Nicolás Ferraro narra la historia desde lo marginal y establece una diferencia con la novela negra tradicional. “Aunque aquí la novela noir en nuestro país es muy heterogénea. Me interesa ese tipo de narración donde el personaje tiene que tomar una decisión. Cualquier decisión será mala”, afirma.
Ciudad de México, 25 de mayo (MaremotoM).- El Premio Internacional Dashiell Hammett de Novela Negra 2022 fue para la novela Ámbar, del autor argentino Nicolás Ferraro. Una novela negra diferente, toda vez que la protagonista es una adolescente atada infranqueablemente al destino violento de su padre.
Es contradictoria la historia, porque por un lado el progenitor tiene un destino nada recomendable para criar a una hija y al mismo tiempo está siempre con ella, no la abandona, como sí hizo su madre, que vive en Brasil.
Ferraro, un joven autor, nacido en 1986, llega al género con ganas de aportar algo desde su vértigo y desde su pasión, eso sí, pensando siempre en los maestros que admira y que son su guía. Descubrió la literatura negra y criminal gracias al videojuego Max Payne y desde ese momento pasó a formar parte del podio junto con las hamburguesas y la NBA. Es interesante ver cómo los autores de la nueva generación tienen como inspiración a distintos elementos que antes movían lo que considerábamos “noir”. Ya no hay un detective con la boca pastosa, pero la realidad sucia y criminal sigue estando.

Nicolás Ferraro trabaja en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno como Coordinador del Centro de Narrativa Policial. Dogo (2016, Del Nuevo Extremo), su primera novela, fue finalista del concurso Extremo Negro. Cruz (2017, Editorial Revólver, Argentina; 2019, Nitro/Press, México; 2019, Delito Libros, España) fue finalista del premio Dashiell Hammett a la mejor novela negra que otorga la Semana Negra de Gijón. Fue publicada en los Estados Unidos por la editorial SoHo en Octubre del 2022. Publicó, también, El cielo que nos queda (2019, Editorial Revólver). NitroPress, como editorial, también encarrila el camino de Ferraro en México, tal como lo hiciera en su momento, con Kike Ferrari, otro narrador de novela negra argentina.
ENTREVISTA EN VIDEO A NICOLÁS FERRARO
“Las propias experiencias que uno tiene, es lo más fácil para ir a robar. El cambio de época en la generación, donde aparece Internet, donde aparece el rol que ocupa cada uno en la familia, uno puede manejar la tensión. Desde ese lugar quería construir a esa hija y a ese padre y tiene que ver con que la familia es lo que te tiene que cuidar, te tiene que proteger”, dice Nicolás Ferraro, en entrevista por zoom.
La pregunta básica de la novela es pensar cómo ese lugar que debería darte protección, te pone en peligro. “Para reducir los personajes, pensé que la madre era una ausencia y el padre, a pesar de ser criminal, no abandona a la hija. A la vez Ámbar, de 15 años, piensa en la leyenda que hay cerca de su padre, pero al mismo tiempo no me abandona. Tiene el trauma de querer hacer oídos sordos a la leyenda de su padre, que es un criminal de dos pesos y quedarse con el padre que está y que la quiere”, afirma.

Los padres que para los hijos en determinando momento de su vida son los superhéroes y “el Estado nunca llega a la clase social que manejo para mi historia y al Estado lo reemplaza la familia. Somos revolucionarios los hijos y ahora la revolución es plantar y tomar el té”, dice.
Nicolás Ferraro narra la historia desde lo marginal y establece una diferencia con la novela negra tradicional. “Aunque aquí la novela noir en nuestro país es muy heterogénea. Me interesa ese tipo de narración donde el personaje tiene que tomar una decisión. Cualquier decisión será mala”, afirma.
“Me interesa el lenguaje, aunque todo envejece muy rápido, con la velocidad de Internet. Desde las críticas del capitalismo, hasta la idea del género, la novela negra argentina es sumamente heterogénea” y obviamente no busca a un héroe detective ni a un policía decente, porque “el Estado es el criminal”, expresa.
“¿Qué diferencia tenemos con la novela estadounidense? Que no tenemos detective y en mi caso, con mi novela Ámbar, la violencia sucede en la habitación de al lado. El padre es el criminal y hay gente que me dice que estoy más calmo con la violencia, pero no es así. Cambia el punto de vista, la violencia gotea de a poco y tiene un estallido en el clima final. La violencia no tiene que ver con el derramamiento de sangre, sino que viene de diferentes lugares”, afirma.
Ferraro se mueve en un mercado pequeño, donde la novela negra no va a ser best seller y por el contrario tendrá que encontrar lectores uno por uno. Al mismo tiempo, las dificultades del mercado también le permiten ser libre y tener menos compromiso con la “industria editorial”.
“Existe una libertad artística que nos permite contar lo que querramos. Es tonto negar la realidad, negar la violencia. La violencia es una construcción que en algún punto nos toca. Odio celebrar la violencia, que es real y quiero tratar la violencia para que genere algo en el lector. La violencia es una porquería y para mí es un fracaso ”, expresa el autor argentino.











