Adrián tiene muchos seguidores en el ámbito digital y por eso ha nacido este libro. Es un baluarte de la nueva generación y desde allí esboza sus líneas con el idioma. Es probable, como él mismo asegura, que la Real Academia de la Lengua, la de España, sea demasiado estricta, pero hay algo que él no menciona y que tiene que ver con la ideología que va en contra de la normatividad.
Ciudad de México, 6 de agosto (MaremotoM).- “La lengua es para hablarla, no para obedecerla”, con ese slogan el escritor Adrián Chávez publica un libro provocador: Manual del español incorrecto, editado por Aguilar, que abre una guerra contra todos los normativistas.
Lo primero que le pregunto, en una entrevista que se cortó por la falsa alerta sísmica el lunes pasado, es precisamente qué le pasa a él con el idioma español, que a todos por más que sea nuestra lengua nativa, nos resulta complicado.
Él dice, la mar de simpático, que no le pasa nada, que le encanta hablar en español, le encanta escribir, pero luego me discute que no hay que ser tan estricto cuando los hablantes no ponen el símbolo de apertura cuando hacen una pregunta o exclaman una admiración. Bueno, yo más que el tema del sismo, estaba asustada porque probablemente me encuentro dentro de los normativistas, me gano la vida corrigiendo y editando y hay veces que escuché decir que aquellos que abrimos y cerramos preguntas en el plano digital, somos como una especie de psicópatas.
Nunca discutí con alguien en la que yo fuera la voz autoritaria. Es más, siempre me considero una revolucionaria y mis debates tienen que ver con esa pretensión de que la autoridad amengüe o se vaya definitivamente.
Adrián Chávez dice: ¿qué importancia tiene que nuestro registro sea menos formal o que tenga una pronunciación distinta a la establecida o que se use una proposición que no han recomendado las academias de la lengua? La realidad es que estos juegos carecen de sentido, pues los diccionarios registran y describen algunos de los usos de la lengua de los hablantes, en cuyas bocas verdaderamente vive el español.

En este Manual del español incorrecto, el autor examina desde el humor los mitos que existen sobre la hipercorrección lingüística, el poder, la discriminación y todos los males que la normativitis (una palabra que no existe) ha permeado en la evolución de la lengua y que todos, (in)directa e indistintamente, hemos padecido alguna vez.
Como anuncio publicitario, la editorial Aguilar dice: “Este es el libro que los puristas de la lengua no quieren que leas”.
“Parte de la belleza de la lengua tiene que ver con que no se puede domar. La normatividad convertida en ideología nos ha inhibido de tener una relación de diversión más sana, más divertida, de gran autoestima, con la lengua”, dice Adrián Chávez en entrevista.
“Más bien ha generado una relación de culpa y bastante aburrida. No es que tenga algo de malo la norma, pero hay diferentes contextos. Hay contextos en donde la lengua es mucho más conservadora y los signos de puntuación se organizan para las ideas y son muy necesarios. Hay otros contextos El libro no es una guerra contra la normatividad, sino contra la normatividad que lo permea todo en nuestra percepción de la lengua.

Para él el signo de apertura en el español es una cuestión de convenciones y para mí un chaleco de fuerza en el manicomio. “El signo de apertura se creó porque en el español no teníamos cómo hacer una pregunta. A alguien se le ocurrió que iniciar el signo de apertura era normal, sobre todo para las preguntas largas, pero hay otros idiomas como el portugués o el italiano, donde tampoco se sabe cuándo uno hace una pregunta”, dice.
“Ojo, a mí el signo de apertura me parece muy lindo y forma parte junto con la letra “ñ” de la parte identitaria del español, pero hay contextos donde todo tiene sentido, pero por ejemplo en la mensajería instantánea, yo mismo quitaría el signo de apertura. Las convenciones de la escritura informal son otras. Está la prisa, la comunicación efectiva, que no atiende la normatividad”, afirma.
Adrián Chávez (Estado de México, 1989) es traductor, escritor, profesor y divulgador lingüístico. Es autor de las novelas Señales de vida (Fá Editorial, 2015), Lázaro (foem, 2023), el volumen de ensayos Strauss quería pastel (feta, Premio Nacional de Ensayo Joven José Luis Martínez 2018) y de la obra de teatro El donador de almas. Es egresado de la licenciatura en Interpretación por el Instituto Superior de Intérpretes y Traductores, de la licenciatura en Lengua y Literatura Hispánica de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y de la maestría en Teatro y Artes Escénicas por la Universidad Internacional de La Rioja. Su canal de divulgación en redes sociales, nochaveznada, cuenta con más 700 mil seguidores.
Okey, Adrián tiene muchos seguidores en el ámbito digital y por eso ha nacido este libro. Es un baluarte de la nueva generación y desde allí esboza sus líneas con el idioma. Es probable, como él mismo asegura, que la Real Academia de la Lengua, la de España, sea demasiado estricta, pero hay algo que él no menciona y que tiene que ver con la ideología que va en contra de la normatividad.
Una de las cosas que le planteé es porqué decir “dueto” si en español existe “dúo”. ¿No tiene esto que ver con la influencia del inglés y que las nuevas generaciones no leen prácticamente nada y que alegremente dejamos entrar palabras por aquí y por allá?
Adrián Chávez dice siempre hemos batallado con miles de palabras extranjeras que vienen a contaminar el español. Para él “la palabra dúo, que cada vez menos se usa, tiene una dosis de arcaísmo”.
“La lengua cambia por sustitución, piensa uno, pero en realidad no funciona así. La lengua cambia por competencia, hay veces que una palabra dura un siglo entero, pero luego se va acomodando al uso, por variaciones regionales, estéticas, comerciales, institucionales. La resistencia normativista es falta de perspectiva histórica”, asegura.











