Hace muchísimos años yo trabajaba en Canal 22 como reportera y una compañera fue a entrevistar a Leonora Carrington y entonces teníamos mucha curiosidad de saber cómo le había ido a Griselda en esa entrevista. Y nos contó y nunca se me olvidó. Dice que llegó y le hizo así la pregunta: Maestra, ¿usted tiene alguna hora especial para pintar? Leonora le dijo: Mire, yo no soy un señor, yo pinto cuando tengo tiempo, yo no tengo quien me planche las camisas.
Ciudad de México, 28 de mayo (MaremotoM).- Mónica Nepote, poeta, escritora y editora. Autora de los libros de poemas como Hechos Diversos y La voz es mi pastor. Recibió el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta, en 2003. Su práctica de escritura cruza la exploración de formatos y códigos visuales, electrónicos y performáticos. Entre 2013 y 2021 empezó y participó en el proyecto de E-Literatura, del Centro de Cultura Digital, dedicado a la difusión de piezas digitales. Actualmente realiza una investigación en torno al tema persona no humana, ambientalismo y escritura. Ha editado el libro Trabajadoras, con la que recientemente ganó el Premio Xavier Villaurrutia.
–Una de las primeras cosas que quería preguntarte es el gran consenso que ha tenido el Premio Xavier Villaurrutia
–Es bien interesante. Ha sido muy emocionante ver este consenso, o sea, este acompañamiento y tiene que ver también con el gran trabajo de investigación que hay detrás del libro Trabajadoras. Ha quedado también claro el trabajo que yo hacía desde otro lugar. No tanto desde la escritura, sino como divulgadora o como investigadora de tecnologías y de escrituras digitales y de ciberfeminismos. En algún momento derivó hacia una preocupación ambiental y una creación también como de espacios en donde pensar con el planeta. Siempre he dicho que la poesía tiene, al ser la escritura este contenedor, se van a enojar mucho conmigo los poetas por decirlo así, pero como esta estructura, que está tan fuera de la estructura, es decir, no es novela, no hay un mercado alrededor suyo, hay un capital simbólico, pero no hay como una competencia ni una infraestructura editorial detrás que sostenga la poesía. Por un lado, la padecemos porque los lectores y la circulación de la poesía es lenta y los lectores, de repente, pues, son minoritarios. Pero al mismo tiempo, al espacio en sí, al espacio del poema o al espacio de la escritura de la poesía, le da una enorme libertad y la vuelve una zona tanto de resistencia. No quiero decir ataque, sino de detonante. Es un espacio desde donde se lanzan un montón de propuestas. Cabe la experimentación, cabe la reflexión, cabe el pensamiento, cabe la economía, cabe la sociología, cabe el arte, desde luego cabe la estética, la música y la literatura misma. Eso es lo que me parece un lugar para habitar la poesía. No tenemos editores que nos presionen para decir que tienes que hacer un libro de poesía que venda tanto como tu anterior o que vamos a hacer una película de tu libro de poesía. Es un género, en ese sentido, muy libre y muy abierto. Y por otro lado, vamos a hacer el acento en lo que está sucediendo, en la fuerza que hay en el estado de salud de la poesía en México y en la cantidad de voces, particularmente de mujeres, hay una generación de escritoras jóvenes que apuesta desde la poesía, desde esa enunciación y encontrar en la poesía formas y temas y concurrencias y experimentaciones que me parece que nos indica que está llena de vida. Este espacio de libertad, de resistencia, de encuentro, de juego.

–También veo la soberbia de los novelistas, esa cosa de que cuando hablamos de sus novelas, les muestro algún libro de poemas que indica el mismo tema, que lo ha hecho antes y terminan con cierta desconfianza. Cuando empezamos a estudiar literatura no había géneros, todo tenía que ver con todo…
–Es bien interesante lo que planteas y me quedo pensando. Lo que fue la novela en el siglo XIX y era un espacio también de esa época. Pero eso es algo como que de repente lo olvidamos y cuando en el siglo XX se convierte también en este espacio de solidez, en la novela están vertidas las grandes voces y las grandes problemáticas, pienso desde novelones así como La montaña mágica y haré especial énfasis en las narrativas masculinas, las narrativas escritas por hombres.
–Sí, Madame Bovary, por ejemplo. Si la hubiera escrito una mujer, sería algo totalmente distinto
–Exactamente y también preguntarnos qué era lo que escribían las mujeres. Qué eran los libros que se les permitía, cuando se les permitía escribir, porque bueno, también estaba todo este dispositivo de alejamiento de las aulas. No eran las que recibían la preparación, las mujeres estaban detrás del señor Flaubert, haciendo todo para que la casa funcionara y el escritor pudiera estar sostenido sin preocuparse. Me voy a desviar un poco como para contar una anécdota y luego regreso. Hace muchísimos años yo trabajaba en Canal 22 como reportera y una compañera fue a entrevistar a Leonora Carrington y entonces teníamos mucha curiosidad de saber cómo le había ido a Griselda en esa entrevista. Y nos contó y nunca se me olvidó. Dice que llegó y le hizo así la pregunta: Maestra, ¿usted tiene alguna hora especial para pintar? Leonora le dijo: Mire, yo no soy un señor, yo pinto cuando tengo tiempo, yo no tengo quien me planche las camisas. Si Leonora Carrington nos dice esto es que es una verdad a gritos. Tenemos que hacer muchas cosas al mismo tiempo. Cuando tienes hijos, pues estás en la crianza y tienes que darles de comer. Tu idea maravillosa y genial se tiene que detener. La pones en pausa y algún día regresarás. Volviendo a la idea de la novela en la que cabía como estas grandes reflexiones, de los hombres pensadores, pues también es otra, si pensamos en la tradición de novelas escritas por mujeres.

–¿Qué pasa con el lector? Porque me cuesta mucho leer a mujeres. Lo digo con muy poco orgullo. Ya tengo ese código de lector formado a partir de los hombres y es muy poco saludable a veces preguntarme qué estoy leyendo
–Bueno, tenemos amigas que llevan años leyendo solo a mujeres y me parece muy bien. La razón por la que leo a hombres es porque leo no solo a hombres. Voy tras ciertos temas y me gusta mucho leer teoría. Yo soy muy mala lectora de novelas y soy mucho más acuciosa de la teoría. Ahora mismo estoy investigando muchos temas que tienen que ver con cuestiones ambientales, con lo no humano, con pensamiento desde las Américas. También creo que hay que mirar con sospecha y una distancia crítica los sucesos del mercado. La cadena del libro también busca vender y eso está muy bien, no digo que esté mal, pero si uno quiere buscar como, al menos en mi caso, como esto que yo llamo así como las narrativas de la teluria, esto que sacuda, no está en la novela que lanzó la editorial. Eso tiene que ver con la crisis en la que entró el libro, con todo el asunto de la transformación digital y como con todo este regateo que se hizo de bueno, si el libro va a desaparecer o no va a desaparecer, al final lo que sucedió es que surgieron muchas editoriales independientes o sellos que tienen apuestas bien interesantes. El tipo de escrituras que me interesa son las escrituras híbridas y creo que por ahí también va mi trabajo. Estas escrituras difíciles de clasificar, que no se sienten cómodas en un solo género. Pienso en Cynthia Rimsky y este tipo de escrituras así medio ensayística, autobiográfica, como que se liga también con el tema de viajes que hace, que me parece bien interesante. El trabajo de Yásnaya Aguilar Gil, es ensayo y es pensamiento. Sara Uribe, por ejemplo, que está desde la poesía, pero que también tiene esta lectura de Rosario Castellanos, que acaba de sacar muy recientemente. O Marina Azahua. Te estoy hablando de libros que están circulando ampliamente. Te hablo de María Sánchez, que es una poeta española que me gusta mucho su trabajo y que también pasa a la prosa. Lo que me interesa son también estas trayectorias donde las autoras o les autores van cambiando y a veces hacen un libro de poesía o luego hacen un libro como híbrido o luego hacen uno testimonial, ensayos. Encuentro muchísima riqueza en eso. La idea de que una novela es lo que vende es una idea que detrás de eso hay una automatización. Entonces vamos a hacer novelas y las editoriales producen una serie y a ver cuál es la que pega.
–El libro por el que se te premió es Las trabajadoras, un libro chiquito, un libro en una editorial súper independiente, que sería bueno que después de esta nota todo el mundo fuera a comprar
–Lo que quiero resaltar, algo que me hace muy feliz, es que Las trabajadoras esté en este sello llamado Heredar, que es una cooperativa a la que llegué por invitación de Rafael Mondragón, que es un amigo muy querido, a quien conozco desde hace mucho tiempo, cuya reflexión y cuyo pensamiento me interesan mucho. Todo el equipo de Heredar se propuso hacer este trabajo. Empezó con el primer libro que sacaron como editorial fue un libro sobre las mujeres adolescentes en Ecatepec, ¿no? Discípulas de Manuel Amador, que es un profesor que trabaja con las chicas allí. en Ecatepec. Estas mujeres jóvenes hicieron performances para sobrellevar la desaparición y el feminicidio de muchas de sus compañeras. Heredar, a partir de ahí, tuvo claro por dónde iba a ir su línea de pensamiento y eso me da muchísimo orgullo y mucha alegría y felicidad que Las trabajadoras hayan llegado a esa casita. Lo importante para el libro era llegar a compartirlo. De lo que se trata el libro es como del lenguaje común que se comparte entre mujeres a través del hilo y la aguja. Voy a ponerlo así como en esas imágenes arquetípicas. Ursula K. Le Guin dijo en algún momento que la primera tecnología había sido el hilo y la aguja. Hilar también es un gesto de sobrevivencia, de cuidado, somos una especie que no tiene pelaje, que no tiene plumas, somos totalmente vulnerables y lo que nos cubre es lo que nos protege del exterior.
–Una de las últimas preguntas que te quería hacer era precisamente me parece a mí que este año hubo muchos libros de poesía para premiar. Está el de Eduardo Milán, que es una maravilla, está el de León Plasencia, que es otra maravilla, y a mí me da la sensación de que todo haya sido premiado, nos obliga a los lectores a ver todos estos libros y a pensar que la literatura va por la poesía…
–Las preguntas de León, las preguntas de Eduardo, son otras sin duda y algunas veces nos encontraremos y en otras pues cada voz va por ahí por su lado, pero en efecto hay un estado de salud, hay una sobrevivencia también de la escritura.











