A partir de la revisión en discursos políticos y columnas de opinión y estudios de caso, Bak expone corrientes de pensamiento, como la neoliberal, la feminista, la queer y la anarquista, para mostrar cómo una palabra se usa a fin de imponer un discurso dominante que descalifique cualquier otra forma de entender el mundo en su libro Gramáticas de la frivolidad, editado por el Fondo de Cultura Económica.
Ciudad de México, 6 de febrero (MaremotoM).- Maestro en filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México y doctor en filosofía por la New School for Social Research, los intereses del teórico y escritor David Bak giran en torno a la filosofía política moderna y contemporáneay en particular en la filosofía del lenguaje ordinario, el pragmatismo y la teoría de la democracia radical.
Actualmente es miembro del Departamento de Estudios Políticos en la Universidad de Guadalajara y hace un análisis crítico respecto al uso del lenguaje y la naturaleza del discurso mediante la palabra frivolidad, sobre la cual estudia las distintas connotaciones que puede tener con base en la variedad de contextos y grupos sociales que la emplean a fin de legitimarse a sí mismos.

A partir de la revisión en discursos políticos y columnas de opinión y estudios de caso, Bak expone corrientes de pensamiento, como la neoliberal, la feminista, la queer y la anarquista, para mostrar cómo una palabra se usa a fin de imponer un discurso dominante que descalifique cualquier otra forma de entender el mundo en su libro Gramáticas de la frivolidad, editado por el Fondo de Cultura Económica.
–Leo Gramáticas de la frivolidad y parece que marcas cosas que no deberíamos escuchar y que al mismo tiempo nos quitan la reflexión.
–El libro, lo que intenta decir, es que una de las cosas principales que hemos perdido durante décadas de neoliberalismo, son las nociones productivas de pensar en el conflicto. Se nos vendió durante mucho tiempo la idea de que no existía un conflicto social y que todo conflicto era patológico. Ahora despertamos en un mundo tremendamente conflictivo y no tenemos vocabularios, imágenes, nociones, para tratar el conflicto como algo democrático. Lo que encontré es que a través de la palabra frivolidad se podía representar este drama contemporáneo y sacar algunas conclusiones. Unas de las vertientes de los usos de la frivolidad sí tienen que ver con los medios de comunicación, pero también el concepto de frivolidad puede ser muy productivo para algunas minorías marginales, como para reivindicarse.
–Fundamentalmente creo también que tú marcas la falta de reflexión en torno a las cosas que nos van diciendo, no solamente los medios de comunicación, sino las redes sociales
–Me interesa el lenguaje común. Frivolidad no era una palabra que a mí me atrajera, pero lo que encontré es que estaba siendo usada de maneras muy importantes, interesantes, por actores bien diversos. Y entonces empecé a arrastrarla. En el lenguaje cotidiano, en el que todavía la academia no pone atención, porque no había ningún artículo académico sobre frivolidad, nadie la tomaba en serio como una palabra. Me parece que uno puede también ver cuáles son los discursos que están siendo articulados más profundamente y cuáles más superficialmente. En el libro aparece, por ejemplo, dos de las corrientes más importantes de los usos de la frivolidad, son el de la derecha y el de la izquierda. Me sorprendió, después de escribir sobre el de la derecha de Vox, la ultraderecha nacionalista en España, entender un poco la fuerza del discurso, un poco mejor. Y eso me parece que también es importante. Hay de derechas a derechas y también hay derechas que logran un poco como hacer un discurso más unificado que llega por diferentes maneras a muchas personas. El discurso que hace la Cuarta Transformación en México sobre la frivolidad política del neoliberalismo es mucho más profunda. Lo que quiero mostrarles a las personas lo que hacen los actores sociales y políticos con este lenguaje, para que saquen sus conclusiones.
–¿Hay como una gramática de la frivolidad de la derecha mucho más avanzada que la de la izquierda?
–Me parece que la gramática de la izquierda mexicana, la de la Cuarta Transformación, es muy poderosa, es muy clara. Ahí retomo algunas cosas del filósofo Enrique Dussel y veo que la gramática de la Cuarta Transformación se nutre de discursos populares, de la filosofía, es una amalgama muy interesante y poderosa y me parece que está jalando no el 20%, sino el 70% en México. Por otra parte, donde no hay discursos de izquierda convincentes y más que discursos, donde no hay actos de izquierda y gobiernos de izquierda convincentes, me parece que la gramática de la ultraderecha tiene también su encanto para muchas personas, porque, por ejemplo, las mayorías que ven a la minoría progresista interesados en los derechos de los animales, en cuestiones que a ellos les parecen frívolas cuando tienen problemas verdaderamente de primera necesidad de casa, de comida, van a la derecha. Por qué están teniendo tanto arrastre en ciertos lugares la gramática de la derecha, donde no hay gramáticas que compitan.

–¿Cómo dirías que hay que leer este libro?
–Espero que sea un ensayo digerible para muchos tipos de lectores. En mi libro anterior, que se llamaba Ternuritas, hice un esfuerzo exhaustivo para escribirlo de una manera que no intimidara a ninguna lectora y ningún lector. Es una escritura lo más transparente y clara que podía. En esta fui un poco menos cuidadoso, siguiendo un estilo más espontáneo mío, pero creo que es un libro con muchos niveles, que tiene un nivel dramático de lenguaje. Uno lo puede leer como chisme. Cada una de estas gramáticas es una serie de actores que conocemos, la mayoría de nosotros y vemos cómo desarrollan el uso de una palabra y me parece, esperaría que esto se pareciera un poquito a una novela.
Lo que intenta es ponernos a pensar sobre nuestra condición actual democrática, también romper ciertos prejuicios, por ejemplo, que tenemos muy fácilmente arraigados, de que el ruido es malo, de que la confusión es mala, de que el conflicto es malo.
–Dame un ejemplo del libro.
–Una de las gramáticas que tal vez más me gusta es una de las gramáticas más marginales del libro, que es la gramática queer. La trazo a través de un personaje venezolano-español, Boris Izaguirre. Su discurso es resignificar la frivolidad, porque eso también es una de las cosas que sucede en el lenguaje ordinario, hay gente que con gran valor intenta ir en contra de la corriente principal de los significados. Y esta idea de la frivolidad como una ironía crítica, que va en contra del status quo, que pone a temblar a los burgueses y pone a temblar a la gente que se toman muy en serio, me pareció magnífica de Boris Izaguirre.
Espero haber logrado mostrar cómo el lenguaje que nos rodea está muy vivo, es muy productivo y tiene la capacidad también de reinventar nuestras posiciones éticas, morales y políticas.











