“El monstruo somos nosotros”, dice Nuria Barrios, autora de Todo arde
“La traducción hace que lo que es conocido, la lengua, pero la herramienta del traductor es desconocida. La traducción cuestiona todo lo lingüístico de tu idioma. Hay un momento de cuestionarte te das cuenta que todo el edificio es muy frágil. La lengua está basada en una ficción, donde no hay nada seguro”, explica.
Ciudad de México, 29 de septiembre (MaremotoM).- Es muy bueno que en México aprendamos a conocer a la escritora Nuria Barrios, porque tiene mucho talento y su novela Todo arde es un tratado en contra de la adicción o al menos para que conozcamos ese terrible drama que a todos nos modifica, nos interesa.

“El rechazo general que despierta Lena, como los estafadores, los asesinos, se basa en el miedo que todos tenemos a reconocer la existencia de esas pulsiones dentro nuestro. El monstruo es nosotros”, afirmaba Barrios cuando la entrevistamos por su novela y ahora presenta La impostora Cuaderno de traducción de una escritora, por la editorial Páginas de Espuma y ganador de XIII Premio Málaga de Ensayo es una maravillosa reflexión sobre la escritura y la traducción.
“La impostora es un ensayo literario sobre la vida a través del fascinante oficio de la traducción. El lector no sospecha los riesgos que encierra un texto traducido. Este libro descubre cómo nuestro orden político, cultural y religioso se basa en traducciones erróneas; cómo un oficio considerado casi doméstico está manchado por la sangre de quienes lo ejercen; cómo el prestigio de los escritores que se aventuran en este campo puede ser cuestionado; cómo, a pesar de su importante trabajo, las mujeres son también aquí invisibles. La traducción es un espejo donde el síndrome de la impostora cobra un hondo sentido existencial”, afirma la editorial.
Preguntar por ejemplo ¿qué diferencia hay entre “esplendor solar” y “solidaridad”, que de acuerdo a la traducción termina uno de mis poemas preferidos, “Los limones”, de Eugenio Montale? Decir que uno es monolingüista, un orgullo que me enseñó José Woldenberg y saber que uno ha leído “versiones” de los escritores que más admira. Hablamos de traducción con una traductora y escritora y aprendemos muchas cosas.
ENTREVISTA EN VIDEO A NURIA BARRIOS
Nuria Barrios es escritora, traductora y doctora en Filosofía. Es autora de las novelas Todo arde, El alfabeto de los pájaros y Amores patológicos; de los libros de relatos Ocho centímetros, El zoo sentimental y Balearia y de los libros de poemas La luz de la dinamo, ganador del Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado, Nostalgia de Odiseo y El hilo de agua, ganador del Premio Ateneo de Sevilla. Es la traductora al español del novelista irlandés John Banville/Benjamin Black y de la poeta estadounidense Amanda Gorman. Su última traducción es Los muertos, de James Joyce.
“No ha sido mentira todo lo que has leído, pero has leído versiones de los libros originales. Seguramente habrás leído versiones buenas, mediocres y malas. Los buenos libros repercuten en el lector independientemente de que fueran buenas o malas las traducciones. Las obras buenas tienen un poder mayor”, afirma Nuria Barrios en entrevista por zoom.

“El ensayo ha ganado un premio que le ha dado alas para que llegue a más personas. La diferencia entre literatura y traducción tiene muchas teorías, me gusta mucho la definición de la traducción como un género literario. Hay en la traducción mucho de oficio, es necesario dominar bien el lenguaje, hace falta mucho conocimiento de expresiones coloquiales y un ojo muy fino para que no se te escape la sombra de las palabras”, explica la autora que está siendo conocida cada vez más en México.
“Luego hay una parte de creación que surge siempre en una traducción en algún momento. En la lengua de origen hay una forma de expresar algo que no existe en la lengua del destino. Cuando la traductora se enfrenta a ese vacío, tiene que dar un salto y elegir cómo decirlo. Eso es algo propio de la creación”, afirma.
La sociedad vive en una especie de elogio a la cultura, pero al mismo tiempo se la maltrata, opina Barrios, quien acusa a la máquina explotadora de los que llevan el negocio (las editoriales grandes) de preferir el beneficio económico a una óptima traducción. “Pagan poco, pagan mal y lo que reciben está de acuerdo a eso”, expresa.

“La traducción hace que lo que es conocido, la lengua, pero la herramienta del traductor es desconocida. La traducción cuestiona todo lo lingüístico de tu idioma. Hay un momento de cuestionarte te das cuenta que todo el edificio es muy frágil. La lengua está basada en una ficción, donde no hay nada seguro”, explica.
Desde las traducciones de Anagrama, que lo hacen en España y no tienen una política para Latinoamérica por “los beneficios económicos”, hasta poner el nombre del traductor al lado del autor, los conceptos de Nuria Barrios son certeros y precisos.
La autora, que estará dando un curso en la librería U-Tópicas el sábado, para hablar de todos estos temas apasionantes, prepara otro ensayo sobre el amor (no quiere decir más nada), un tema que le resulta igual que interesante que la traducción.











