Manuscritos de la Ciudad Reptil

MANUSCRITOS DE LA CIUDAD REPTIL | Divagaciones sobre los JJOO y demás torneos deportivos

El fin de semana del inicio de los Juegos Olímpicos de París 2024, por la inercia e intermitencia veraniega y las lluvias que justifican el tirarse más de la cuenta ante el televisor, con el collage de competencias, marcadores, rostros, informaciones estadísticas, etc. me permití divagar un rato en torno a este tipo de torneos y escaparates de esa peculiar actividad humana que es el deporte.

Ciudad de México, 31 de julio (MaremotoM).- ¿Todas las medallas de oro tienen el mismo valor? En el circo de múltiples pistas que despliega la transmisión televisiva olímpica, a ratos captura nuestra atención algún atleta que heroicamente arriesga su integridad, tanto física como emotiva –por el peso acumulado de los sacrificios hechos desde edad temprana para aspirar a tales instancias de competencia– y súbitamente, en un corte o cambio de canal, enfrentamos otras justas, igualmente olímpicas, pero que se llevan a cabo cual si fueran actividades vacacionales, con deportistas cuyos cuerpos no revelan ardua disciplina ni sacrificios y cuyos atuendos deportivos tienen un aspecto turístico semejante al de los espectadores (aunque, eso sí, diseñados por marcas “de alto rendimiento”).

A mi parecer, no emociona saber que alguien reduce unas centésimas de segundo un récord pasado (eso lo sabrán los sofisticados relojes); lo que nos atrae tanto de una Olimpiada es contemplar la seriedad, disciplina y compromiso de los competidores, quienes han invertido tanto esfuerzo, concentración y –sobre todo– constancia para desarrollar actividades aparentemente inútiles o intrascendentes, como saltar de un trampolín al agua, recorrer la piscina de un lado al otro, correr endemoniadamente, lanzar una bola de metal al pasto, dar unas audaces maromas, levantar muchos kilos, acertar un objeto en alguna diana o portería, etc.

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Encendido del pebetero. Foto: Cortesía Facebook

Y asunto aparte son los deportes que incorporan alguna “apreciación artística”. Aunque cumplan requerimientos técnicos y ciertos códigos y criterios a calificar, en tales disciplinas el todo es más que la suma de sus partes, por lo que, en sus exhibiciones memorables, el orden de las medallas –o incluso el si alguien “ganó algo”– no es lo que importa o lo que suela quedar para la posteridad.

¿Compiten también las zapatillas, la telas y diseños de los uniformes, las raquetas, las ruedas de las bicicletas?

En los Juegos Olímpicos, a saber, todavía no entran las carreras de autos (con sus flamantes escuderías y proezas de ingeniería); imagino que, asimismo, tendrían que hacer unas olimpiadas aparte cuando busquen poner a competir a robots o a entidades tecnológicas. En lo que respecta a los deportistas portadores de aditamentos, desconozco si, ya en el torneo, el Comité Olímpico provea a los competidores de una misma disciplina de un idéntico uniforme –salvo por la talla quizás–, así como el mismo tipo de zapatillas, cachuchas, raquetas, tablas, etc., o si cada competidor se vea limitado al apoyo tecnológico que pueda conseguir o financiarse.

De no ser el caso, y a menos que fueran como las indígenas Tarahumaras que gustan de corren descalzas (¿los tenis las limitarán o estorbarán? ¿Las marcas deportivas las obligarán alguna vez a usar sus zapatillas?), ciertas ventajas de los competidores podrían adjudicarse, con justa razón, a los diseños o a los soportes tecnológicos a disposición, lo que implicaría una ventaja adicional para los países y federaciones deportivas que puedan incorporar novedosas tecnologías en su presupuesto.

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Recorte del póster oficial. Foto: Cortesía Facebook

Deportes paralímpicos

A pesar de que los llamados Juegos Paralímpicos no atraigan tanto los reflectores, los atletas con capacidades diferentes bien podrían entusiasmarnos igual o incluso más que los atletas comunes (aunque a los niños y a las familias en general, así como a los anunciantes, no les resulte glamoroso identificarse con un héroe de capacidades diferentes), pero si uno llega a sorprenderse cuando algún vendedor sin piernas se sube al vagón del metro a ofrecer sus mercancías, da vértigo imaginar la voluntad requerida, para alguien con un aparente desasosiego, el tener que atravesar el víacrucis de todas las instancias y burocracias, más los traslados respectivos, que implica alcanzar dichos torneos.

He advertido, además, que cada vez más jugadores paralímpicos portan prótesis, lo que irremediablemente lleva a pensar en futuras entidades tipo cíborgs. Para una competencia justa, ¿los que compiten de esta manera tienen simultáneamente el mismo diseño y marca de prótesis? Porque estas competencias, independientemente de la admirable voluntad y esfuerzo del deportista con “desventaja natural”, evidenciaría aún más el asunto mencionado anteriormente respecto a las ventajas tecnológicas (y desventajas económicas) involucradas en los tenis, uniformes, raquetas, etc.

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Fanático de Japón. Foto: Cortesía Facebook

Estos atletas y deportistas híbridos, ¿supondrán contradicciones en lo que refiere a las potencialidades plenamente humanas? Si fuera así, una mejor opción sería, a mi parecer, inventar deportes especialmente pensados para personas con capacidades diferentes, para que los humanos en general nos asombráramos de cómo, en dichos deportistas, las demás capacidades que se han potenciado en ellos para compensar la discapacidad pudieran exhibir sus sorprendentes posibilidades.

Un ejemplo: en vez de poner a los deportistas paralímpicos a jugar basquetbol con silla de ruedas, habría de desarrollarse un deporte sin gravedad para que no nos fijemos tanto en las limitaciones de sus piernas, sino en cómo utilizan las potencialidades que han desarrollado con sus demás músculos y articulaciones.

Igualmente, imaginemos lo interesante que sería contemplar, por ejemplo, competencias diseñadas para invidentes, en donde la tactilidad, la propiocepción y el oído fueran clave (por ejemplo, el rompimiento de piñata o, fuera de bromas, algo más disciplinado pero que evidencie sus asombrosas capacidades paralelas).

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Los paralímpicos inician el 28 de agosto Foto: Cortesía Facebook

En un futuro próximo, ¿las tecnologías en los deportes se considerarán como extensiones para potenciar las posibilidades del espíritu humano? En este caso, se correría el riesgo de gradualmente incorporar, cada vez con menos restricciones, otro tipo de “auxiliares para potenciar capacidades”; por ejemplo: chips integrados, modificaciones genéticas, suplementos alimenticios y drogas de diseño (las que legalmente libren el antidoping o que no sean detectados por el mismo).

Olimpiadas de las farmacéuticas y demás cárteles

Como suele manifestarse en todas las inauguraciones y clausuras de Juegos Olímpicos, la prioridad de estas competencias es enaltecer el espíritu humano y la justa competencia, de allí que se rehusen a incorporar componentes tecnológicos protagónicos así como a robots en dichos torneos. De igual manera, la participación de atletas y deportistas con estados de conciencia alterados por algún producto farmacéutico o de laboratorio supondría una encrucijada parecida a la del uso de tecnologías corporales de apoyo. Para estos casos todavía existe el control del antidoping.

Si alguna vez algún emprendedor lanzara la idea –si es que no existe ya– de unas “Olimpiadas de robots” o de unas “Olimpiadas para Cíborgs” (tipo Paralimpiadas, en tanto competirían personas con capacidades diferentes), tal vez se promovieran también en algún momento unas competencias de humanos cuya conciencia u organismo pudieran ser alterados por alguna sustancia o droga de diseño. Aunque requirieran asumirse bajo un amplio criterio, seguramente resultarían moralmente reprobables por algunos sectores y probablemente ni se llamarían Olimpiadas para no demeritar el espíritu tradicional de tales justas deportivas (de igual manera, tendrían que desarrollar deportes o competencias diferentes, para no limitarse a enfrentar “corredores con anfetas” o “futbolistas cocainómanos”).

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Medalla de oro en judo Foto: Cortesía Facebook

Obviamente, en esta última elucubración estamos ya fuera de la ética que supone la práctica sana de una actividad deportiva, pero imaginemos lo interesante –y para algunos, probablemente decadente al semejar un circo romano– que sería contemplar competencias en donde los atletas, en virtud de su conciencia alterada, llegaran de algún modo a ejercer proezas como flotar, despegar, desaparecer, aumentar de tamaño, disociarse, caer en picada o, acaso, a desarrollar una unificada conciencia colectiva al tratarse de actividades en equipo… (En una de esas, a como se mueve el mundo, a lo mejor ya hemos visto competencias por el estilo y ni nos hemos enterado).

 

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