Jack DeJohnette

LA MUERTE DE JACK DEJOHNETTE DEJA UN HUECO IMPOSIBLE DE LLENAR

En su memoria, conversamos con el baterista chileno Gabriel Puentes, referente en México y un discípulo devoto y espontáneo, para pensar quién fue DeJohnette y por qué su partida deja un hueco que no se llena con ninguna antología.

Ciudad de México, 28 de octubre (MaremotoM).- Murió Jack DeJohnette a los 83 años y el jazz perdió una brújula. La noticia tomó por sorpresa a una comunidad que lo veía activo, lúcido, todavía en esa primera fila donde se empuja el sonido hacia territorios desconocidos. En su memoria, conversamos con el baterista chileno Gabriel Puentes, referente en México y un discípulo devoto y espontáneo, para pensar quién fue DeJohnette y por qué su partida deja un hueco que no se llena con ninguna antología.

“Jack le daba la misma importancia al silencio y al espacio que a la nota y a la densidad rítmica”, dice Puentes. “Su sonido, su toque, eran inmediatamente distinguibles; desde muy joven ya tenía un concepto único, perfectamente maduro.”

DeJohnette empezó en el piano. Ese origen melódico explica su manera de orquestar la batería: cada golpe era una armonía, cada plato abría un campo de aire. “Tocaba como si improvisara al piano: fluidez, elegancia y una calma que irradiaba desde el primer compás”, agrega Puentes.

Para muchos, el ingreso al universo DeJohnette pasa por Miles Davis y la era eléctrica. Puentes entró por otra puerta: “Lo conocí por los discos Standards del trío de Keith Jarrett con Gary Peacock. Ahí aparece el Jack fino, sofisticado, al mando total de las dinámicas en el formato piano-trío.”

Después llegó el impacto del avant-garde: Demon’s Dance con Jackie McLean, las giras con Charles Lloyd y entonces sí, Bitches Brew y Live-Evil. “Jack nunca tiraba de licks (una frase corta o patrón musical prearmado que un músico tiene memorizado); estaba inventando en el momento. Eso le daba una frescura inagotable a cualquier proyecto”, resume.

DeJohnette no fue un acompañante de lujo: fue autor de un lenguaje. Sus grupos —de Special Edition al Spring Quartet con Joe Lovano, Esperanza Spalding y Leo Genovese— prueban que la batería puede organizar el relato.

Jack DeJohnette
DeJohnette era un hombre de mirada serena y curiosidad inagotable. Le gustaba decir que el jazz era “una conversación infinita”. Foto: Cortesía

No llegaron a grabar un disco en estudio, pero existen varios conciertos en video, sobre todo de giras por Estados Unidos y Europa (Newport, Detroit, Perugia).

“En Special Edition afloraba el pianista que llevaba dentro. Sus piezas equilibran atmósfera y forma, riesgo y cantabilidad”, dice Puentes. “Podía tocar un solo platillo y construir un mundo. Hacía habitable lo inhóspito.”

El Standards Trio dejó versiones que hoy son escuela. “Hay hasta doce Autumn Leaves y cada una es distinta”, recuerda Puentes. “El amor y la confianza entre los tres redefinieron el piano-trío sin arreglos previos. Yo tenía gastada la cinta de una Stella by Starlight solo para estudiar cómo acompañaba Jack un solo de bajo.”

La muerte de DeJohnette reabre una pregunta íntima: qué queda cuando se apaga la química perfecta. Pensar en Jarrett. Jack lo entendía cabalmente y sin perder su personalidad. “Ese trío nos enseñó a escuchar antes que a tocar”, dice Gabriel.

Vernel Fournier fue un baterista estadounidense de Chicago, activo sobre todo en los  50 y 60, conocido por haber tocado con Ahmad Jamal.

Jack DeJohnette contó muchas veces que verlo tocar fue una revelación: él era entonces un joven pianista —tocaba desde los cuatro años— y después de escuchar a Fournier, entendió que su verdadera voz estaba en la batería. Esa fue la experiencia que lo hizo cambiar de instrumento, aunque nunca abandonó el piano.

DeJohnette decía que Fournier le mostró que la batería también podía ser un instrumento melódico y poético, no solo rítmico.

“Para mí, la batería del jazz es eso: tocar menos para decir más. Jack fue el ejemplo mayor”, afirma Puentes.

Gabriel Puentes
Su sonido, sensibilidad musical y amplio conocimiento del lenguaje jazzístico lo han convertido en uno de los músicos más reconocidos de México. Foto: Cortesía

Gabriel Puentes: una música en expansión

Además de este homenaje, Gabriel Puentes sigue activo en múltiples proyectos que continúan el legado del jazz contemporáneo. En su playlist de Spotify, bajo el nombre Discografía selecta de Gabriel Puentes, pueden escucharse más de 30 horas de grabaciones que van del jazz al pop y la experimentación sonora.

Entre sus trabajos recientes destacan Emmanuel Mora Trío (con Roberto Berástegui en órgano Hammond), Federico Dannemann Trío, grabado en Sonic Ranch (Texas) y colaboraciones con Leo Genovese, Silvana Estrada, Betsy Pecanins, Ana Torroja y Mon Laferte.

Puentes, que participó en el soundtrack de Amores Perros, mantiene una relación constante con la improvisación y la búsqueda de nuevas texturas. “Siempre estoy tratando de regresar a estos héroes —dice—, de ver qué más les puedo robar con respeto. Porque los grandes como Jack DeJohnette te enseñan que el ritmo, al final, es una forma de amar el sonido.”

Comments are closed.