El lugar de partida del cuento responde a algo autobiográfico, algo que yo he vivido, que conozco, algún sentimiento de culpabilidad que tengo por ahí, pero bueno, digamos que lo empujo y lo llevo a un terreno de ficción, inventó cosas, que no he vivido.
Guadalajara, Jal, 7 de diciembre (MaremotoM).- Páginas de Espuma ha celebrado sus 25 años, así que grandes personalidades del cuento se han dado cita en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Uno de ellos es Eloy Tizón, que atiende, paciente, a la conversación sobre Plegaria para pirómanos (Páginas de Espuma).
— De dónde surge la idea de crear este libro, con este tipo de cuentos, en donde el personaje se repite en todas las historias pero sin ser el mismo.
— Bueno, es la inquietud de tratar de hacer algo que no había hecho antes. Había escrito otros libros donde cada historia era independiente y en este me apetecía ahondar en esa estructura que relaciona unos cuentos con otros, a través del personaje que se repite, Erizo. A veces es el protagonista, a veces está en segundo plano, desdibujado, está y no está. Me parece una forma interesante de hablar de la identidad, de quienes somos y si somos siempre los mismos, si cambiamos a lo largo del tiempo, ¿cuántos yoes llevamos dentro? Me pareció que, literariamente, ofrecía aspectos que eran interesantes.
—El primer cuento del libro, me hizo pensar en una de esas colchas que están hechas con parches, sólo que aquí está hecha de todas estas frases de escritores, que de alguna manera te arropan.
—Me gusta mucho la imagen de la colcha que te abriga, porque al fin y al cabo la literatura también cumple esa función. Es un cuento que habla de las diferentes maneras de encarar el hecho literario, diferentes avatares de escritores, de mayor éxito, de menor éxito. Me parece que es un cuento que hablaba de la literatura y yo necesitaba que la propia literatura estuviera en el tejido del cuento, a través de frases que yo tomo prestadas de otros escritores que me han acompañado a lo largo del tiempo y que forman los hilos de esa manta. Al final hay una nota donde se explica de dónde viene cada una de esas frases, me pareció una cuestión de honestidad intelectual para no caer en el plagio, sino más bien en el homenaje a determinados autores, a determinada manera de entender la literatura.

—¿Ese primer cuento habla mucho más de ti que del mismo personaje?
—Yo creo que en todos los cuentos hay bastante de mí. En Erizo hasta un punto. El lugar de partida del cuento responde a algo autobiográfico, algo que yo he vivido, que conozco, algún sentimiento de culpabilidad que tengo por ahí, pero bueno, digamos que lo empujo y lo llevo a un terreno de ficción, inventó cosas, que no he vivido. Esa mezcla me gusta, por un lado, trabajar con cosas que conozco muy bien y que sé que son verdad, porque yo estaba allí. Y, por otro lado, también esa parte imaginativa de la literatura que nos permite entrar en mundos oníricos, en situaciones insólitas dentro de la vida cotidiana.
— Hablando de lo onírico, en el segundo cuento brincas entre realidades, pensamientos y haces reflexiones profundas sobre la muerte y la impermanencia.
— Es un cuento áspero, creo que mira la desaparición de una forma muy materialista. Esto es lo que hay cuando desapareces, hay que vaciar tu casa, hay que dar de baja los contratos, cosas muy prosaicas. Además, no hay un personaje definido, la persona que muere es alguien que no tiene relación con el narrador, pero me parecía importante, como reto, ver si yo podía hacer algo a partir de esa nada, de ese silencio, de ese vacío y que tuviera entidad literaria, incluso pudiera llegar a conmover en algunos momentos al lector, pese a que hablamos de alguien que no está en nuestra vida. Eso está enlazado con la presencia tan potente de las cosas, de lo material, de los cuadros que se separan de la pared y dejan una marca. Creo que habla del paso del tiempo, habla de la ausencia. Es un cuento que aborda el tema de la ausencia, intentando no caer en lo trágico, ni en lo melodramático, con ciertos elementos humorísticos, pero también mirando lo que es realmente.
— Al decir que hablas de la nada, de nadie, también hablas de todos y lo conviertes en algo universal, porque es imposible no verse reflejado en lo que nos espera.
—Claro, esa figura insignificante, que es la figura de la vecina, somos nosotros para otros. Entonces compartimos ese barro común o ese fango como dice el título.

— De todos estos cuentos, ¿cuál es tu favorito?
— A mí me gustan los cuentos normalmente por trozos, hay fragmentos. Pero como cuento redondo, mi favorito es el que lo abre. Para mí fue importante porque me dio claves de cómo lo iba a escribir, entendí que iba a haber un personaje en común, en términos estructurales me abrió muchos caminos. Luego, yo le tengo cariño al último, donde hay una voz encarnada de un posible Leonard Cohen y me parece que es un cuento muy de balance vital, asumiendo o abrazando las luces y las sombras que tiene toda existencia, sin rencor. El paso del tiempo, los amores que se han vivido, que han sido hermosos aunque hayan terminado y como que reconcilian la vida pese a los sinsabores. Queda una melodía flotando en el aire que creo que merece la pena.
— Plegaria para pirómanos (Páginas de Espuma) es un libro que habla sobre la existencia humana en su simplicidad y complejidad.
— Sí, es un libro que empieza desde la literatura, pero no se queda en la literatura, porque aunque es algo que amo profundamente, no nos vamos a quedar encerrados en la biblioteca. Vamos a salir y vamos a ver diferentes situaciones vitales, momentos de tristeza, de alegría. Es un viaje existencial.
— ¿La literatura ha transformado tu vida?
— Totalmente, porque empieza siendo algo que está cercano, vamos a llamar a la ficción o a algo que vas probando y a medida que pasan los años, te vas dedicando más y colorea toda tu vida. Los amigos que tienes vienen de la literatura, los amores que tienes vienen de la literatura. Llega un punto que ya es imposible separar tu existencia de los libros que tú has escrito y que tú has leído, entonces lo impregna tanto, desde que me levanto hasta que me acuesto. No sé si mi vida sin la literatura hubiera sido mejor o peor, pero desde luego habría sido otra persona completamente distinta. Definitivamente, cargamos con ese cobijo, para bien, para que nos abrigue el momento de dureza y de intemperie.











