Mara Romero

MARA ROMERO: LA LETRA QUE REDIME EN MEDIO DEL ENCIERRO

“Yo no conozco inocentes. Conozco inocentes circunstanciales”, dice sin romantizar. Y sin embargo, sabe que el arte, la educación y la empatía pueden abrir un resquicio de luz en el túnel más oscuro.

Ciudad de México, 18 de julio (MaremotoM).- Desde hace casi dos décadas, Mara Romero ha sido testigo cercana de una realidad muchas veces invisibilizada: la vida de las mujeres privadas de la libertad en el Cerezo de Ciudad Obregón. Con un temple que conmueve y una pasión que desarma, esta escritora y activista decidió volver a las letras no solo como forma de expresión, sino como acto de sanación y resistencia.

Los relatos de Mara Romero, en la línea salvaje del realismo trágico, son un estrangulamiento y una pesadilla. Los personajes — mujeres en su mayoría — que habitan estas historias viven intoxicados por la violencia, el resentimiento y la fractura existencial, arrastran con sus miedos los recuerdos filosos de la violación sexual que soportaron desde la infancia, el balazo en el cuerpo desprotegido o el golpe brutal en el vientre, la boca, la memoria.

Navaja verde o negra ofrece una serie de relatos secos, implacables, sobre prostitutas seducidas por la muerte, drogadictos que vagan en el sueño sangriento, madres que se marchitan en las cárceles, muchachas deformes que platican con las ratas. Los cuentos rebasan las pretensiones del realismo sucio y gracias a una escritura contundente revelan los abismos de las reclusas, sus amantes, familiares o amigos, seres rotos por el delito y la pobreza.

Mara Romero
Editó Suma. Foto: Cortesía

En estas historias — extraídas del norte de este México bárbaro — no hay amor, piedad ni esperanza; la escritura de la autora hace visible sin falsos artificios la amargura, el horror y la caída; destaca por su profundidad en el trazo de mujeres marginadas cuyas pasiones son dictadas por la mordedura violenta de los desposeídos a través de una pluma de podrida ternura.

“Yo había dejado de escribir hace años y no tenía la menor intención de regresar”, confiesa Romero. Fue la realidad cruda del encierro —y la acumulación de historias no contadas— lo que la impulsó a crear un libro de cuentos literarios que nace del dolor, pero también de la búsqueda de justicia simbólica.

Mara Romero
Romero no “cazó historias”. Ella estuvo allí. Foto: Cortesía

Romero no “cazó historias”. Ella estuvo allí. Las vivió, las escuchó, las sostuvo. Como fundadora del proyecto La Letra Escarlata, un espacio cultural, educativo y emocional dentro del penal, ha transformado la vida de muchas internas a través de la danza, la poesía, la música y el estudio universitario. Su iniciativa es única: “Tenemos el único ballet penitenciario conformado por mujeres privadas de la libertad en América Latina”, afirma con orgullo.

No todo ha sido poesía. Romero denuncia una transformación dramática en el perfil de las mujeres internas: más jóvenes, más adictas, más violentadas. “Ahora no solo acompañan a los capos, ya son competencia. Vienen dañadas desde los 12 años. Y lo más trágico es que se recuperan físicamente, pero no de la cabeza”, relata. El consumo de cristal, la falta de programas de desintoxicación y la ausencia de un sistema de salud mental robusto hacen que el ciclo de destrucción se repita.

La literatura para Romero ha sido un exorcismo. “Con todo el coraje y la impotencia, lo dejé en la tinta”, dice sobre los relatos que integran el libro. Historias que sacuden por su crudeza y por su autenticidad, narradas desde la voz de quienes pocas veces son escuchadas. “No fui a cazar historias. Estoy hablando por ellas. Así hablan. Así viven. Así sienten.”

Mara Romero
Su lucha también ha sido por la dignidad. Foto: Cortesía

Su lucha también ha sido por la dignidad. La dignidad de quienes no solo cometieron errores, sino que nunca tuvieron alternativas. “¿Cómo puedes explicarte que estudiar tenga un costo en la cárcel?”, se pregunta con indignación. Gracias a su trabajo incansable, hoy siete internas cursan estudios universitarios con becas privadas, hay talleres de hip hop, yoga y salud mental, y el ballet penitenciario se prepara para bailar fuera del penal.

“Yo no conozco inocentes. Conozco inocentes circunstanciales”, dice sin romantizar. Y sin embargo, sabe que el arte, la educación y la empatía pueden abrir un resquicio de luz en el túnel más oscuro.

Con Navaja verde o negra (Suma), Romero no solo escribe un libro. Abre un abismo. Invita a mirar con otros ojos, a entender que en la raíz del delito también hay fractura social, pobreza, abandono, trauma. “El sistema penitenciario no va a cambiar solo, pero quizás las que están estudiando derecho aquí dentro sean las que logren reformarlo desde adentro”, sueña en voz alta.

Su testimonio es más que una denuncia: es una llamada urgente a la compasión activa. A mirar de frente, a dejar de juzgar sin entender. “Yo no trabajo tan duro por ellas. Trabajo porque estoy preocupada por Obregón”, concluye con firmeza.

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