César Gándara

La única forma que le puedo dar sentido al crimen organizado se llama sistema económico: César Gándara

Con un ritmo trepidante de principio a fin, Luz de naranjos (NitroPress) se centra en la investigación que realizan Sabina y Checo del asesinato de Ringo, tras el cual van desenmarañando una red de corrupción política, empresarial y policial, así como de secretos familiares impensados, donde los personajes pueden unirse a una causa o cambiar de bando sin ningún inconveniente.

Ciudad de México, 23 de junio (MaremotoM).- Luz de naranjos, la nueva novela del autor César Gándara, parece ser una novela narcopolicial, pero a mí me da la sensación de que como todas sus novelas excede el género. “Fíjate que parte del reto para mí era justo eso”, admite este conocido escritor, quien a largo de su carrera ha hecho los libros Escafandra, La joroba de la bestia, Sombras del vacío y Rebelión de los fanáticos. Escribe series de televisión, entre ellas Yankee (Netflix), José José, el príncipe de la canción (Telemundo/Netflix) y Un extraño enemigo (Amazon). Ha sido distinguido con el Premio de Novela del  Concurso del Libro Sonorense  2023, la Presea al Mérito Cultural  Gral. José María Yáñez  en el Festival del Mar Bermejo 2023, el Premio Nacional de Cuento Beatriz Espejo 2021 y mención honorífica del Premio Nacional de Novela Corta Amado Nervo 2021. Imparte clases de creación literaria, de guión cinematográfico y de series de televisión en diversas instituciones del país.

Con un ritmo trepidante de principio a fin, Luz de naranjos (NitroPress) se centra en la investigación que realizan Sabina y Checo del asesinato de Ringo, tras el cual van desenmarañando una red de corrupción política, empresarial y policial, así como de secretos familiares impensados, donde los personajes pueden unirse a una causa o cambiar de bando sin ningún inconveniente.

“Quería hacer una novela policíaca en el sentido más o menos tradicional de la palabra. Hay un policía que está tratando de resolver un crimen, pero también quería contar la historia de una vida, de un personaje que es Sabina. Quería meterme en los zapatos de ella, quería vivir el mundo a través de ella porque me parecía un gran reto. Y tan gran reto fue que me costó diez años por fin llevar a término esta novela. Es tan importante el crimen como tan importante es ver cómo la maquinaria donde está metido todo esto. Ya habíamos comentado en otras ocasiones que para mí el tema del sistema económico en el que vivimos, como la idea del mayor de todos los males, tenía ganas de explorarlo también aquí, pero ya focalizado en todo el Estado”, explica César Gándara.

César Gándara
Editó NitroPress. Foto: Cortesía

Claro que en su sensibilidad también quería contar una historia de amor y guiarse un poco por el consejo de Gerardo de la Torre, quien decía que las diferencias entre el cuento y la novela, es que el cuento persigue anécdotas, mientras que la novela persigue destinos.

“Aquí despliego el alma de los personajes y quería jugar mucho, conocer mucho, no nada más a Sabina, sino a todos los personajes que están alrededor, sus conflictos, sus complejidades”, agrega.

–También te empeñas en aclarar a los habitantes de la provincia de México y los de la capital

–Siempre he sido un outsider en los dos lados. Porque en Sonora todo el tiempo me dicen: él no es de aquí, ¿verdad? Y en la Ciudad de México, dicen: él es norteño. Ahora estoy viviendo en Xalapa. Yo me considero de todos lados porque cada lugar al que he llegado me ha dado una experiencia vital, maravillosa, que ha enriquecido mi propia existencia, pero a la vez, a la hora de identificarme, pues siempre vuelvo al terruño. Siempre vuelvo a Sonora,  porque fue ahí donde me enseñó a hablar mi mamá, me enseñó a comer, aprendí a ver y de expresarme y eso lo llevo para todos lados.

–Claro que decir Sonora e inmediatamente decir Xalapa, habla de dos universos distintos. Lo que le ha pasado a César Silva, que vino de Ciudad Juárez…

–No es lo mismo,  pero es similar, en el sentido de que los dos venimos del desierto, los dos tenemos una manera de expresarnos y de alimentarnos que tiene mucho que ver con la austeridad o la austeridad del paisaje y eso mismo también se refleja en el lenguaje. La economía del lenguaje, la austeridad del lenguaje, el ser como muy directo, es algo que tiene que ver con la realidad también de esos lugares.

–Sobre todo comparándose con los veracruzanos, que son todo barroquismo

–Sí, todo muy florido, todo verde, vas a un jardín y puedes pasártela una hora apreciando solamente la belleza de las diferentes tonalidades de verde que hay hacia donde voltees

–Una de las cosas que miré también en tu novela es cuándo eres guionista y cuándo no…

–En un inicio lo hacía muy consciente: tratar de jalar algunas herramientas del lenguaje audiovisual, porque parecen muy efectivas, sobre todo el tema del ritmo. Estas estructuras de donde hay una pregunta en una escena y la respuesta se da en la escena final y que creo que tiene que ver mucho también con nuestra realidad, que vivimos en una inmediatez.

Sin embargo, la literatura es como el espacio donde está la oportunidad de poder profundizar mucho más en los personajes.  En sus realidades, en sus conflictos, porque también el tema del audiovisual es que es un trabajo colaborativo. Entonces tú puedes tener ideas y puedes hacer propuestas, pero finalmente el resultado es colectivo.

–Es un policial que se parece bastante a las novelas de Pierre Lemaitre

–El tema es que con la novela policial, uno también puede profundizar en la condición humana, que es lo que más me atrae y más me gusta de la novela independientemente del género.

–Ahora, ¿qué piensas tú? ¿Las nuevas generaciones se interesan por la novela negra?

–Hay un interés ahora por parte de los jóvenes hacia la literatura negra. Antes cuando se hablaba de literatura negra pues se hablaba de nombres. Se hablaba de Juan Hernández Luna, se hablaba de Rafael Bernal, de Gerardo de la Torre. Luego aparece una nueva generación que encabeza Élmer Mendoza y donde empieza a aparecer Eduardo Antonio Parra, donde hay una combinación con el crimen y de la violencia y también con todo este tema de condición humana y a partir de ahí ya puedes empezar a nombrar a muchos nombres más de gente que está trabajando el género y que está haciendo cosas muy interesantes.

–¿Crees que nos perjudica o nos beneficia lo que pasa a nivel del crimen organizado, hablo en sentido estrictamente literario? ¿Qué pasa un escritor con eso?

–Mira, lo que pasa es que yo creo que a nivel Latinoamérica hay una gran tradición de denuncia. Pienso en Kike Ferrari o en Nicolás Ferraro haciendo cosas interesantes con la realidad argentina, pero también pienso, por ejemplo, lo que pasa con Leonardo Padura en Cuba, con la realidad y la manera de impartición de justicia y todo es muy diferente y se ve retratado eso, donde siempre hay una manera de denuncia. En el caso de la literatura mexicana, pues también hay los propios temas y uno de esos es que me parece muy difícil pensar en una historia policiaca donde el protagonista sea policía, por toda esta tradición y por toda esta idea que ya tenemos de que los policías luego hay que tenerles más miedo que confiar.

César Gándara
Como hombre era muy difícil tratar de meterme de repente en los calcetines de ella. Foto: Cortesía

–¿Cómo haces para trabajar con una mujer policía?

–La condición de ser mujer en un ambiente tan masculino, tan machista, tan cerrado, siendo además una mujer rebelde, en el pueblo polvoriento donde vive, la pone en una situación que está en un lugar donde no quiere estar. Y cuando decide estar porque quiere buscar y averiguar qué pasó e investigar, tiene que salirse de la policía y se tiene que ir por la libre para poderlo lograr.

–Acabo de ver este fin de semana Departamento Q, la nueva serie de Netflix, te la súper recomiendo. Donde hay una mujer y me parece que en el Primer Mundo, no hay diferencia…

–La realidad es otra, la realidad que se vive en nuestros países es muy diferente. En la literatura va cambiando también con el tiempo, porque no es lo mismo un policía de Rafael Bernal, que todo lo quiere resolver a golpes, que un policía como el Paco Ignacio Taibo, que lo resuelve en comunidad y con la ayuda de sus amigos. En mi caso, por ejemplo, no es tan directo el tema del narco, no es tan importante el tema como tal, pero pues es un telón de fondo que siempre está ahí, porque es parte de nuestra realidad.

– Eso es lo que te quería decir, que hay muchas denuncias en tu novela. Hay denuncias que son abiertas y hay otras que son cerradas, como que uno tiene que inferirlas.

–¿Cómo explico el narcotráfico? ¿Cómo explico la trata de personas? ¿Cómo explico el ecocidio? ¿Cómo explico las influencias de poder y la relación que tiene con transnacionales para hacer crimen delincuencial organizado desde esas cúpulas, desde arriba? ¿Cómo lo explicas? ¿Cómo te explicas el mundo? La única forma que yo le puedo dar sentido a todo eso se llama sistema económico. Cuando la prioridad es darle un valor monetario a las cosas, pues todas las cosas se someten a eso. Si generan una ganancia, la lógica es que se pueden utilizar sin moral. Quería platicar la historia de Sabina y toda la gente que está alrededor de ella, pero como idea quería tratar de levantar un poco la tapa para ver esa maquinaria y esos engranajes y cómo están relacionados todos ellos cuando aparentemente no tienen que ver una cosa con la otra.

–¿Qué te dejó Sabina como personaje?

Fue una grandísima y gratísima experiencia. Me dejó muchas cosas. Entre ellas, el diálogo. Porque justo como hombre era muy difícil tratar de meterme de repente en los calcetines de ella y tratar de ver el mundo y de sentir las realidades como las mujeres. Entonces, eso me invitó mucho a tener mucho diálogo. Con compañeras escritoras, con  colegas, con mi esposa, con mi mamá, cómo empezar a entender la realidad y ver con los ojos que no son los míos y que de repente la mirada masculina no pone atención en muchas cosas que la mirada femenina sí lo pone. Siempre también con mucha humildad en el sentido de que acepto perfectamente que no deja de ser una mirada masculina en un personaje femenino, pero siempre tratando de ir como, o sea, justo no quedarme en la superficie.

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