Creo que ese prototipo de la literatura latinoamericana se ha ido desvaneciendo. El crack, que surgió a mediados de los noventa, ellos sí estaban muy impregnados del boom. Yo los leía encantada, siempre me gustaron mucho Jorge Volpi, Ignacio Padilla, Eloy Urroz… El caso de Cristina Rivera Garza creo que está totalmente fuera del boom y del crack. Ella ha creado un estilo súper personal y ese debería ser el esfuerzo de un escritor, de crear su propio mundo, su propio lenguaje, de salirse de lo habitual, del estereotipo y de todas estas cosas.
Ciudad de México, 23 de abril (MaremotoM).- Para la escritora Evelina Gil, más conocida como Eve, una estudiante del boom literario, movimiento al que acusa al no poner mujeres en sus filas, el recientemente fallecido Mario Vargas Llosa es uno de sus escritores favoritos y considera que está entre los primeros 10 de su cabecera.
Eve ha escrito recientemente Las calladas del boom (NitroPress) y en una entrevista que le hiciéramos para la Casa Universitaria del Libro (CASUL), contó entre otras cosas que el libro nació en 1991, cuando siendo estudiante de literatura, la autora se impuso la desmesurada empresa de enmendar una injusticia histórica: la total ausencia de mujeres en el boom latinoamericano y en los programas de estudios de Letras Hispánicas en Latinoamérica y España.
Evelina Gil, “La Eve”, nació el 22 de septiembre de 1968 en una casa embrujada de la calle Revolución en Hermosillo, Sonora y es autora de una veintena de títulos de novela, relato y ensayo, entre otros, El suplicio de Adán, Réquiem por una muñeca rota, La reina baila hasta morir, Virtus, el espectáculo más grande del mundo y la trilogía de “realismo mángiko” Shoshan y la dama oscura (adaptada al cine por Carlos Preciado Cid), Tinta violeta y Doncella roja. Es autora también de La nueva ciudad de las damas y Evaporadas, las chicas malas de la literatura.
“Considero que hubo una temporada, digamos entre los años 50, 60, 70, más o menos, en el que efectivamente el boom acaparó todo el mercado internacional, eran los únicos autores que se interesaban por traducir Y eso le hizo un grave daño a la literatura latinoamericana, especialmente, porque empezó a crearse como un cliché de que todos los escritores latinoamericanos escribían de determinada forma y que todos eran así como de realismo mágico.

–Fue la literatura como paisaje
–Obviamente dejó de lado a muchos autores muy importantes que en ese momento no pertenecían al boom, ya con los años la misma academia los ha incorporado al boom, pero en términos reales, Jorge Luis Borges por ejemplo, no tuvo las ventajas que tuvieron esos autores, ni tampoco Juan Rulfo, ni Juan Carlos Onetti. Hubo muchos que estaban por fuera del boom totalmente, que les benefició un poco, sí, claro empezaron a llamar la atención, pero no llegó al grado que llegaron los autores institucionales. Uno de ellos se vio bastante perjudicado que fue José Donoso.
–¿No sientes que esos mecanismos del boom se traspasaron a lo largo de la historia de la literatura?
–Creo que ese prototipo de la literatura latinoamericana se ha ido desvaneciendo. El crack, que surgió a mediados de los noventa, ellos sí estaban muy impregnados del boom. Yo los leía encantada, siempre me gustaron mucho Jorge Volpi, Ignacio Padilla, Eloy Urroz… El caso de Cristina Rivera Garza creo que está totalmente fuera del boom y del crack. Ella ha creado un estilo súper personal y ese debería ser el esfuerzo de un escritor, de crear su propio mundo, su propio lenguaje, de salirse de lo habitual, del estereotipo y de todas estas cosas.

–Sí, lo veo mucho con Alberto Chimal, por ejemplo, siempre ha mantenido su propio estilo, a pesar de las modas
–Sí. Luego, con el fenómeno de la globalización y todo lo que estamos viviendo ahorita, pues ya sería casi imposible pedir otro boom, otro grupo de escritores que escriba, que tenga los mismos intereses estéticos, ya no se puede. Además, a la gente le daría un poco de flojera consumir algo que esté repetido. Ya hay demasiado sobre lo que escribir y muchos géneros ampliados y sobre todo ahora que mencionabas el terror, efectivamente, hasta yo quisiera escribir un libro de terror. Estamos muy entusiasmados con ese género, tanto en el cine como en la literatura.
–¿Qué piensas de Mario Vargas Llosa?
–Tuve el gusto de entrevistarlo, lo entrevisté tres veces, recuerdo que la primera vez que lo hice había tanta gente encima de él que no me pudo firmar un libro, no me acuerdo qué libro era. Y me fui a mi casa sin mi autógrafo. Y el segundo sí me lo firmó y el tercero ya fue por el Premio Nobel, que fue una entrevista vía satélite y nos sortearon a todos los reporteros y quedé sorteada. Siempre fue una persona muy cálida, siempre respondió a mis preguntas con mucha honradez. Recuerdo que me dio las gracias por no hacerle preguntas de política, que no ha sido el único, hay otros autores que me han dado las gracias por exactamente lo mismo, porque a mí no me gusta mezclar la política con la literatura. Me pareció un caballero, un tipo gentil, con las personas que insistían en meterse con sus ideas políticas, era bastante tolerable. Nunca lo había enojado. Como persona que podría decir, bueno, me cayó bien, a simple aviso, por lo poco que lo traté, como todos los seres humanos, tiene su lado amable y tiene su lado oscuro. Para el segundo libro que estoy escribiendo, tuve que investigar la vida de todos los involucrados en el boom. Y Mario Vargas Llosa no era realmente una mala persona, pero sí tenía una cuestión que lo perdía mucho, que era enamorarse con mucha facilidad y provocó mucho daño a las mujeres que lo amaban. Él se enamoraba de una y dejaba a la esposa en turno y se iba dos, tres meses con la otra y regresaba con Patricia. Patricia en este caso, porque a Julia también le hacía cosas parecidas. Y estas mujeres toleraban demasiado. Lo que me llama mucho la atención, tanto de Julia como de Patricia, es que eran mujeres muy inteligentes, no eran tontas. La gente tiende a verlas como, ah, mira, esta pobrecita tontita, ¿cómo le aguantó a Vargas Llosa? No, eran mujeres muy estudiadas y muy talentosas y particularmente Julia resultó ser una gran escritora, además. Y bueno, ya sus últimos días, esta novela rosa de Isabel Presley y todo eso, que sí me da un poco de risa porque él cayó en lo que más criticaba porque él era un acérrimo odiador de la revista Hola! y terminó engalanando sus páginas.

–¿Desde el punto de vista literario?
–Desde el punto de vista literario, él siempre fue uno de mis autores favoritos. Su literatura es muy llegadora. Está muy impregnada de su ideología, pero trato de que eso no me estorbe. Como ensayista es uno de los mejores del mundo y La orilla perpetua es uno de los mejores que escribió. Es una verdadera joya ese libro. Porque no solamente se mete en el universo de Madame Bovary, de Gustave Flaubert, sino de la época en la que fue escrita y descubre un montón de cosas que los que ya leímos la novela no teníamos idea de que habían sucedido alrededor de este libro. Está dentro de mis 10 autores de cabecera y de los autores del boom es el que más me gusta.











