La novela Los bosques que se incendian (Random House) tiene una lectura incómoda, no sólo por el misterio que habita entre las personas que van a alojarse al hotel paso, sino también por una atmósfera definida y al mismo tiempo turbulenta.
Ciudad de México, 2 de enero (MaremotoM).- “La narrativa de Wong es excepcional: observa la vida humana desde la perspectiva única de sus experiencias y traslados en nuestro siglo convulso. Él es un viajero tenaz en una época cada vez más inmóvil y nos cuenta la exaltación y la angustia de un tiempo de cambios”, ha dicho (y en la contraportada) el escritor Alberto Chimal.
La novela Los bosques que se incendian (Random House) tiene una lectura incómoda, no sólo por el misterio que habita entre las personas que van a alojarse al hotel paso, sino también por una atmósfera definida y al mismo tiempo turbulenta.
Tiene un espacio de lo que podríamos llamar “nueva narrativa”, en un mundo donde si bien ha dicho Chimal “es inmóvil”, trae al mismo tiempo una indefinición de términos, de cosas que son iguales a las que antes, pero a las que no le podemos poner nombres.
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Rafael Pérez Gay dice que el recuerdo es como un acto de precisión y que la memoria cubre la época de una persona. ¿Qué diría Roberto Wong en esta memoria futura para esa historia distópica que cubre su novela?
“Creo que la definición de Rafael Pérez Gay es acertada, aunque añadiría que los recuerdos nos asaltan, no están a nuestra disposición y nosotros estamos a disposición de ellos. La memoria es un relato, en una de las partes del libro hablo de la memoria como una especie de andamiaje que nos sostiene”, dice Roberto Wong.
“Hay una parte que tiene que ver con la memoria colectiva y que establece un relato con defender ciertas estructuras. La memoria siempre está en entredicho porque expresa esos conflictos políticos que vemos a diario. La derecha, la izquierda, estoy pensando en el 2 de octubre, que es una tragedia mexicana y que empieza a generar como ciertos intentos de exoneración a la milicia. Estas son señales de que estos relatos colectivos al final del día son sujetos de ataques”, afirma.

Le comento que en la Argentina hay como un nuevo relato que intenta borrar a los 30 mil desaparecidos y en este caso también nos preguntamos qué es la memoria para la sociedad.
“Es una locura y está sucediendo en todos los sitios”, opina Wong. “El libro me ayudó a exorcizar esa serie de nostalgia y de arrepentimientos. Hice este libro para contestar a la pregunta de si es posible reconciliarnos con las versiones del pasado o si es posible reconciliarse con lo que hicimos mal. Yo creo que es posible, los personajes encuentran caminos para llegar allí”, afirma.

El olvido y el recuerdo van por el mismo camino. “El espacio físico de la novela es un hotel que es un espacio en exclusión. Me recuerda a la novela de Silvina Ocampo, cuando dice que la memoria es imaginación. La memoria como ficción. Por el otro lado está todo eso que vamos olvidando, en la novela está marcada por la pérdida de objetos, en el cambio de habitaciones. Me interesaba plantear esa dicotomía y plantearla desde otro espacio, pensando que el olvido es sanación y perdón”, expresa.
Bosques que se incendian también menciona a Ricardo Piglia, demostrando que los nuevos narradores están atrapados por este nuevo teórico latinoamericano. Hay también otros homenajes. “Hay muchos homenajes, mencionas a Piglia, por supuesto está también de manera evidente a Felisberto Hernández, está Silvina Ocampo, la estación tiene un guiño a Juan José Arreola. Era importante para mí establecer la tradición en la que nace este libro. También hablar de la memoria como registro y de la memoria ajena (una idea de Piglia) que forma parte de nosotros, que se deposita o se elabora como memoria paralela. Alguien me contaba que le gustaba anotar lo que estaba haciendo cuando comenzaba a leer un libro y creo que este libro es como una idea al revés. Traer a la escritura de un libro todas las lecturas que estaban alrededor y plantearlas al lector como una especie de memoria de ese libro”, afirma.
“Cuando comencé a escribir este libro, intenté escribir un cuento en donde no estaba conectado el tema de la memoria y la segunda vez es cuando sucede la pandemia y yo estaba varado en un hotel esperando un visado. Me doy cuenta ahora, mucho tiempo después, en esa atmósfera un poco opresiva de ese hotel que se tradujeron a este libro”, dice.
¿Qué pensará Roberto Wong de la Ciencia Ficción, teniendo en cuenta que muchas de las predicciones de los 60 y 70 ya se cumplieron?
“La Ciencia Ficción tenía una ventana mucho más larga del presente y hoy la ventana es mucho más cercana. En estos tiempos, la Ciencia Ficción es mucho menos optimista y todo se ha convertido en una distopía”.











