“La poesía tiene, como siempre, un laboratorio del lenguaje. Es decir, ahí se ponen a prueba ciertas tensiones del lenguaje que después en la prosa se ejecutarán, pero con este sentido de que la poesía ya probó, ya pasó por ese terreno. La poesía siempre es más radical desde el punto de vista lingüístico, empezando porque utiliza un lenguaje muy diferente al lenguaje prosaico, que es el que utilizamos todos los días para comunicarnos y en parte también para escribir prosa”, expresa.
Ciudad de México, 17 de junio (MaremotoM).- “El agua es un elemento que me toca particularmente y no sé la verdad porque empecé con ese poema, probablemente porque es un poema corto, de fácil comprensión. Siempre procuro que en mi ritmo de poesía el lector empiece con cierta familiaridad. En efecto, aprendí a nadar en la misma playa donde aprendió mi hermano, en el mar, pero un año después porque era menor”, explica el poeta y escritor Fabio Morabito, autor de Canción segunda (ERA), un poemario reciente, luego de que ganara el Premio Mazatlán de Literatura por su libro de cuentos Jardín de noche (Sexto Piso).
El hermano del autor vive en Cuernavaca y Fabio es un inmigrante en México, un periplo que le ha servido para hacerse un escritor importante, donde su voz múltiple es favorita de muchos lectores.
Los poetas le decimos tienen la libertad de no atarse al mercado y él contesta: “el poeta tiene esta virtud entre tantas desgracias que son las que se lee muy poca poesía”.
“La poesía siempre ha sido un carril muy marginal en todas las épocas y no creo que ahora haya un país en donde la poesía se venda más que en otros. Tengo entendido que en Europa la poesía está igual que en México”, afirma.
“La poesía tiene, como siempre, un laboratorio del lenguaje. Es decir, ahí se ponen a prueba ciertas tensiones del lenguaje que después en la prosa se ejecutarán, pero con este sentido de que la poesía ya probó, ya pasó por ese terreno. La poesía siempre es más radical desde el punto de vista lingüístico, empezando porque utiliza un lenguaje muy diferente al lenguaje prosaico, que es el que utilizamos todos los días para comunicarnos y en parte también para escribir prosa”, expresa.
Fabio cree que un narrador que no lea poesía es sospechoso. “Puede que no sea un gran lector de poesía, pero no puede dejar de sentir periódicamente curiosidad para sumergirse en ese lenguaje tan diferente al que él utiliza”.
–¿Qué es Canción segunda?
–El título está un poco explicado en la contraportada del libro. En los créditos finales de una película, que suelen ser larguísimos, como tú sabes, es impresionante la cantidad de gente que participa. El asistente, el asistente de ingeniero de sonido y entonces los créditos, los agradecimientos, son larguísimos. Y entonces, por lo general, nunca alcanza la canción con que termina y llega un momento en que empieza una segunda canción, que puede ser con un carácter muy diferente a la primera. Es el aviso claro de que esto se está acabando. A mí la imagen que me seducía era que en una sala de cine esta canción no la escucha nadie porque para esa altura todo el mundo ya se salió de la sala de cine y esa canción resuena. Es una canción vacía, una canción para nadie. Me interesaba mucho el concepto de que a pesar de que nadie te oye, de que nadie te escucha, de que nadie está ahí, tú tienes que hacer lo que tienes que hacer.

–Yo, cuando era adolescente, nos quedábamos a ver los títulos hasta el final
–Hay gente que lo hace. Hay gente que le gusta. A mí, sobre todo si la película me gustó, si la columna sonora es muy linda, entonces uno se queda para escucharla.
–¿Cómo te viene la necesidad de hacer poesía?
–El tema me parece una palabra poco apropiada para la poesía, porque la poesía vive de ocasiones muy circunstanciales, muy concretas. Algo que uno ha leído, algo que uno ha visto, algo que uno ha escuchado. Y de pronto hay como un llamado muy concreto y uno siente que de ahí puede escribir un poema. Pero no es que haya un tema, hay más bien una circunstancia muy específica.Te voy a dar un ejemplo. Por ejemplo, un poema mío sobre la mudanza. Bueno, me vino de un día que estaba asomado a la ventana de mi departamento y abajo uno de los vecinos estaba mudándose y estaba lidiando pues con la mudanza, con que el colchón, que el envuelve, que el otro. Me quedé mirando todo este trajín y me vino este primer verso, a fuerza de mudarme, porque yo me he mudado, pero después de a fuerza de mudarme yo no sabía qué seguía, pero simplemente ese primer verso, esa primera frase, que todavía no es un verso, es una frase, dije: ahí hay un poema. La poesía se escribe así, por eso creo que es difícil hablar de un libro de poesía, porque cuando se habla de un libro uno justamente piensa en algún tema unitario, más o menos unitario, que abarque todo el contenido, pero generalmente un libro de poemas se dispara hacia muchísimas direcciones, porque justamente los poemas han surgido de situaciones muy diferentes que han pasado en la vida. Entonces el calificativo de libro para la poesía siempre es un poco, para mí siempre es un poco ambiguo, no termina de convencerme.
–Sobre todo porque uno se va acordando de determinados poemas, hay poemas que uno recuerda con mucha memoria y que son especiales para uno y que te hacen olvidar el libro de dónde lo sacaste
–Claro, el poeta quisiera que se leyera todo el libro, pero es una lectura legítima dentro de la poesía. En una novela no puedes hacer eso; la novela es todo un conjunto y si te quedas a la mitad, quiere decir que no te interesó seguir, que no te atrapó, que no te gustó. Con un libro de poemas, te puedes enamorar de unos versos y con eso tienes.
–Tuviste mucho éxito con el último libro de cuentos, ganaste el premio Mazatlán. ¿Cómo fue eso? ¿Cómo fue ir a recibir ese premio?
–Fue un placer. Además, yo había estado solo una vez en Mazatlán hace muchísimos años y me gustó mucho la ciudad, que casi no recordaba. Fui muy bien recibido. Es un premio para ellos muy importante, coincide con el carnaval. De hecho, ahora lo han movido un par de días para que no se mezclara con el carnaval, pero de hecho pertenece a la semana carnavalesca y, por lo tanto, es un premio muy sentido por la gente de ahí. Son esos premios inesperados porque uno no concursa para ellos, sino que son libros publicados que luego aparecen como ganadores.

–Y ya no tienes dudas con que tu libro es bueno
–No, mira, los premios no creo que sean la garantía de que el trabajo de uno ha sido un buen trabajo. Estimulan, por supuesto, saber que unos jurados que uno aprecia lo hayan encontrado bueno. Desde luego, sí, te anima mucho, pero esta supuesta seguridad de que estás haciendo bien las cosas en realidad nunca existe del todo. Nunca tienes la garantía plena de que lo que estás haciendo vale realmente la pena. Aunque te ganes el Nobel y seas un autor súper consagrado, nadie te quita la sospecha de que después de 10 años, de 15 años, ya nadie te va a leer porque resulta que lo que escribiste era muy efímero. Cosa que probablemente es lo que distingue la profesión del escritor de muchas otras, donde no existe esa inseguridad permanente. En un médico, en un abogado, en un ingeniero, no tienen por qué dudar de la utilidad de lo que hacen. Todos los días saben que están haciendo algo útil, aunque no sean eminencias en su profesión, la vida les muestra que lo que están haciendo tiene utilidad. El artista realmente no tiene eso.
–¿Crees que los lectores deberían leer toda tu obra?
–Eso sería lo ideal con todos los autores, los autores que uno aprecia, desde luego. Ahora, yo sospecho que eso pasa pocas veces. Quién ha leído a todo Neruda, quién ha leído a todo Alfonso Reyes, pero incluso, ya te diría, hay gente que no ha leído a todo Rulfo, a pesar de que solo ha escrito dos libros.
–Los libros de un autor se van comunicando entre sí…
–Los poemas colaboran entre sí de una manera secreta, se ayudan unos a otros, se esclarecen unos a otros. También en los libros de un autor va uno como construyendo, entendiendo más cosas, pero es difícil que eso ocurra. Por lo general, de cada autor, aunque un autor que nos apasione, leemos con suerte el 50, el 60%, luego decimos voy a seguir leyendo el otro. Hay tanto que leer, hay tantas distracciones en general que eso es difícil, pero claro, creo que sería lo ideal.
–¿Cuáles son los planes después de Canción Segunda?
–Viene otro libro de poesía que estoy escribiendo. Generalmente debería haber escrito un libro de prosa, porque en eso soy bastante disciplinado. Escribo un libro de poesía y después casi siempre me paso a la narrativa, a los cuentos o a una novela, en todo caso. Pero en este caso no, he seguido con la poesía y estoy en eso, escribiendo un libro de poemas que todavía no ha terminado. Y se me ocurre un título todos los días, un título distinto











