Mi familia por supuesto es judía, aunque mi papá era comunista, nunca hubo una educación religiosa, si tuviera que ponerme de algún lado me pondría más bien del lado de Palestina y tuve mucho cuidado en todas las presentaciones y las entrevistas que he tenido de no hablar mucho de la cuestión de que Manci es judía, pero es inevitable porque Mansic es judía y niega su religión y su origen. Al final, siento que ella regresa a su antigua fe.
Ciudad de México, 15 de marzo (MaremotoM).- Dice la editorial que esta novela Manci (Lumen) es deslumbrante. La verdad que tiene razón, una primera novela para alguien que sabe mucho de la palabra (escribe cine, escribe guiones) tal vez sea poco riesgo, pero para la autora, Silvia Pasternac, ha representado un enorme reto.
Esta historia comienza antes del nacimiento de Manci y termina poco después de su muerte. Manci es la protagonista y es con la que consigue Silvia dar una voz particular a la novela. Se trata de una familia tremendamente judía, con las convenciones religiosas muy atadas, pero que al mismo tiempo se marcan para que sea la niña, luego la adulta, la encargada de romper las convenciones.
En medio, hay ochenta años de aventuras, amores y despedidas que transcurren durante la mayor parte del siglo xx, en una Transilvania que vio regímenes florecer y marchitarse como los árboles de una plaza.

Silvia Pasternac cuenta la historia de una mujer rebelde que siempre supo sobrevivir de manera ingeniosa, muchas veces en contra de los mandatos de la sociedad, incluso mientras el mundo a su alrededor se desmoronaba en guerras y exilios. Con la mezcla de una valentía de navegante y una honestidad que raya en egoísmo, Manci se mantiene fiel a sí misma hasta su última respiración.
Silvia Pasternac nació en Córdoba, Argentina, pero llegó a México siendo una niña. Tras prepararse para ser psicoanalista, los azares la llevaron a escribir para cine y la necesidad le abrió la puerta de la escritura de series. El encierro provocado por la pandemia la obligó a apaciguarse y así fue como escribió Manci.
–Silvia Pasternac, bueno, me llama un poco la atención el apellido
–Es ruso, pero es como un poco de la familia del lado más pobre de la rama. Mi papá siempre decía que era Pasternak con C, porque era la rama naka de la familia. Yo tengo la esperanza de tener algún tipo de parentesco con Boris Pasternak, pero estoy casi segura de que no.
–También lo que vi es que mucha gente te insistió para que publicaran la novela, en un contexto en que la novela me parece absolutamente madura. ¿Cómo fue el proceso?
–Lo que pasa es que siempre he escrito cine y para comer, televisión. Esta historia me la contó mi papá, que se la contó a su vez un pariente que él no sabía que existía hace mucho tiempo y la verdad es que no me había animado a hacer el salto, porque escribir para cine no es lo mismo que escribir literatura, como bien descubrí cuando realmente me senté a escribir. Le agradezco a la pandemia una sola cosa, a todo lo demás no le agradezco para nada, pero que es que en 2022 me quedé prácticamente desempleada y no me gusta estar sin hacer nada, entonces dije, bueno, ya que me van a mantener, decidí contar esta historia. Y la verdad es que la experiencia fue muy educativa, por un lado, por otro lado, sí tengo la sensación de haber encontrado una voz.

–Es precisamente la voz de Manci, en momentos donde hay muchas olas de antisemitismo y mucho enojo por lo de Gaza…
–Mi familia por supuesto es judía, aunque mi papá era comunista, nunca hubo una educación religiosa, si tuviera que ponerme de algún lado me pondría más bien del lado de Palestina y tuve mucho cuidado en todas las presentaciones y las entrevistas que he tenido de no hablar mucho de la cuestión de que Manci es judía, pero es inevitable porque Mansic es judía y niega su religión y su origen. Al final, siento que ella regresa a su antigua fe. Me gustaría ser tan libre como Manci y al mismo tiempo es alguien que te hace interrogarte sobre la ética, sobre las cosas que uno haría para sobrevivir y las cosas que uno a lo mejor no estaría dispuesto a hacer para sobrevivir.
–Hablando con una autora de literatura infantil de Chile, me decía que los principales años nuestros no son la adolescencia, sino que son precisamente la niñez
–Yo pienso lo mismo, si tuviera que volver, siempre pienso que el infierno debe ser volver a la adolescencia. En realidad, los momentos decisivos, no tanto los momentos traumáticos necesariamente, sino los momentos en los que uno descubre qué postura tomar ante la vida sí es la infancia.
–Dice esta autora (María José Ferrada) que los chicos son lobos, es decir, no se siguen por ninguna moral y ninguna norma
–Estudié psicoanálisis y Sigmund Freud dice que los niños son perversos polimorfos, es decir, que cualquier tipo de maldad es infantil. El egoísmo, la envidia, todas esas cosas, están a flor de piel en la infancia.
–Cuando deja a su hermano Feri en la intemperie, es tremendo, aunque es algo que yo podría haber hecho con cualquiera de mis hermanos
–Es una historia real, no es mía; una de mis cuñadas, la más chiquita, cuando nació su hermana, que había una diferencia como de tres años de edad, ella agarró el moisés y lo sacó a la calle, había un montón de coches… es algo que yo también hubiera hecho con un hermano, porque soy muy envidiosa y porque me doy mucha importancia.
–¿Por qué será que todas estas cuestiones que tienen que ver con nuestra formación y que forman parte de nuestra historia son escondidas un poco por la literatura?
–Hay un camino que uno hace de una educación ética, por decirlo así, que hace que un montón de cosas que uno desea, las deja bien abajo del colchón. Manci, en cambio, no. Desde que me contaron la historia, esas cosas de esa tía abuela mía, son las que me encendieron todas las luces de alerta, hay una ley de supervivencia en ella que está muy marcada.
–Ahora, es una ley de supervivencia que está marcada en todos, me parece
–Sí, es cierto, mi papá me dijo una vez que el mandamiento primero de los judíos es sobrevivir. Está basada en el principio de Pikuach Nefesh, un pilar fundamental de la ley judía (Halajá). En momentos de peligro de la vida, está permitido romper todos los mandamientos, salvo el mandamiento de venerarás a Dios, es decir, el Sabbat, ese no se puede y no matarás. Todo lo demás se puede romper. Por ejemplo, mi abuelo Lázaro comían jamón de cerdo, porque era lo más barato, porque no tenía dinero, porque era un hombre muy pobre. O sea, la historia esa de mi abuela diciendo: acá no se come kosher más, porque eso es para ricos, era de mi papá. Hay un rasgo de flexibilidad, una cierta flexibilidad que da esta cosa de la sobrevivencia, que a mí me sorprendió muchísimo y que Manci tiene.
–Pienso mucho en la supervivencia que no se cumple, por ejemplo, en un yate donde murieron 47 chicos de Senegal, murieron todos, porque por supuesto los pusieron en el yate y nunca los iban a atender. No funcionó en ninguno la ley de supervivencia, que es como la ley de supervivencia que sobrevivió en los Andes…
–Claro, lo que hay que preguntarse en el caso del barco con chicos de Senegal, es por el grupo de gente que los metió en ese barco. Porque la ley que te digo es una ley que vale para sobrevivir uno mismo, pero también para salvar a alguien. Que eso es algo que Manci no tiene, ya no va a salvar a nadie si eso significa meterse en problemas. Y el hecho de que ella es una pícara

–También está la cosa de los objetos que van formando parte de su historia y que ella los toma pues sin ninguna presión y sin ninguna culpa
–Sí, el secreter para empezar, que había pasado de mano en mano y que era lo único valioso que tenía la familia. Y que era con incrustaciones, con una marquetería así absolutamente espectacular. El hecho de que ella descubre que hay secretos adentro del secreter, que hay objetos que le dicen cosas sobre su madre, que le dicen cosas sobre su familia. Ella se alegra con maldad. Es decir, descubre que su madre es defectuosa, que no es perfecta. Eso es algo muy femenino. Estoy rodeada de hombres. Yo tengo recuerdos. Voy guardando cositas. Y ellos no.
–El robo del anillo a su hermano mayor, que lleva implícito un gran grado de crueldad, porque no se devuelve…
– Manci es una burraca y le gustan las cosas brillantes e inventé la historia del anillo. Como es muy importante para Alexandru, nos da la idea del nivel de interés de Manci.











