Antonio Ramos Revillas

La cicatriz no solo es espacio del dolor, sino también del pasado: Antonio Ramos

Pareciera ser que este querido editor, gestor, autor de varios libros infantiles y de algunas de adultos que han sacado huella (por ejemplo, El cantante de muertos, de Almadía) es como alguien modélico a la hora de dar a conocer sus trabajos. Buena onda, con un carácter que lo libra hablar mal de los demás, su vida es la literatura y como tal le ha dedicado su vida. Actualmente dirige la Casa Universitaria del Libro de la UANL y en sus tiempos cada vez menos libres escribe y escribe.

Ciudad de México, 27 de agosto (MaremotoM).- Hubo como una alegría comunitaria el día que Antonio Ramos Revillas sacó su nueva novela para adultos, Playa Bagdad (Alfaguara). Pareciera ser que este querido editor, gestor, autor de varios libros infantiles y de algunas de adultos que han sacado huella (por ejemplo, El cantante de muertos, de Almadía) es como alguien modélico a la hora de dar a conocer sus trabajos.

Buena onda, con un carácter que lo libra hablar mal de los demás, su vida es la literatura y como tal le ha dedicado su vida. Actualmente dirige la Casa Universitaria del Libro de la UANL y en sus tiempos cada vez menos libres escribe y escribe.

Tiene una larga trayectoria en el medio y como tal ha ganado muchos premios: Premio de Literatura Joven Universitaria 1997, 1998 y 1999.

Premio Nuevo León de Literatura, 2003.

Premio Nacional de Cuento Joven Julio Torri, 2005.

Premio Nacional de Cuento Salvador Gallardo Dávalos, 2007.

Premio de Literatura Juan B. Tijerina, 2007.

Premio Nacional de Cuento Mano de Obra, 2007.

Premio Fundación Cuatro gatos, 2014.

Premio International Latino Book Award, 2014.

Premio The White Ravens de la Biblioteca de la Juventud, 2014.

Selección del Banco del Libro de Venezuela, 2014.

Premio UANL a las Artes 2015 en el área de Letras.

Seleccionado por el Hay Festival, el British Council y el Conaculta como uno de escritores menores de 40 más importantes de México.

Así las cosas, es muy bueno estar atenta a todo lo que hace Antonio Ramos y esta vez es Playa Bagdad, que hace referencia a una playa en Tamaulipas, una zona muy peligrosa de México, que vive al compás del narcotráfico.

Antonio Ramos Revillas
Editó Alfaguara. Foto: Cortesía

“Marcelo y Miguel, los hermanos Santiago, están unidos por una complicidad que solo surge al compartir los primeros años de vida: los terrores infantiles, los despertares amorosos, los días de enfermedad y las efemérides familiares. Lo que los separa, en cambio, es la búsqueda de una identidad propia, independiente del otro. ¿En quiénes nos convertimos cuando nos alejamos de la mirada fraterna? ¿Cómo deseamos ser recordados por la familia? ¿A quién le encargamos el retrato definitivo de lo que somos?”. Esa es la sinopsis de una novela que indaga en los lazos difusos y a la vez convincentes entre hermanos.

ENTREVISTA EN VIDEO A ANTONIO RAMOS REVILLAS (Ve, escucha)

“Para mi sorpresa esta es una novela que marca una ruptura, de cómo escribía antes las novelas para adultos. Esta es una novela afincada en la reflexión. Los personajes muestran las relaciones en las que están inmersos y estoy entrando en una etapa con ese tipo de estrategias”, dice Antonio Ramos Revillas en entrevista.

También apunta que ha vivido tantas cosas en estos tiempos que ahora su carácter “Es más pausado”. Con los libros infantiles usa otro tipo de mecanismos, como ejemplo centrarse en la acción de los personajes.

Playa Bagdad es una novela de misterio y búsqueda, dice la editorial y también la posibilidad de adentrarse en una narrativa más precisa y al mismo tiempo más desafiante. Los lectores estarán más alerta y propondrán ellos la oportunidad de redención o castigo de los personajes, influido el autor (¿por qué no?) en una especie de Dostoievski más moderno y sin duda letal.

“Mi tema es la familia, ha estado ahí siempre y fue como más fácil poder moverme entre las necesidades anímicas, morales y técnicas de la familia”, afirma.

Antonio Ramos Revillas
Playa Bagdad es una novela de misterio y búsqueda, dice la editorial. Foto: Cortesía

“Me pasa muy seguido que la familia me llame de otro nombre. Yo reconozco que cuando me hablan son mis hermanos o alguien muy familiar. Ante los hermanos no podemos ocultar quienes somos. A los demás, podemos contarle una ficción. Eso es un capital que se guarda para definir la relación a futuro”, afirma.

“La ficción de los hermanos y la ficción del futuro, que puede construirse desde la memoria”, agrega.

A su propio hermano, Antonio un día le rompió el diente y anduvo muchos años con vergüenza, hasta que pudo arreglárselo. “Yo le hice eso a mi hermano, siempre pensé. Es un trauma de bajo nivel, que causa conflicto, hay hermanos que hacen cosas espantosas por bienes o por cosas materiales y también a eso quise dedicarme en esta novela”.

La relación de hermanos es una relación de cicatrices. “La cicatriz no solo es espacio del dolor, sino también del pasado”, afirma.

“El hermano que cuenta la historia, tampoco nos dice toda la verdad, sino todo lo que quiere que sepamos”, agrega.

El paisaje es en Matamoros, la ciudad que dice Cristina Rivera Garza (nacida en ella) que es la más fea del mundo. Antonio conoció a Matamoros ya grande “y te vas con una idea de lo que es el lugar, pero de pronto descubres otra ciudad, otro Matamoros”, dice.

“Cuando ves las playas de Bagdad, las lunas de Bagdad, dices: ¿qué país es este?, un lugar de la frontera que es hermosa, que nunca se ha narrado fuera del narcotráfico. La zona, la geografía, me parecen muy poéticos”, afirma.

“Yo a todo le busco lo bonito. Ayer venía manejando y de pronto venía una palomilla, que saltó cuando yo manejaba, yo desaceleré para que la palomilla se acomodara. Estaba atento a ese detalle”, agrega.

La memoria es arbitraria “porque así es como recordamos”, dice Antonio Ramos Revillas.

“Todo lo que perdemos es valioso. Eso me recuerda a una novela que leí hace mucho: Samarcanda, una novela histórica escrita en 1988 por el escritor libanés Amin Maalouf, donde el autor narra la historia del poeta persa Omar Jayyam. En esa novela se pierde un manuscrito de Jayyam, al final de la historia. Eso me llevó a pensar y a valorar en lo personal que nada de lo que se pierde es poca cosa, todo importa”, expresa.

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