León Plascencia Ñol

LEÓN PLASCENCIA ÑOL: EL DOLOR Y LA ENFERMEDAD CONVERTIDOS EN POESÍA

En este poemario, Plascencia logra algo distinto a sus trabajos previos: “Es el primer libro en donde hay una despersonalización real. El yo que se llama León desaparece para dar paso a múltiples voces: las de los enfermos, los trastornados, los que padecen. Fue un trabajo de despersonalización para escribirlo, pero no para comunicarlo. El lector entra, se conmueve, se enfrenta al dolor”.

Ciudad de México, 18 de septiembre (MaremotoM).- León Plascencia Ñol es un poeta que ha construido su obra como un extenso tejido de registros, voces y obsesiones. Cada nuevo libro abre una puerta distinta: Animales extranjeros, Atenas 3.17, Historial clínico, Monk —dedicado al gran Thelonious Monk— y ahora Escenas difusas al fondo del paisaje, galardonado con el Premio Nacional de Poesía Amado Nervo 2024.

El jurado calificó el poemario como “un libro muy bien construido que cumple con su propuesta de manera impecable, ahondando en la enfermedad como un tema que se trata desde distintas perspectivas”. No es casual: la enfermedad, el dolor y los trastornos son aquí la materia prima de un ejercicio de despersonalización poética que sorprende por su hondura.

El origen de un libro extraño

En entrevista, Plascencia recuerda que la chispa inicial fue una anécdota vivida en Guadalajara:

“Llegué a mi departamento y la televisión estaba prendida. Una voz en off describía los síntomas de una enfermedad y yo, mientras los escuchaba, empecé a sentirlos. Al final, el locutor dijo que era una enfermedad rarísima, que solo les daba a los simios. Ahí comprendí cómo nos armamos una historia y supe que quería escribir sobre eso”.

A partir de ahí, comenzó a indagar en síndromes y trastornos poco comunes. El resultado es un conjunto de poemas que oscilan entre la voz del enfermo y la del observador.

León Plascencia Ñol
Algunas enfermedades necesitaban un lenguaje mucho más amplio; otras pedían contención. Foto: Cortesía

“Algunas enfermedades necesitaban un lenguaje mucho más amplio; otras pedían contención. Jugué con esas estructuras. A veces intenté que hablara el paciente, otras veces un yo lírico externo, casi médico”, explicó.

Uno de los textos más potentes del libro es Migraña, donde el autor describe “un cuchillo taladrando los tímpanos”. La exploración del dolor físico, sobre todo cuando proviene del cerebro, ocupa un lugar central en el poemario.

La investigación fue exhaustiva: “Me puse a leer sobre enfermedades raras, trastornos y síntomas. Pocos son comunes; la mayoría son extraños, difíciles de imaginar. Quise explorarlos con una mirada lírica, reflexiva”.

Aunque escrito en pocos meses, Escenas difusas al fondo del paisaje tardó años en llegar a su forma final.

“Yo escribo rápido, pero me tardo muchísimo en corregir. Corregí el tono, las estructuras. Cuando vi la convocatoria del Premio Amado Nervo, pensé que era la última oportunidad de mover este libro. Afortunadamente resultó ganador”.

El reconocimiento no solo consagra el proyecto, sino que lo pone al alcance de más lectores: las ediciones ligadas al premio son de distribución gratuita.

León Plascencia Ñol
El gobierno de Nayarit regala ejemplares. Foto: Cortesía

“El gobierno de Nayarit regala los ejemplares. Si alguien lo pide, se lo envían. Eso me parece maravilloso: que la poesía llegue sin barreras”.

En este poemario, Plascencia logra algo distinto a sus trabajos previos: “Es el primer libro en donde hay una despersonalización real. El yo que se llama León desaparece para dar paso a múltiples voces: las de los enfermos, los trastornados, los que padecen. Fue un trabajo de despersonalización para escribirlo, pero no para comunicarlo. El lector entra, se conmueve, se enfrenta al dolor”.

Radicado en la Ciudad de México, oriundo de Guadalajara, Plascencia no esconde su apego a la vida urbana:

“Disfruto mi casa, disfruto trabajar ahí. A veces en tu ciudad natal se olvidan de ti y no hay nada que puedas hacer. Lo único es seguir trabajando”.

Escenas difusas al fondo del paisaje confirma a León Plascencia Ñol como un poeta de registros múltiples, capaz de transformar la enfermedad y el dolor en materia poética. Su voz, que desaparece para dar lugar a otras, construye un libro inquietante, lúcido y profundamente humano.

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