Cuando el cuerpo empieza a hacer cosas no solicitadas, como generar demasiada adrenalina en el trastorno de ansiedad o llevarnos a atravesar una depresión posparto, como atraviesa Agustina, muy profunda y hay que existir y hay que criar a los hijos y hay que crear a pesar de lo que nuestro cuerpo decida.
Ciudad de México, 18 de octubre (MaremotoM).- El mundo desplazado (Random House) de Paulette Jonguitud es una novela diferente y de gran valor narrativo, donde la autora, que también es artista plástica, cuenta la vida de cuatro mujeres: Paula, Miranda, Agustina e Inés.
“Agustina, que lucha contra un trastorno de ansiedad no diagnosticado, se embarca en un viaje emocional al mudarse con sus hijos a la casa familiar, Cubilete 189, donde reside su turbulento pasado ligado ineludiblemente a su madre, Paula. La mudanza desencadena eventos inesperados llevando a Agustina al borde de la psicosis mientras intenta proteger a sus hijos de un entorno hostil. Mientras tanto, Inés, la hija de Agustina, encuentra consuelo en su conexión con las máquinas creadas por la enigmática artista plástica Miranda, que aparecen en los alrededores de Cubilete 189 y se van recen extendiendo por la ciudad. A medida que la relación entre Inés y las máquinas se profundiza, la línea entre la realidad y la fantasía se desdibuja”, dice la sinopsis.
ENTREVISTA EN VIDEO A PAULETTE JONGUITUD (VE ESCUCHA)
–El mundo desplazado nos motiva a muchísimas circunstancias y a muchísimos significados. Justamente estoy leyendo mientras te esperaba un ensayo de Sandra Lorenzano, que dice que en el mundo desplazado hay dislocamiento, hay un quebrantamiento de huesos. ¿Cómo se pliegan los huesos y las máquinas, en esta gran novela que has escrito, Paulette?
–Me interesaba mucho explorar este desplazamiento, como, como tú dices, que nos ocurre a muchas mujeres que nos dedicamos a la creación. Tenemos que convivir nuestra parte creativa con nuestra salud mental, con nuestro lugar en la sociedad y en la familia. Y a veces esos tres caminos no encajan. A veces se violentan incluso entre ellos y creo que no solo es un asunto de ser mujer, sino también de las diferentes edades por las que atraviesa nuestra vida creativa. Suele comenzar cuando somos niñas y va presentando diferentes problemas, hasta alcanzar la madurez de una artista consolidada, que es el caso de Miranda y de sus máquinas. Cuando llega a la madurez artística, empieza a entender que no hay ideas originales y que está un poco cansada de que su propia creación artística le duela. Entonces empieza a generar estas máquinas con la que se puede crear y lo que hace es marcar más dolores.
–Está también el tema del cuerpo de las mujeres
–Cuando el cuerpo empieza a hacer cosas no solicitadas, como generar demasiada adrenalina en el trastorno de ansiedad o llevarnos a atravesar una depresión posparto, como atraviesa Agustina, muy profunda y hay que existir y hay que criar a los hijos y hay que crear a pesar de lo que nuestro cuerpo decida.
–El libro también hace hincapié sobre que las mujeres hacemos muchas cosas deseadas con el cuerpo, digamos, ¿no? En general son más las cosas no deseadas que las cosas deseadas.
–Sí y quería precisamente que la mayoría de las artistas que presento trabajen con su cuerpo, ¿no? Por eso solamente hay una escritora, pero me interesaba la escultura, me interesaba el graffiti en la niña, que el arte pasara a través de su cuerpo y como dices tú, que lo utilizaran para algo deseado, que no fuera un accidente, una consecuencia de ser mujer, sino que fuera una intención, crear a través de mi cuerpo.
–Tu teoría también se marca, por ejemplo, en todos estos cuerpos que tienen que estar delgados, que tienen que estar en determinada posición y en determinada visión para el hombre
–Es un tema que me gusta mucho que lo hayas encontrado en la obra, porque no está al centro, pero me interesa mucho, sobre todo porque soy, desde que fui madre de una niña, pensé, es que esto tenemos, tenemos que detenerlo, esto que dices, ¿no? Y empecé, o sea, mi obra relacionada con una artista a la que yo admiro muchísimo, que es Ana Mendieta, que hizo las mismas preguntas que nos hemos estado haciendo tú y yo. ¿Cuál es el cuerpo femenino aceptable y qué hay que hacer con él?
–Qué se permite hacer con él. Claro. ¿Te sientes así como una especie de instrumento en tu propia obra?
–Yo me siento como una exploradora, quizás, tratando de encontrar una salida. El tema del centro, que es la depresión y los trastornos de ansiedad, pues es algo muy personal lo que pasé. Una depresión posparto con mi hija, trastornos de ansiedad de toda la vida, entonces sí es algo que le pasó a mi cuerpo y que he tratado de utilizar en la creación, de alguna manera.
–Cuando tú hablas de creación, hablas de literatura, hablas de una escultura, hablas de lo que sea
–Una parte muy importante para mí de la creación artística es la conversación con otras artistas o con otras mujeres y a veces esa conversación es interna, ¿no? O sea, yo hablo mucho con Ana Mendieta y Ana Mendieta hace mucho que no está aquí y aun así creo que en esa conversación que tenemos también hay algo de creación.

–Ahora, no hay muchas ni muchos artistas plásticos que escriban novela. En tu caso se dan las dos y es una novela, la que acabo de leer, muy profunda y que tiene las características de una novela, no es que una artista plástica escribe una novela, sino que es una novela por sí misma.
–En realidad, mi interés por el arte plástico es más académico que nada y desde el punto de vista del espectadora. Sin embargo, cuando tenía unos 24 años, por un accidente llegué a una exposición que yo no sabía que iba a ser tan importante en mi vida y que era importante en la historia del arte de las mujeres. Fue una retrospectiva que hicieron en el Centro Pompidou, que se llamaba Elles y era todas las mujeres que puedes imaginarte que han pasado por el arte en los pisos del Pompidou; entonces ahí fue cuando dije ok, mi labor aquí es desde la escritura, desde pensar el arte plástico y el único arte plástico que yo puedo generar, lo puedo generar en mis letras, adentro de mis historias, no acá afuera en el mundo.
–Acercas a nosotros al arte plástico y uno de tus presentadores va a ser Roberto Abad y por supuesto no vamos a contar toda la historia de la novela porque si no haríamos spoiler, pero el tema del misterio, el tema un poquito de la ciencia ficción, el tema un poquito de este lo siniestro o lo terrible también están en tu novela y por supuesto que Roberto Abad lo sabrá contar muy bien porque él también viene de ahí…
–Lo que más me interesa leer siempre es esto que llaman la literatura de género, la ciencia ficción, el horror, son los espacios donde me siento más cómoda y cuando estaba atravesando ansiedades y depresión postparto dije este es un temazo para el terror, porque es traer todo esto que me da miedo pero que no existe y ponerlo en una historia y ver si todas nos asustamos de lo mismo. Con Roberto Abad pues fue una feliz coincidencia porque Roberto tiene la beca Fonca de Jóvenes Creadores y yo soy su tutora y antes no lo conocía. Lo empecé a leer y cuando salió mi libro, la editora Eloísa Nava, me dijo: te tiene que presentar Roberto Abad.

–Hay mucha gente que dice que no tiene valor terapéutico la literatura, que hay que dejar de verlo así, en tu caso ¿Cómo ves? ¿Te ha funcionado para disminuir tu depresión? ¿Cómo ha sido la literatura para ti?
–Pues no, yo tuve que empezar a escribir este libro una vez transitada y superada la depresión, ahí fue cuando pude regresar y mirarla, cuando estaba adentro de la depresión postparto que fueron seis meses, lo que sí identifiqué es este es un muy buen tema y pensé voy a hacer diarios de este trayecto que después usaré, no sé para qué, pero para mí no para mí no tuvo como un fin terapéutico más allá de darme un propósito, de decir cuando salga de esta voy a escribir sobre esto.
–¿Qué te ha dado en función de tu obra anterior? ¿Qué aportaste, digamos, a tu obra?
–De lo que me siento orgullosa es que es el primer libro que sale como pensé que saldría, es la primera vez que digo ya tengo las herramientas teóricas. Mi caja de herramientas narrativas ya tiene lo suficiente para contar la historia como yo la quería contar, en otras ocasiones me he dado cuenta de que me faltaban martillos, niveles, que se me desbalanceaba un poco la máquina, en este caso terminó además con muchísima generosidad de Eloísa Nava que me ayudó a nivelarla.
–¿Crees que es una novela feminista o cómo la ves tú?
–Mira, ahí tengo como una indecisión, tenía la idea de que para escribir este libro leí todo el feminismo que pude leer y después a todas las artistas, mujeres gráficas y pictóricas y escultóricas que pude trabajar y después quise alejarme y decir no voy a escribir un libro intencionalmente feminista y cuando terminó dije escribí un libro intencionalmente feminista, no hubo escapatoria. Entonces, no me gustaría alejarme de la idea de que es un libro feminista, pero te digo que me causa como conflicto, porque según yo no iba a ir por ahí y de pronto se hizo gigante.
–El feminismo a pesar tuyo.
–Me atropelló, porque hablando con gente cercana me dice pues es que no podía no ser un libro feminista, si lo estabas escribiendo tú con estos temas.











