiar con la reflexión sobre la escritura, el paso del tiempo y las raíces.

Después de todo este gran viaje mediático, necesitaba refugiarme nuevamente en la literatura, volver a la soledad”, dice Rodríguez. “Hace diez años acompañé a mi mamá a una ceremonia donde el Banco Central de Reserva presentaba una moneda con la imagen de un palacio que mi abuelo había construido junto al Amazonas. En ese momento pensé: ‘Le debes esta historia a tu madre’”.

La deuda se convirtió en Mamita, una novela que surgió, según el autor, con la naturalidad de lo inevitable. “Cuando terminó la gira del Premio Alfaguara, revisé las anotaciones que tenía guardadas desde hacía una década y la historia fluyó. Era el momento de contarla”.

La novela como regalo

En Mamita, un escritor debe narrar la historia de sus abuelos y su madre, una mujer de casi noventa años. Rodríguez confiesa que el impulso fue también un gesto de amor: “Mi madre no conoció a su padre. Fue hija póstuma y siempre lo mitificó. Me pareció un bonito regalo entregarle ese pasado, traerlo al presente, devolvérselo en forma de novela. De hecho, en la vida real, fue lo último que leyó”.

El libro alterna los recuerdos familiares con la ficción. “Cuando uno decide escribir sobre su familia, el pudor aparece. Pensé: ¿a quién podría interesarle mi historia? Por eso el reto fue hacerla interesante, plantear la deuda con mi madre como el centro narrativo. Lo que es memoria y reflexión es autobiográfico, pero lo anecdótico es ficción. Creé un escritor parecido a mí, que se rompe una pierna y debe ser trasladado por un chofer mientras intenta escribir la novela que le debe a su madre. Eso le da ritmo y humor, y dialoga con mis otras obras: en casi todas hay viajes, desplazamientos, movimiento”.

Las palabras del Perú

Rodríguez celebra su lengua con fidelidad al habla peruana. “Cuando uno abre un libro, abre una ventana a otro país y a otra realidad. Si cuando viajamos no pedimos que la gente hable como nosotros, ¿por qué cambiar eso en los libros? Es una muestra de respeto hacia el lector. Yo confío en que los lectores son inteligentes y pueden comprender lo que nombro”.

El autor reivindica la diversidad del español y rechaza las imposiciones lingüísticas: “Durante años leímos traducciones llenas de palabras muy españolas y las aceptamos sin problema. No veo por qué no pueden aceptar nuestra manera de hablar. Estoy en contra de esa visión colonialista que dicta cómo debemos expresarnos”.

Gustavo Rodríguez
Editó Alfaguara. Foto: Cortesía

La madurez del tiempo

Mamita es también un ajuste de cuentas con la historia familiar. Rodríguez revisa, con una mirada más madura, las relaciones de poder y de clase que marcaron la vida de sus abuelos. “De niño escuchaba a mi abuela contar su historia con este hombre poderoso, mi abuelo, y no entendía la asimetría entre ellos. Cuando creces y sabes cómo funciona el mundo, te das cuenta de lo que implicaba esa diferencia. Escribir la novela fue también una manera de revisar un siglo de historia social y racial en nuestras sociedades”.

Gustavo Rodríguez
Perú es muy emotivo. Foto: Cortesía

En su respuesta más emotiva, Rodríguez define lo que significa su país: “Perú es el lugar que más amo y que más me hace sufrir. Es un estado de ánimo, una mochila extra que se lleva. Ser peruano implica tener un oficio adicional al de vivir para poder sobrellevarlo. Es un país tan hermoso, tan rico culturalmente y tan lleno de calidez, pero también tan desordenado, tan poco institucionalizado, que se sufre, pero se goza”.

Una literatura en ebullición

Rodríguez ve con entusiasmo el momento literario de su país: “Hay una generación de escritores pos-Vargas Llosa muy interesante: Jeremías Gamboa, Renato Cisneros, Juan Manuel Robles, Alexis Iparraguirre, Ricardo Sumalavia, Enrique Planas, Katia Adaui, Claudia Ulloa Donoso, Rafael Dumett… ‘El espía del Inca’ es, para mí, la novela peruana más contundente del siglo XXI”.

También celebra la irrupción femenina: “No podemos abstraernos del fenómeno que pone en su lugar a las mujeres en este oficio. Están saliendo escritoras muy potentes como Miluca Benavides o María José Caro. La literatura peruana goza de buena salud, como la latinoamericana en general: somos la región más desigual del mundo, pero también una de las más felices y cálidas”.

En Mamita, Gustavo Rodríguez vuelve a su territorio más íntimo: la familia, la memoria y la identidad. Lo hace con una prosa cercana, confesional y profundamente humana. Una novela que, más que contar una historia, intenta preservar una voz antes de que el tiempo la borre.

Gustavo Rodríguez nació en Lima en 1968. Ha publicado las novelas La furia de Aquiles (2001), La risa de tu madre (2003), La semana tiene siete mujeres (2010), Cocinero en su tinta (2012), República de La Papaya (2016), Te escribí mañana (2016), Madrugada (Alfaguara, 2018) y Treinta kilómetros a la medianoche (2022), y el volumen de relatos Trece mentiras cortas (2006). También es autor de libros infantiles y juveniles que se leen en las escuelas, y de Machista con hijas (2021), basado en su pódcast homónimo, que ha tenido un marcado éxito en Iberoamérica. En Traducciones Peruanas (2008) se reúnen varios de sus artículos publicados en El Comercio.

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