Eduardo Galeano. Las orillas del silencio (Siglo XXI), de Román Cortázar, nos abre a un universo ya conocido, pero al mismo tiempo nos deslumbra con una personalidad nueva, destinada por supuesto a las próximas generaciones. Nos recuerda que hubo una época en que Eduardo Galeano era un gran protagonista de nuestros sufrimientos y nos comprendía con esa pluma que siempre estuvo al lado del pueblo. Esa obra está y la rescata y la destaca Román Cortázar.
Ciudad de México, 21 de enero (MaremotoM).- Eduardo Galeano fue uno de los autores clave de nuestro continente. Sus publicaciones a lo largo de su trayectoria entre ellos Las venas abiertas de América Latina, El libro de los abrazos, La memoria del fuego, Mujeres, fueron fundamentales para toda una generación, su obra se ha leído con fervor y regocijo a lo largo de tres décadas y sigue impresionando en la juventud.
Éste es un viaje a la intimidad del escritor uruguayo y un recorrido por una faceta poco conocida de él: su periodismo, hecho por alguien que lo ha conocido y que sigue a su obra con una fidelidad y un sostén apreciables, en un mundo donde se van olvidando ciertos autores, que fueron sustanciales para toda una generación.
Eduardo Galeano. Las orillas del silencio (Siglo XXI), de Román Cortázar, nos abre a un universo ya conocido, pero al mismo tiempo nos deslumbra con una personalidad nueva, destinada por supuesto a las próximas generaciones. Nos recuerda que hubo una época en que Eduardo Galeano era un gran protagonista de nuestros sufrimientos y nos comprendía con esa pluma que siempre estuvo al lado del pueblo. Esa obra está y la rescata y la destaca Román Cortázar.

–Tu libro tiene una sensibilidad muy notable con Eduardo Galeano, el gran motivador, ¿verdad?
–Galeano se volvió un autor fundamental para mí a los veintipoquitos años. Cuando Eduardo era flaco, muy joven, muy guapo, lo conocí por Coral Aguirre. Posteriormente, después de Memoria del fuego, en el 2011, me invitó a Montevideo y estuve trabajando sobre su obra. Este libro fue muchos libros. Creo que uno cuando empieza a escribir tiene claro dónde quiere llegar, pero no cómo. Y a veces a dónde va a llegar se disuelven muchos finales. Este libro originalmente fue concebido como un libro de crítica literaria, qué bueno que no lo fue. Ahora no me atrevería a definirlo, porque parecería una biografía que no es.
–Es un libro coral, me parece…
–Ya no tuve la oportunidad de preguntarle a Eduardo estas cosas, hablamos sí de sus primeros libros, que él consideraba pecados de juventud, no le gustaban en absoluto. Ni Los días siguientes, ni Los fantasmas del día del león, ni Guatemala. De hecho, cuento en el libro cuando encontré el título de Las venas abiertas de América Latina en Guatemala. Si bien no le gustaba esa parte de su obra, decía que no era su propia voz, me parece que había algo ahí, la idea no se había presentado completa, cómo empezó a escribir así, por qué. Eso me llevó a esta biografía del estilo. Creo que cuando nos gusta mucho un autor, nos atraen mucho sus primeros escritos, uno quiere saber de dónde viene, su genealogía. Y con Galeano así me pasó. Hay una especie de neblina alrededor de su formación, era necesario preguntarle a quien lo conoció. Entonces, fue así como llegué a Gloria D’Alessandro, a José Díaz, a Carlos Machado, pero eso fue también gracias a la intervención de Elena Villagra, que me organizó las entrevistas. Por otra parte, como dice Fabián Kovacic en su libro, Eduardo no quería una biografía, a Elena se le hubieran caído los cabellos si le hubiera dicho que esto era una biografía. Esas puertas me llevaban a un Eduardo desconocido para todo el mundo, el Eduardo de los 14 años, militante de la juventud socialista, que me parece que es ahí donde se puede hallar o descubrir el origen de su palabra. Fue asombroso encontrar que los textos juveniles, ampulosos, sobrados de palabras, bastante pedantes a veces, ya puede encontrar uno las huellas de Eduardo Galeano.

–¿Qué pensaba de Las venas abiertas de América Latina? Porque eso fue un antes y un después en su carrera.
–Lo que pasa es que ese antes y después le llega a un Eduardo más o menos famoso en Montevideo. Es decir, lo empiezan a publicar desde los 15 años.
–Sí, pero se convierte en famoso a nivel internacional
–Sí, pero no en Uruguay. En Uruguay ya había prologado Mario Benedetti su libro, Ángel Rama lo adoraba, ya había sido director del diario Época, había sido secretario de redacción de Marcha. Es decir, a los 30 años ya es un escritor con una gran trayectoria. En Época escribía diariamente el editorial del periódico. Escribía muchísimo, además de sus colaboraciones para la revista socialista Monthly Review, había publicaciones de todo el continente, de Italia, que tenían sus colaboraciones. Como casi todo gran autor, hay muchos autores en uno solo, son muchos periodos. El primero es desde que empieza a escribir hasta las venas abiertas, es un Eduardo claramente rastreable. El segundo con Días y noches de amor y de guerra, que ya tiene estas viñetas. El tercero empieza con Memoria del Fuego y el Galeano que todo el mundo conoce y celebra.

–Los tres Galeanos, siempre unidos por el fútbol,
–Es que fue orillero en ese sentido. A muchos críticos se les caerían los pelos, pero Galeano sería imposible sin Borges. Como dice Rama, Walsh es el hijo más heterodoxo de Borges. Bueno, Galeano viene de la misma genealogía. Borges es un autor orillero. El fútbol era tradicionalmente expresado por la derecha, por las masas y por la izquierda, como el opio del pueblo. Y Galeano es uno de los primeros autores que aborda el fútbol como escritor. Publica una antología de texto sobre el fútbol en Arca, en el 66-67, Su majestad del fútbol, pero, ojo, en las cartas se refiere al fútbol también de forma un poco desdeñosa. Todavía está como transición, pero le apasionaban las orillas. Me parece también natural en alguien que consideró que su verdadera palabra estaba en los humillados. Él dice, tengo esta pasión por los humillados, por los desposeídos.
–Al final también lo que tú marcas es que él cambia mucho el estilo al final, digamos. Parece ser otro Galeano. Las venas es un ensayo en el sentido tradicional del término
–Podríamos asimilarlo a la gran tradición del ensayo latinoamericano, a la tradición de Nuestra América de Martí, incluso de Sarmiento. Es la averiguación de nuestras entrañas desde la palabra, desde la prosa. Incluso El arco y la lira, pienso, pero tiene un afán más poético. Esa es una forma tradicional de escribir para Eduardo. No era la forma quizás más coherente con su forma de acometer la escritura, sea Patas arriba, que es como el segundo volumen de Las venas…, es como Las venas abiertas actualizada. Y allí hay más, está el viñeteo, la prosa corta, enjuta de carnes. Me parece que Las venas abiertas sigue siendo un gran libro, no para averiguar verdades, aunque tristemente muchas verdades de ese libro siguen siendo verdades contemporáneas para nosotros, en términos sociales y culturales, pero para Eduardo no era sino un libro de alguna época y no quería quedarse en el pasado.
–¿Cómo ha sido la recepción en México de Eduardo Galeano?
–Tiene poco tiempo en el mercado, salió apenas en julio de 2024. Esperaría que el niño se vaya por los caminos que quiera. Ha habido generosas reseñas en Laberinto, en La Jornada Semanal, que obviamente agradezco.











