Vicente Alfonso

LEER FICCIÓN NO ES UN ASUNTO INTRASCENDENTE: VICENTE ALFONSO

La novela La noche de las reinas (Alfaguara), de Vicente Alfonso, es un conjunto de violencia institucional, feminismo, memoria colectiva, belleza como arma política y acude a la memoria de los mexicanos para recordar ese hecho donde transcurre el certamen internacional de belleza en plena Guerra Sucia.

Ciudad de México, 14 de julio (MaremotoM).- La noche de las reinas (Alfaguara) reconstruye el ambiente en torno a un certamen internacional de belleza celebrado en México en 1978, un evento aparentemente trivial, pero que sirve de telón de fondo para explorar las violencias estructurales que afectaban (y afectan) a las mujeres: desde los cánones racistas y patriarcales, hasta la represión política, el secuestro y la desaparición forzada.

La novela sigue a varios personajes cuyas vidas se entrecruzan en el marco de este evento mediático y lo que empieza como una celebración internacional va revelando grietas oscuras del sistema: la discriminación, la represión, la complicidad estatal y la lucha subterránea de activistas, familiares y periodistas.

Vicente Alfonso, autor también de las novelas Huesos de San Lorenzo y La sangre comprometida, también aparece como el gran cobrador de las deudas que tenemos con la Guerra Sucia, un sistema de recuerdos de los que muchos mexicanos aparentan haber olvidado.

Vicente Alfonso devela cómo los concursos de belleza, lejos de ser “inocentes”, han funcionado como instrumentos de poder simbólico. Desde la imposición de cánones eurocéntricos hasta la manipulación mediática para disfrazar contextos represivos, el certamen se convierte en el espejo deformado de un país fracturado.

“El certamen no era apolítico. Lo personal es político.”, dice este destacado narrador, un gran valor en la cultura mexicana actual.

Vicente Alfonso
Editó Alfaguara. Foto: Cortesía

La novela describe con detalle las exigencias, presiones y violencias que sufren las concursantes. Desde el trastorno alimenticio hasta el juicio constante sobre el cuerpo, Alfonso muestra que la supuesta “glamourización” de la mujer en estos certámenes es una forma de opresión disfrazada de brillo.

“Siempre se dijo que cualquier muchacha querría estar en sus zapatos. Es falso. Están bajo presión constante.”, admite.

Guerra sucia, represión y memoria

El autor teje en la novela la represión de los años 70 en México, incluyendo secuestros de mujeres en la sierra, la censura, el silenciamiento del disenso y la violencia de Estado. Aquí, la literatura se convierte en una forma de memoria alternativa, frente a los silencios de la historia oficial.

“Mi trabajo como novelista es buscar las zonas oscuras, los testimonios que no se contaron.”, afirma.

Uno de los puntos más potentes de la novela es la dimensión colectiva de la protesta. Las luchas no ocurren en soledad: los personajes que se organizan, que se solidarizan, logran al menos hacerse escuchar. Es un llamado a ver la interseccionalidad de las causas.

La novela está estructurada como un expediente judicial, una técnica que Vicente Alfonso toma de su infancia (su madre fue juez) y que también le permite mostrar múltiples voces. Hay cuatro personajes principales, cada uno con su visión particular del conflicto. El narrador no emite juicios, sino que muestra, como si colocara la carpeta de investigación sobre la mesa del lector.

Esto permite una lectura crítica, sin moralismo.

Vicente Alfonso
El lenguaje es crudo, preciso, profundamente documentado. Foto: Cortesía

El lenguaje es crudo, preciso, profundamente documentado. También aparece el compromiso, sin ser panfletario y es aquí cuando el novelista describe su posición frente a los hechos.

“Esta posibilidad de construir una memoria colectiva alternativa, justamente cuando hay una imposición de verdades oficiales, es sí, pero siempre a nivel de las catacumbas, a niveles subterráneos, persisten testimonios dolorosos que necesitan ser difundidos y entonces, mi trabajo como novelista, es decir o preguntar: ¿cuáles son las zonas oscuras? ¿Cuáles son los testimonios que nos estaban contando? Y no solo estoy hablando de lo que les ocurría a estas muchachitas de 17, 18, 20 años que participaban en los certámenes, sino también a muchachas que vivían en la sierra y que tenían que sobrevivir aún con prácticas los robos de mujeres”, expresa.

¿Conservadurismo o miedo colectivo?, una pregunta que surge al olvido de ciertos hechos tremendos como el que cuenta La noche de las reinas.

“Hay mucho conservadurismo, pero también hay miedo,  porque la memoria nos recuerda cómo pueden resolverse estas disputas. Es decir, por desgracia, los poderosos no entran en el juego de las argumentaciones, sino como decía mi maestro Federico Campbell, el poder es básicamente poder matar. Y sabemos que cuando las protestas empiezan a volverse cada vez más fuertes, la represión no vienepor un lado amable”, agrega.

Le pregunto a Vicente por la doble vara con que la justicia, el stablishment, mide el transcurrir del mundo. Europa, por un lado, pelea por Ucrania e ignora a los palestinos. ¿Dónde el equilibrio?

“ Las invasiones, los genocidios, siempre han tenido este barniz de la doble vara. Pensemos en lo que está ocurriendo en el 78 en Sudáfrica, ¿no? Es decir, el apartheid tenía este discurso de decir, no, es que lo estamos haciendo para que funcione. Entonces, el discurso nazi también era eso.  Siempre se le barniza de cierto proyecto que tiene un discurso de legalidad, pero que está impuesto.  La misma Junta Militar en la Argentina no se nombraba, por supuesto, como una dictadura, sino como un proceso de reorganización nacional”, dice el autor nacido en Torreón en 1977.

“Una de las cosas que me preocupaba con la novela y creo que no hago spoiler, en ese momento Sudáfrica estaba vetado de todas las competencias internacionales, olimpiadas,  mundiales de fútbol e incluso se supone que de los certámenes de belleza y encontraban resquicios legales para participar. La historia que contiene la novela es justamente una ficción y no lo que pasó en realidad, en donde coinciden la novela y la historia, es que Sudáfrica logra participar y gana”, explica.

La novela equilibra la denuncia con el arte narrativo. Tiene momentos de humor negro, especialmente en los diálogos de los políticos y aunque Alfonso se cuida de “ser juez”, su escritura tiene una clara vocación: sacar del olvido lo que se quiso enterrar. Desde las violencias normalizadas hasta las protestas silenciadas, La noche de las reinas hace ficción crítica de la historia mexicana y lo hace desde el lado de las mujeres, los estudiantes, los campesinos, los marginados.

Sus influencias son Federico Campbell, su gran maestro, la novela de Elena Poniatowska: “Hasta no verte, Jesús mío”, Carlos Monsiváis y Carlos Montemayor, como cronistas del México reprimido.

“Hay que aprender a involucrarse en la lucha del otro, aunque pensemos que no nos toca”, dice Vicente, en esta entrevista donde se define como un novelista “que es como un secretario de juzgado que pone la carpeta en la mesa del lector.”

“Leer ficción no es un asunto intrascendente. Es asomarse a un laboratorio de la realidad.”, dice el autor de La noche de las reinas, que no es solo una novela sobre un concurso de belleza. Es un espejo que muestra la belleza como campo de batalla, un país que maquilló su dolor con diamantes falsos y una historia que sigue pidiendo ser contada.

Vicente Alfonso se confirma como uno de los cronistas más finos y necesarios de la literatura mexicana contemporánea, alguien que recuerda, denuncia y honra —sin estridencias, con maestría— a las mujeres y a todos los cuerpos vulnerados en nombre del poder.

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