Macaria España

MACARIA ESPAÑA: LES PARECE MÁS CREÍBLE SUPERMAN QUE UNA MUJER CON PODER

Su respuesta final es tan contundente como su obra: “Todavía no me saco el Melate, pero no pierdo la esperanza”. En el fondo, sabe que la verdadera suerte está en haber encontrado su voz: la de una mujer que escribe con rabia, humor y lucidez, desde el centro del país y a contracorriente del sistema. Una voz que dispara palabras, como Isabel Tierra Frías dispara balas.

Ciudad de México, 12 de noviembre (MaremotoM).- Macaria España es una narradora que no se anda con rodeos. Nació en Guanajuato, estudió periodismo y artes y lleva en la sangre la necesidad de contar historias de resistencia.

Su escritura, directa y mordaz, se mueve entre el noir y la denuncia, entre la violencia y el humor. Fundadora del laboratorio literario Letróxico y autora de títulos como Banana Street y Madafakers! (Nitro/Press), es una de las voces más sólidas del género negro en México, aunque a ella no le interesa tanto el reconocimiento como la verdad de sus personajes.

“Conocí a Mauricio Bares en 2019, cuando terminé Banana Street”, recuerda. “Se la mandé, la dictaminaron favorablemente, pero no había presupuesto para publicarla. Luego llegó la pandemia y la Secretaría de Cultura lanzó un apoyo justo para autores con dictaminación positiva. Apliqué y así se hizo la coedición con Nitro Press. Fue mi entrada al mundo noir”.Macaria España

A partir de ahí, Macaria construyó un universo propio con Isabel Tierra Frías, su protagonista: una mujer fuerte, vengadora, que en Madafakers! se enfrenta a los fantasmas de la impunidad. “Isa está armada con su pistola, La Verga, y va en busca de justicia por el asesinato de su madre. Tiene humor, carisma y mucha rabia. Me gusta pensar que representa a todas esas mujeres que deciden tomar las riendas de su historia”.

Más allá de la ficción, Macaria España también se ha convertido en una voz crítica de su estado. “Siempre he sido activista. Desde joven participé en marchas del movimiento No más sangre y hoy cuestiono lo que pasa con la cultura en Guanajuato. Se nombra a una funcionaria con antecedentes de corrupción (Lizeth Galván Cortés) y nadie dice nada. Muchos artistas callan por miedo a perder apoyos. Yo no dependo de eso, por eso puedo hablar”.

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Su voz es disonante, rebelde, una interesante escritora. Foto: Cortesía

Hablar, en su caso, es también escribir. Su militancia pasa por la palabra. “Quiero que haya una comunidad real de escritores en Guanajuato, no esta competencia permanente. Pensé en formar algo parecido a un sindicato, para que quienes empiezan no tengan que pasar por los mismos obstáculos. Es difícil publicar desde provincia y más si eres mujer”.

Ser mujer, en la novela negra, es todavía más complicado. “Es un género muy masculino. Varios escritores reconocidos me han dicho que escribo mal, que no voy a triunfar, que mis novelas no sirven Los lectores hombres también lo reflejan. Uno me dijo que no era creíble que una mujer matara a tantos hombres, que las mujeres no son así. Les parece más verosímil Superman, que una mujer con poder”.

España responde a ese prejuicio con ironía. En sus historias, las mujeres no piden permiso para vengarse. “Nosotras también podemos ser las malas, pero en la literatura todavía se espera que seamos cuidadoras. Cuando una mujer mata o transgrede, la vuelven irreal o la convierten en bruja. Yo quiero romper con eso”.

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Con Banana Street, su primera novela. Foto. Cortesía

Sobre la situación literaria mexicana, coincide con la idea de que hay una resistencia a opinar con libertad. “Tenemos un complejo de colonia. Seguimos creyendo que lo extranjero es mejor. Vi tu pregunta sobre el premio Carlos Fuentes  y pienso lo mismo: ¿por qué nadie se atreve a decir que no le gusta? Falta honestidad y lectura. Nadie se pregunta quién lee a las mexicanas”.

Sí, las mexicanas escriben, pero pocas veces son escuchadas. “Camila Villegas, por ejemplo, con su novela Lo que resta es silencio o tantas autoras jóvenes que no tienen el respaldo de una gran editorial. Desde provincia, todo cuesta el doble”.

Cuando se le pregunta por qué escribe, Macaria vuelve a su adolescencia. “Mi mamá fue migrante y se fue a Estados Unidos. Yo me quedé con mis siete hermanas. Una vez no me dejaron ir a ver a Jean-Claude Van Damme y escribí un cuento donde las mataba a todas. Se lo enseñé a mi maestra de química —ni siquiera a la de literatura— y se rió tanto que me dijo que debía dedicarme a escribir. Desde entonces la escritura es mi catarsis. Escribo porque necesito hacerlo”.

Su respuesta final es tan contundente como su obra: “Todavía no me saco el Melate, pero no pierdo la esperanza”. En el fondo, sabe que la verdadera suerte está en haber encontrado su voz: la de una mujer que escribe con rabia, humor y lucidez, desde el centro del país y a contracorriente del sistema. Una voz que dispara palabras, como Isabel Tierra Frías dispara balas.

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