Julieta García González

JULIETA GARCÍA: NO HAY QUE HUMANIZAR A NINGÚN ANIMAL, PERO TAMPOCO VERLOS COMO INFERIORES

Con historias personales, anécdotas extraordinarias y referencias que van de Emily Dickinson a Charles Dickens, pasando por artistas, monjas y perros actores, García González analiza un vínculo que ha acompañado a la humanidad por siglos.

Ciudad de México, 13 de agosto (MaremotoM).– En Perros y personas. Una historia de amor (Reservoir Books), Julieta García González ha escrito algo más que un libro para amantes de los canes. Es una obra que combina memoria, divulgación y literatura, pero sobre todo es —en palabras de la autora— “una carta de amor a ese lazo inexplicable y poderoso entre humanos y perros”.

Con historias personales, anécdotas extraordinarias y referencias que van de Emily Dickinson a Charles Dickens, pasando por artistas, monjas y perros actores, García González analiza un vínculo que ha acompañado a la humanidad por siglos.

“Yo no quiero que los perros sean niños ni parientes, no quiero que ocupen un lugar que no les corresponde. Quiero que tengan su existencia de perros, que puedan ser ellos mismos. Si entendemos eso, creo que podemos respetarnos más a nosotros mismos también. Nos humaniza reconocerlos como lo que son”, afirma con convicción.

Julieta García González
Editado por Reservoir Books. Foto: Cortesía

Respeto y mirada no antropocéntrica

Para la escritora, la tendencia a humanizar a los animales parte de una visión que históricamente los ha separado de “nosotros, las personas”. Una división que, desde la Ilustración, ha sido usada para justificar explotación y exterminio.

“Durante siglos hemos tenido una relación utilitaria con ellos. En el siglo XX eso se volvió exponencial con las granjas industrializadas. Ha sido algo horrible y loquísimo, que tal cual nos deshumaniza. Estoy 100% de acuerdo con Andrés Cota —autor de Fieras interiores— en que ponernos como superiores a todos los organismos finalmente nos hace más inferiores y nos empobrece la experiencia humana”.

La autora subraya que este respeto no implica distancia emocional, sino un vínculo consciente: “Formamos parte de este entorno. No hay que humanizar a ningún animal, pero tampoco verlos como inferiores. Hay que darles chance de ser ellos, en sus espacios. Eso nos haría mejores a todos y nos haría menos narcisistas”.

Ciencia y literatura: dos herramientas para la empatía

Aunque García González es conocida por su narrativa breve, este libro se nutre también de su acercamiento a la ciencia. El cambio se dio cuando vivió en Baja California Sur y comenzó a frecuentar una biblioteca universitaria donde abundaban libros de biología marina y escaseaban los de humanidades.

“Aprendí a leer ciencia dura sin haber estudiado la carrera. Estaba cerca de alguien que estudiaba biología marina y empecé a leer mucha divulgación científica, mucha investigación. La ciencia, cuando está bien hecha, se pregunta cosas y busca responderlas. Cuando los perros me empezaron a obsesionar como sujetos, no como mascotas, entendí que necesitaba sustento científico para mis preguntas”.

El resultado es un libro que combina investigación y sensibilidad. “Lo literario te ayuda a sentir empatía, lo científico a entender. Yo necesitaba ambas cosas: transmitir fascinación y, al mismo tiempo, ofrecer un sustento sólido. En el libro hay bibliografía puramente científica junto a historias personales. No quería quedarme solo en la anécdota”.

Aprender de los perros

En sus páginas, García González también invita a considerar lo que los humanos podemos aprender de los perros. “Ellos tienen una intuición que no pasa por nuestros filtros: miedos, prejuicios, apariencias. Son mucho más perceptivos a ciertas cosas. Hay quienes dicen ‘mi perro supo que yo estaba triste’ o ‘mi perro supo que alguien había muerto’. No es magia, es una sensibilidad distinta. Si nos diéramos chance de no filtrar todo, podríamos abrirnos a una percepción diferente”.

Relata la historia de Benito y Adela, dos perros que compartieron su vida y que sabían, con absoluta precisión, cuándo su esposo Gerardo iba a llegar a casa, incluso sin horarios fijos: “Podían faltar diez minutos y ya estaban en la puerta. No tengo idea de cómo lo percibían. No era un hábito, no había señales evidentes, pero lo sabían. Claro que distinguen quién hace qué en la casa, quién los consiente más. Ellos lo tienen clarísimo”.

Un punto de inflexión en su carrera

La autora reconoce que Perros y personas marca un nuevo rumbo en su escritura. “No son cuentos ni novela. Estoy muy fascinada ahora con el ensayo. Este libro desbloqueó muchas cosas para mí. Estaba un poco atorada y de pronto sentí que me liberaba de algo, que podía volver a escribir con más ganas: ensayos, cuentos, novelas. Es una deuda que tenía conmigo misma y también con los animales”.

Para Julieta García González, este proyecto no busca construir un mito nuevo en torno a los perros, sino devolverles su lugar legítimo en la vida humana: ni humanizados ni reducidos a utilidades, sino reconocidos como compañeros de historia, emociones y experiencias. “Los perros no son una moda ni un fenómeno reciente. Están con nosotros desde hace siglos, y si los miramos bien, quizá podamos aprender a mirarnos mejor a nosotros mismos”.

Comments are closed.