Adán Brand

Los niños ferales y su lenguaje en el trabajo de Adán Brand

Guadalajara, Jalisco, 28 de noviembre (MaremotoM).- A pesar de su juventud, Adán Brand es uno de los poetas destacados de su generación, ya con varios premios en su haber entre los que sobresalen la Medalla Alfonso Caso en 2013, el Premio Nacional de Poesía Joaquín Xirau Icaza en 2019 y la beca de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de poesía (2014). En el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara tuvimos oportunidad de entrevistarlo, a propósito de la presentación de su libro [fe.’ra.les] (Medusa Editores).

—A partir de tus estudios con la lingüística surgió en ti esa pulsión por explorar el lenguaje y la manera en que nos comunicamos. Háblanos de tu proceso.

—Estudié la Maestría en Linguística Aplicada en el 2009 y en aquel entonces no sabía que me decantaría por la poesía, pero me interesó mucho el tema de la falta de herramientas para poder comunicarnos. Más allá de que compartamos la lengua, eso no significa que nos podamos entender, ahora imagínate lo difícil cuando no tienes desarrollada la capacidad gramatical, como se cierra el mundo. Ese fue el germen desde el que empecé a pensar en los niños ferales, pero abordado desde la poesía, más allá del abordaje lingüístico, como un texto literario.

Adán Brand
Editó Medusa. Foto: Cortesía

[fe.’ra.les] (Medusa Editores) es un texto poético, ¿pero también hay narrativa en él?

—Es un texto híbrido. Hay parte de los estudios lingüísticos que leí durante la maestría y rescaté para el texto, hay fragmentos de esos estudios, hay una parte epistolar, otra que es una bitácora y se va desarrollando de tal manera que debes leer el libro completo como si fuera un ensayo, como si fuera una historia. Quería emular un poco la naturaleza de los niños ferales a través del libro, un híbrido entre bestia y humano, en medio de nada, este libro está en los umbrales del entendimiento, como la comunicación de esos niños.

—Tuviste que internarte en la miseria humana, en la realidad de estos niños sometidos, encerrados, abandonados. ¿Cómo fue adentrarte en esa oscuridad y encontrar belleza a través de las palabras?

—El proceso fue desgarrador y complejo, me di cuenta de que el tema de los ferales, al menos los que están en la literatura, son vistos con mucha fascinación y su destino es grandioso. Y en la vida real estas historias son muy diferentes y terminan mal, como niños atrapados, como ratas de laboratorio, aprovechados por la academia, niños que ya no pueden desarrollar lengua. Pero la belleza está en esos momentos breves de lucidez y epifanías cuando, una vez rescatados, empiezan a entender conceptos y asociarlo a objetos.

Adán Brand
La investigación y el lenguaje de los niños ferales. Foto: Cortesía / Claudia Flores

—¿Son niños que siempre están aislados por la ausencia del lenguaje?

—Así es, su vida mental también nos será desconocida, porque no pueden acceder al gran mundo de conceptos y símbolos que tenemos los seres humanos. Nosotros conocemos el mundo a través de códigos lingüísticos o semióticos que vamos formando a lo largo de nuestra vida, pero para ellos, después de los 13, 14 años ya les resulta imposible de desarrollar.

—¿Cómo expresaste la parte de los niños, sin utilizar la lengua?

—Esa fue una parte muy difícil del desarrollo del libro. Cuando quería hablar desde la perspectiva de Víctor De Aveiron, uno de los niños ferales de los que hablo en la obra, quería mostrar el miedo y cómo habitaba la casa a la que la llevaron cuando lo rescataron. Lo complicado fue expresar lo que él pudo haber sentido, sin usar palabras, lo que me obligó a ser críptico. Desarrollar el tema de alguien que está aprendiendo a hablar sin expresarlo con palabras me forzó a hacerlo a través de la lingüística, con el alfabeto fonético internacional. Cuando hay corchetes significa que son puros sonidos sin significado y cuando hay barras diagonales es sonido que ya adquirió significado. Así lo hice en el libro para expresar el momento justo en que del puro ruido sin significado, el sonido obtiene sentido para estos niños, el momento de epifanía en que logran comunicarse, aunque de manera primitiva.

 

Comments are closed.