Kike Ferrari

KIKE FERRARI Y LA NOVELA COMO MÁQUINA DE LECTURA

Si estás leyendo esto (FCE): un revólver, la Biblioteca Nacional y una travesía por las tradiciones de la literatura argentina

Ciudad de México, 15 de octubre (MaremotoM).- La literatura argentina siempre vuelve al origen para discutir su presente. Kike Ferrari lo sabe y por eso construyó Si estás leyendo esto (Fondo de Cultura Económica) como un artefacto que dialoga con Borges, con el policial, con la vanguardia y con esa zona impura donde las bibliotecas se mezclan con el barro de la calle.

Un revólver se convierte en motor de la intriga; el subsuelo de la Biblioteca Nacional funciona como territorio simbólico; Adrián y Paula, lectores antes que detectives, se lanzan a una pesquisa que, más que resolver un crimen, intenta descifrar un linaje de lecturas. La novela pasea por el policial, el western, el terror y lo fantástico y convierte cada nota al pie en un guiño, cada título en una pista.

Antes de pasar al diálogo, conviene escuchar el pulso del propio Ferrari: “Esta es la novela de mis obsesiones; la que pone sobre la mesa lo que aprendí de mis maestros y de mis relecturas. No busco hacer un libro contra la academia, busco proponer otra lectura: la del lector apasionado que armó su canon en librerías de viejo”. Ese gesto de pasión no escolar atraviesa toda la conversación.

Kike Ferrari
Editó el Fondo de Cultura Económica. Foto: Cortesía

—Esta novela parece reunir todas tus obsesiones, como si hubieras decidido volcarlas de una vez.

—Sí. Esta es mi novela de tirar todas mis obsesiones al pie de la mesa. Me encontré con lectores que comparten esos vaivenes de la literatura y esa necesidad de codificarlos. Sentí que en este libro podía poner cómo leo y cómo miro la literatura.

—Nombrás a Piglia de un modo entrañable y lo dedicás a él. ¿Qué te dio su lectura?

—Este es mi libro de Piglia. No lo pienso desde un plano académico, sino desde lo que aprendí de su manera de leer y mirar. Así como en otra novela puse en valor lo que aprendí de Paco Taibo, aquí pongo lo que heredé de Piglia: el método, la trama como lectura, la idea de que la ficción invade la realidad.

—Marcás distancia con la academia sin convertir eso en pelea.

—Funciono fuera de la academia porque es el lugar honesto donde me muevo. No se trata de un libro contra nadie. Se trata de otra lectura: la del lector de géneros populares y de literatura argentina que arma su canon caótico y apasionado con hallazgos de librería de usado y recomendaciones cruzadas.

Kike Ferrari
Funciono fuera de la academia porque es el lugar honesto donde me muevo. Foto: Cortesía Página 12

—Bolaño aparece como faro.

—Está esa ambición. Quise que la novela pudiera ser leída con la energía de Los detectives salvajes. La influencia es directa, como también lo es la de Borges, que para mí está en la base de casi todo.

—¿De qué modo entra Borges en tu proyecto?

—Borges permea todo, sin que eso implique copiar su estética. Entra con El Aleph, con la idea de la totalidad; con “Tlön”, donde la ficción desborda lo real; con “Pierre Menard”, que convierte al lector en quien termina el texto. Él nos dio el permiso para leerlo todo y para combinar vanguardia con géneros populares.

—En la novela discutís “El escritor argentino y la tradición”.

—Borges decía que quienes estamos en la periferia no tenemos una tradición propia y que, por lo tanto, todas las tradiciones nos pertenecen. Ocurrieron muchas cosas desde ese ensayo. Creo que una literatura que tuvo a Borges generó una tradición posterior y releyó hacia atrás. Ese movimiento está en el libro.

—Hablemos del género. ¿Es una novela policial?

—El policial y el negro me interesan como punto de partida, no como techo. Uso sus herramientas porque me divierten y me permiten jugar. La novela es de detectives, aunque casi no narra la investigación. Me importa lo oculto, la intriga y el modo en que eso ilumina la lectura.

—La estructura en tres bloques ordena esa búsqueda.

—La división responde a las necesidades narrativas y a un mapa temporal: un siglo XIX largo hasta antes de Borges, un siglo XX que hace sombra y un siglo XXI más confuso porque todavía lo estamos viviendo. Cada parte espeja otra y permite contar el hallazgo, la investigación y la recuperación.

—Invocás a Héctor Libertella y a la tradición lúdica de la vanguardia.

Libertella es de los que habitan el espacio más libre del lenguaje. Me interesa ese territorio que juega con la forma, igual que Alberto Laiseca o Juan Carlos Martini, autores que se movieron con naturalidad de la vanguardia a los géneros. Esa porosidad alimenta la novela.

—¿Cómo ves hoy la escena: noir, LGBTIQ+, mujeres que escriben?

—El noir me interesa como plataforma de salida hacia el new weird, el gótico o el terror. La literatura LGBTIQ+ sigue algo en nicho, decisión respetable de su propio campo. Las mujeres están más visibles; hay autoras extraordinarias que por fin se ven, pero siempre escribieron.

—¿Qué sentiste al terminar el libro?

—Primero pánico: pensé que nadie lo iba a leer. Después entendí que había que cruzar espadas con otras estéticas y discutir para qué sirve la literatura. Para mí la lectura es la única experiencia vital continua; puedo leer seis o siete horas con alegría.

—¿Qué viene ahora?

—Después de cerrar un libro suelo quedar atado a ese registro. Esta vez me rescató un amigo, Nicolás Ferraro: escribimos a cuatro manos Cuando pierda del todo, continuación de Noches sin lunas ni soles, de Rubén Tizziani. Es una noir pura y dura de tiros y escapadas en los setenta.

SI ESTÁS LEYENDO ESTO

Un revólver como protagonista. El subsuelo de la Biblioteca Nacional como zona de misterio. Adrián y Paula como detectives aficionados. La novela propone una aventura que, mientras avanza, piensa la literatura argentina: del policial al western, del terror a lo fantástico. Cada recurso formal —notas al pie, títulos, guiños— abre un laberinto de lecturas. El lema que la sobrevuela podría ser el que Ferrari suelta como advertencia: “Las bibliotecas no son infinitas, aunque la búsqueda sí puede serlo.”

Kike Ferrari (Buenos Aires, 1972) es narrador y ensayista. Publicó novelas y libros de cuentos que lo ubicaron como una de las voces más personales del policial latinoamericano y de la narrativa de cruce de géneros. Es autor de las novelas Operación BukowskiLo que no fue (Primera Mención del Premio Casa de las Américas en 2009), Punto ciego -en coautoría con Juan Mattio- y del libro de cuentos Nadie es inocente. Varios de sus libros tienen traducciones al francés y al italiano. En 2012, Que de lejos parecen moscas recibió el Premio Memorial Silverio Cañada a la Mejor Ópera Prima Criminal en la Semana Negra de Gijón y se convirtió en un pequeño fenómeno de culto.Ha trabajado fuera del circuito académico y sostiene una relación de cercanía con sus lectores, muchas veces desde presentaciones en librerías independientes y festivales. Con Si estás leyendo esto consolida un proyecto de largo aliento: pensar la tradición argentina desde la aventura, la intriga y el ensayo narrado.

 

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