Diego Maradona

MARADONA ETERNO

Diego, a casi cinco años de su muerte, está más vivo que nunca y el mundo no lo olvida, sabe que está sentado a la derecha de Dios, en el sitio que le corresponde.

Ciudad de México, 30 de octubre (MaremotoM).-Hoy cumpliría 65 años el futbolista más grande de la historia, un mago con la pelota y un rebelde con causa, que nunca se dio por vencido y nunca se olvidó de donde venía. Tanto que alguna vez definió su Villa Fiorito natal como un “barrio privado” y después aclaró “Privado de agua, privado de luz, privado de asfalto”. Donde el único entretenimiento era una pelota y los potreros fueron su escuela de vida.

Diego Armando Maradona pasó de la letrina de su casa a los baños de Kuwait con canillas de oro, de su único pantalón de corderoy, que también usaba para salir en verano a vestirse de los modistos más caros del mundo y del desprecio de mucha gente al amor eterno de un pueblo que no lo olvida, porque lo siente como un Dios, que según Eduardo Galeano era “el más humano de los Dioses” y así lo explicó: “Maradona se convirtió en una suerte de Dios sucio, el más humano de los dioses. Eso quizás explica la veneración universal que él conquistó, más que ningún otro jugador. Un Dios sucio que se nos parece: mujeriego, parlanchín, borrachín, tragón, irresponsable, mentiroso, fanfarrón”.

Según el profesor Fernando Signorini, quizás uno de los que más lo conoció: “Con Diego yo iba hasta el fin del Mundo, con Maradona  ni a la esquina. Diego era tierno, solidario, simpático, vivo, un ser entrañable, Maradona en cambio era soberbio y fanfarrón”, lo mismo considera el gran periodista Ernesto Cherquis Bialo: “No hay un solo Maradona, hay un montón, el  pelusa de Fiorito que no olvida su infancia, el buen hijo y buen padre de sus hijas, pero que por muchos años no reconoció a sus otros hijos. El que se ponía la presión al hombro en cada partido y el que necesitaba drogarse para seguir viviendo. Cuál es el verdadero Maradona, yo creo que todos”.

Diego Maradona
Diego Eterno. Foto: Cortesía

Quien esto escribe tuvo la suerte de ser el encargado de escribir sus columnas en el Diario Tiempo Argentino, en su mejor momento, durante el Mundial de México 1986 y allí conoció varias caras de ese Maradona, el que lo despreció al principio porque no lo conocía, el que confió cuando su madre la Tota le dijo “Dieguito que bien escribís”, el que se emocionaba cuando hablaba de su familia y de su país; el que veía los partidos antes de jugarlos y el que necesitaba tener una corte detrás, para sentirse importante. También vi al futbolista más grande del mundo hacer maravillas con la pelota y el gol más grande de la historia de los Mundiales. El del “barrilete cósmico” según el maravilloso relato de Víctor Hugo Morales.

Muchos lo comparan con Lionel Messi, otro jugador extraordinario encargado de romper todos los récords estadísticos y Maradona que lo dirigió en el Mundial de Sudáfrica 2010 dijo que Leo hacía cosas que él no podía hacer y que “corría más rápido con la pelota en sus pies, que sin la pelota”, pero aunque la comparación es odiosa, Messi no tiene el poder de liderazgo que tenía Diego y siempre trató de ser un tipo correcto. “Un buen yerno” como lo definió el expresidente de F.I.F.A., Josepp Blatter.

En cambio Diego fue todo lo contrario, nunca se cayó la boca ante una injusticia, defendió todas las causas que pensó que eran correctas, sin medir las consecuencias y fue el primer hincha de cada deportista o artista argentino que competía internacionalmente. Messi nunca hubiera dicho: “Yo me equivoqué, pero la pelota no se mancha”.

Diego, a casi cinco años de su muerte, está más vivo que nunca y el mundo no lo olvida, sabe que está sentado a la derecha de Dios, en el sitio que le corresponde.

 

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