Marina Azahua

MARINA AZAHUA Y EL ARTE DE ESCRIBIR LA MUERTE Y LA AGONÍA

En esa frase habita la esencia de su obra: un acto de cuidado, un gesto de amor hacia la memoria, hacia el duelo, hacia lo que ya no está pero persiste en nosotros. Archivo agonía no solo es una novela sobre la muerte. Es, en su más honda raíz, una novela sobre cómo vivir, incluso cuando ya no hay nada que decir.

Ciudad de México, 25 de julio (MaremotoM).- En el centro de la mesa hay un ejemplar de Archivo agonía, la nueva novela de Marina Azahua, escritora, editora y pensadora que, desde hace tiempo, ha venido ocupando un lugar cada vez más sólido en la literatura mexicana contemporánea. Es un libro de bordes difusos, una novela-ensayo, una elegía epistolar disfrazada de ficción, que parte de una premisa difícil: ¿cómo narrar la agonía sin romantizarla ni reducirla al silencio?

La cita es virtual, pero la conversación tiene la densidad y el cuidado de una sobremesa larga. Al otro lado de la pantalla, Marina no esquiva temas: habla de la muerte como quien ha aprendido a mirarla sin horror, pero también sin resignación.

“La agonía tenía rituales. Los tenía en muchas culturas del mundo, pero en esta versión urbanizada y secular del mundo occidental, esos rituales se han perdido”, dice con calma. “La vida también ha perdido sus rituales. Resistimos al rito porque lo asociamos con lo religioso, pero al hacerlo también perdimos formas de sostenernos como comunidad.”

Marina Azahua
Archivo agonía está editado por Sexto Piso. Foto: Cortesía

Archivo agonía, publicada por Sexto Piso, es un viaje interior hacia los márgenes de la pérdida, pero también una crítica sutil a cómo, en el mundo contemporáneo, la muerte se ha convertido en tabú, en algo que debemos superar rápido, esconder, maquillar. “Incluso la literatura ha comenzado a desestimar el dolor, lo ha hecho a veces ilegible”, comenta Azahua.

La novela se construye como un diálogo entre R., un personaje devastado por la muerte de su pareja Edith, y Gabriel, un editor al que R. le suplica publicar el archivo que Edith dejó: sus escritos, sus cuadernos, sus “canarios”, como ella los llamaba. Cada carta de R. es un intento de atravesar el duelo no para superarlo, sino para habitarlo.

“Los canarios son esas especies centinela que detectan el riesgo antes de que el daño nos alcance. Edith llamaba así a sus textos, como una forma de alerta, de resistencia ante la muerte”, explica Marina. “La novela también es eso: una colección de agonías, una forma de mirar esos momentos de tránsito donde la vida y la muerte se rozan”.

Entre esas agonías se cruzan referencias visuales y simbólicas: un monje que se inmola, una niña atrapada tras un sismo, un hombre que se arroja al metro. Y todo está acompañado de una potente simbología mesoamericana: en la portada aparecen dos figuras inspiradas en el dios Xipe Tótec, imagen del renacimiento y de la muerte como principio cíclico.

Marina Azahua
Para Azahua, la literatura no tiene por qué seguir reglas fijas. Foto: Cortesía

“El maíz necesita morir para volver a crecer. Ese dios me parecía perfecto para sintetizar esa tensión: para que haya vida, debe haber muerte. La portada no muestra cuerpos cayendo de las Torres Gemelas, como viste, pero me encantó esa lectura. La agonía está en todas partes.”

Marina habla también de su propia historia: una infancia marcada por la conciencia de la muerte, por la imposibilidad de evitarla. Recuerda con precisión el momento en que vio morir a un gatito, con seis años, y cómo eso la marcó para siempre. “Fue la primera vez que entendí que no siempre se puede intervenir, que hay momentos que simplemente llegan”.

También recuerda otra escena, muchos años después: acompañando la muerte de sus abuelos, en un acto de presencia casi militante. “Fue una decisión consciente: estar ahí, a pesar del dolor, a pesar del miedo. Porque me parecía inconcebible priorizar mi incomodidad por encima de estar con ellos.”

Esa ética de la presencia, del acompañamiento, es la columna vertebral de la novela, y también de su pensamiento. La muerte, dice Azahua, no debe ser enemiga, sino parte del devenir. “Cuando hablo de aceptar la muerte, hablo de la muerte natural. No de la muerte violenta, ni de la muerte injusta, que son otra cosa completamente distinta. Pero la muerte al final de una vida larga, sí, esa no debería asustarnos tanto.”

Además de escritora, Marina Azahua es editora de Ediciones Antílope. Su doble oficio la ha vuelto aguda a la hora de pensar en el lector, en la estructura, en la construcción del arco emocional de los personajes. “Como editora pienso mucho en qué va a sentir el lector en cada momento. En esta novela, era importante que sintieras empatía por R., pero también que te desesperara. Porque eso le da más fuerza al final.”

Archivo agonía no es solo una historia sobre el dolor. Es también una historia sobre cómo el dolor se organiza, se escribe, se vuelve forma. “Esta novela no nació como novela. En algún momento aparecieron los personajes y ellos tomaron el control. La forma la pidió el libro mismo.”

Para Azahua, la literatura no tiene por qué seguir reglas fijas. “Hay nuevas formas de lectura y también nuevas formas de escritura. Nos cuesta aceptarlo, porque estamos aferrados a los géneros, a la idea de lo que debe ser un ensayo o una novela, pero hay libros que se escriben desde otra lógica. Este, por ejemplo, es un ensayo disfrazado de novela”.

¿Y por qué contar esta historia así, a través de cartas? “Porque yo escribo cartas. Siempre lo he hecho. Me escribía con mi abuela por correo, nos mandábamos cartas larguísimas. Entonces, al escribir este libro, me di cuenta de que ese ritmo, esa intimidad, me resultaba muy natural.”

“Tengamos o no tengamos hijos, participamos del fluir de la vida. Lo importante es cómo nos relacionamos con los cuidados, con los otros, con la comunidad. Cuando los cuidados se rompen, cuando dejamos de estar, vienen las guerras, viene el horror, pero incluso en medio de la guerra, surgen formas de solidaridad.”

En esa frase habita la esencia de su obra: un acto de cuidado, un gesto de amor hacia la memoria, hacia el duelo, hacia lo que ya no está pero persiste en nosotros. Archivo agonía no solo es una novela sobre la muerte. Es, en su más honda raíz, una novela sobre cómo vivir, incluso cuando ya no hay nada que decir.

Comments are closed.